EDITORIAL

Hacia acuerdos interpartidarios

Por fin, los buenos propósitos enunciados por el gobierno electo ­que fueran bienvenidos por la oposición­ en lo que tiene que ver con acuerdos interpartidarios sobre cuatro grandes áreas parecen concretarse. Ya se han realizado las primeras reuniones formales entre delegados o representantes de los cuatro partidos con representación parlamentaria, lo que resulta por demás auspicioso cuando ello ocurre en plena siesta estival, ese paréntesis en la actividad que los uruguayos estamos acostumbrados a respetar.

De esas cuatro grandes áreas sobre las que se busca lograr entendimiento (educación, energía, seguridad y medio ambiente) hay una ­la educación­, en la que pueden preverse discusiones interminables ya que se trata de un tema especialmente polémico, en el que se aúnan conceptos tales como proyecto de país, fines de la educación, autonomía, cogobierno y programas; casi nada. No obstante, no es imposible llegar al diseño de una política pública que concite un relativo consenso y que nos permita despegar saliendo del atolladero en que se halla nada menos que la formación de niños y jóvenes.

Otro tema que promete un debate de ideas interesante y que, al igual que la educación, desvela a toda la sociedad es lo relativo a los problemas de seguridad, o quizás habría que hablar de falta de seguridad. En este delicado asunto habrán de confrontarse posturas ideológicas encontradas, a partir de las cuales se esbozan tanto el diagnóstico como la etiología y la terapéutica.

En este asunto puntual, creemos que hay que tratar de minimizar las diferentes posturas, soslayar casi los disensos filosóficos, de modo de llegar a definiciones claras para responder a la legítima alarma de las gentes que se sienten desprotegidas. Pero esta respuesta inmediata, que trata de atender el clamor popular, no puede convertirse en la única respuesta al problema. En efecto, de nada vale brindar más seguridad a la población si no se atacan las causas del auge de la delincuencia. De lo contrario, actuaríamos como quien pretende combatir las hormigas que devoran sus plantas a pisotones. Es preciso establecer claramente la etiología del problema e ir al combate directo contra la usina generadora de delincuencia, lo que equivale a una tarea titánica (pero no por ello imposible) que se vincula con la creación de fuentes de trabajo y con una asistencia social que involucre a sociólogos, psicólogos sociales, educadores.

Las otras áreas no parecen presentar dificultades para lograr acuerdos. El cuidado del medio ambiente y la necesidad de diversificar las fuentes energéticas no están en discusión. Tal vez surjan dificultades y diferencias en cuanto a la viabilidad de recurrir a la energía atómica, por ejemplo, pero tratándose de un asunto que a todos concierne, es posible prever que no haya dificultades en lograr acuerdos entre todos los partidos.

En definitiva, de lo que se trata es de ir al diálogo interpartidario con generosidad y sin preconceptos; sin rigideces ni ataduras a principio, que pueden soslayarse en pos del bien común. Es preciso una buena dosis de buena fe tanto de parte del gobierno como de la oposición; esto es, sentarse a la mesa de diálogo suponiendo, a priori, que el interlocutor también está actuando de buena fe y que pretende, patrióticamente, el bien del país.

Si así actúan los representantes de los diferentes partidos, podremos abrigar la esperanza de que el país se encamine por una senda de entendimiento que permitirá hacer del Uruguay un verdadero país de primera.

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