Evaluar y replantear el Mercosur
Enrique Rubio
Han transcurrido diez años desde el lanzamiento del proceso de integración regional. En este lapso se ha acumulado una rica experiencia en esta materia, circunstancia que invita a detenernos para una reflexión sobre ella.
El Mercosur fue una decisión trascendente. Por eso, a la hora de emitir juicios de valor, nuestra actitud debe ser cuidadosa. Desde este punto de vista nos resulta sorprendente escuchar a personas con altas investiduras como el doctor Luis A. Lacalle, líder de una importante fuerza política integrante de la coalición de gobierno, hablar de la necesidad de realizar una pausa en nuestra integración al Mercosur, o advertir la reacción de nuestro ministro de Industria, doctor Sergio Abreu, quien ante las recientes medidas argentinas, manifiesta que es preferible que el país quede en libertad de acción en un área de libre comercio. O las oscilantes manifestaciones del señor presidente de la República, doctor Jorge Batllez, que un día parece dispuesto a cambiar el Mercosur por un acuerdo bilateral con los EEUU y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, ya sea en el marco del ALCA o fuera de él, y otro día parece dispuesto a fortalecer el Mercosur. Al parecer, a diez años del Mercosur aún resuena la aseveración del ingeniero Alejandro Végh Villegas cuando sintetizaba su aversión al proyecto diciendo: «No debemos integrarnos con los menesterosos».
Los diagnósticos pueden ser cansadores. Sin embargo, para realizar una evaluación meditada, es necesaria una mirada retrospectiva.
En la situación internacional, hace diez años sobresalían los siguientes temas:
a) Tras la consolidación de la Unión Europea, había una clara orientación internacional favorable a la constitución de bloques económicos.
b) Argentina y Brasil tenían decisión adoptada de integrar sus economías, aunque aún no habían establecido el marco legal.
c) México, EEUU y Canadá, desde el norte, avanzaban hacia la conformación de otro bloque, sin perjuicio de la aspiración manifiesta de EEUU de concretar la integración americana bajo su égida.
d) Nuestro país venía transitando por un proceso de apertura económica indiscriminada y unilateral. Lo primero porque había reducido simultáneamente aranceles y el tipo de cambio, lo cual no permitía indicar preferencias hacia países o productos. Lo segundo porque no negociaba la apertura del mercado como es práctica corriente en el comercio internacional.
En este contexto, desde la izquierda uruguaya fuimos a la integración cargados de aspiraciones y de reparos.
Aspirábamos a que el país no quedara marginado del comercio regional, destino de buena parte de nuestras exportaciones. Porque nadie puede desconocer que siendo Argentina y Uruguay, en buena medida economías complementarias de Brasil, el quedar fuera del acuerdo hubiera determinado que la producción argentina desplazaría a la nuestra desde el momento que ingresaría a Brasil sin arancel.
Aspirábamos también a conformar una región que se fortaleciera internamente, partiendo de la mayor integración comercial para luego seguir ascendiendo peldaños hacia una verdadera integración económica, por la vía de acuerdos productivos, desarrollos zonales, división productiva, coordinación de políticas económicas, sociales, culturales y tecnológicas.
Finalmente, aspirábamos a terminar con la apertura indiscriminada para sustituirla por una apertura selectiva hacia la región y, asimismo, terminar con la apertura unilateral hacia el mundo en tanto el bloque se dotara de una protección razonable que lo fortaleciese para la competencia hacia afuera. Luego el bloque, desde un posicionamiento más fuerte, y con mayor fuerza política, podría negociar grados de apertura con la Unión Europea, EEUU y el resto de los países.
Por otra parte teníamos reparos, porque dentro de cada uno de los cuatro países signatarios había dos formas de entender el Mercosur. La postura neoliberal concebía el Mercosur como un instrumento al servicio de la más rápida y conjunta apertura al exterior, exaltando las bondades de la apertura y ridiculizando los perjuicios de la protección en vez de reparar en los niveles razonables de apertura y protección que cimentasen el desarrollo de estos países. Para la óptica neoliberal lo importante era que la integración fuese exclusivamente comercial y que el Arancel Externo Común fuese lo más bajo posible.
A pesar de que la aplicación del Mercosur ha introducido muchos cambios, la experiencia no ha servido para acercar las muy diferentes posiciones políticas, económicas e ideológicas acerca de cómo concebir un proceso de integración. En efecto, luego de diez años constatamos que en nuestro país, hoy estamos discutiendo muchos de los mismos temas que estaban planteados en el momento inicial.
El Mercosur se concretó a través de un acuerdo sobre objetivos claros aunque limitados y sobre plazos razonables para transitar hacia ellos. Pese a los escépticos, los objetivos se fueron cumpliendo en los plazos acordados sorteando las naturales dificultades que fueron presentándose. En tal sentido, el proceso de integración puede considerarse eficaz.
Actualmente, ha plasmado en el funcionamiento de una zona de libre comercio; el intercambio de bienes está libre de aranceles. Rige, también, una lista acordada de aranceles para la casi totalidad de los rubros importados de fuera de los países a los cuatro firmantes del Tratado. Esto último es lo que se denomina Arancel Externo Común; su máximo nivel, que era del 20% al comienzo, fue elevado posteriormente al 23% en el mes de noviembre del año 1997. Entre los principales temas pendientes está la implementación de un sistema de coordinación de políticas macroeconómicas.
Si nos atenemos a los flujos de comercio, las cifras indican un crecimiento acelerado del intercambio recíproco. O sea que a nivel global, la suma de importaciones y exportaciones mostró un gran aumento en el transcurso de la década, lo que podría interpretarse como sinónimo de éxito comercial obtenido con el Tratado. Sin embargo, una mirada más detenida sobre los niveles de intercambio nos revela que dichos crecimientos no son homogéneos. Entre 1991 y 1994 crecieron enormemente las exportaciones desde Brasil hacia Argentina, mientras que entre 1995 y 1998 quienes tuvieron ese desempeño fueron las exportaciones de Argentina hacia Brasil. Desde 1999 se dice que el Mercosur está estancado. Entonces, ¿qué fue lo que realmente explicó el referido crecimiento? ¿La reducción arancelaria o las disparidades cambiarias? A nuestro entender los números están probando que estas últimas fueron muy determinantes de lo acontecido. Demuestran también que para avanzar hacia formas más genuinas de integración será insoslayable seguir el camino de la coordinación de políticas macroeconómicas, tal como ocurrió en la Unión Europea. Pero es en este terreno donde inciden las distintas concepciones. En la vereda de enfrente, una corriente se considera satisfecha con la zona de libre comercio e insiste en avanzar sólo en la coordinación de políticas fiscales; esta visión encuentra un gran obstáculo en la concepción industrialista de Brasil.
Por nuestra parte, nos gustaría ver un Mercosur coordinado no sólo en políticas fiscales sino en políticas productivas. También nos gustaría revisar el arancel externo común, cuyo nivel inicial y también el corregido, respondió a una transacción entre las dos posiciones antedichas, y los hechos están demostrando que la región requie
re un nivel más elevado de protección (que debe incluir un escalonamiento para favorecer la importación de materias primas, insumos intermedios y bienes de capital, y castigar la importación de bienes de consumo final).
En nuestra opinión, hubo desvíos –atribuibles a cierto dogmatismo ideológico– que interfirieron en el proceso de integración y en cierta medida marcaron su tónica. Por tal causa la experiencia no fue todo lo exitosa como pudo ser, pero está lejos de constituir un tiempo perdido.
Sin perjuicio de lo limitado que fueron los objetivos de partida, el proceso vivido nos mostró la potencialidad de un proceso de convergencia regional. A pesar de las interrogantes de la coyuntura respecto a los pasos dados por la República Argentina, hoy estamos en el tiempo de replantear el rumbo para corregir desvíos, superar errores y continuar avanzando, sin prisa pero sin pausa, hacia la integración que el país necesita.
* Senador del EP-FA.
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