¿Por qué Chile viró a la derecha?

Una joven maestra con una bandera negra en señal de luto expresó desconsolada el pasado domingo a la noche ante la televisión internacional en la Plaza Baquedano, sitio de celebración de los santiaguinos, el sentimiento de dolor y el reproche a la ingratitud de aquellos chilenos que por un muy estrecho margen de votos han posibilitado el retorno de la derecha al poder. El bombardeo mediático de la derecha y la «cooptación» de prácticamente la totalidad de los comunicadores radiales y televisivos, la gestación de encuestas sesgadas sin rigor científico y una estrategia comunicacional destinada a aislar la imagen de la presidenta Bachelet como un ícono de probidad y éxito en contraposición a su coalición y partidos políticos, mal evaluados por esas encuestas y el natural desgaste que generan veinte años de gestión en el gobierno, le pasaron la cuenta a Eduardo Frei Ruiz Tagle, ex presidente de Chile, quien con enorme hidalguía, se puso sobre sus espaldas la responsabilidad de representar a todas las fuerzas políticas y sociales que no se venden a las fuerzas del mercado. Nadie pidió esa responsabilidad, salvo él ,con mucha humildad y en un momento crucial de la vida de Chile. De manera que al hacer un juicio de valor sobre Frei Ruiz Tagle habrá que sopesar las debilidades de otros, que no estuvieron a su altura para asumir la batalla hercúlea de enfrentar al poder económico y comunicacional más reaccionario de América Latina, que ahora intentará generar un eje conservador junto a los gobiernos encabezados por Alvaro Uribe en Colombia y el aprista Alan García, nuevo referente de la derecha populista y demagógica incaica, seguramente estrecho colaborador de los «halcones» chilenos. Ni un reproche saldrá de este análisis a la actitud de Frei, quien en sólo un mes, desde el fin de la primera vuelta y con tan solo un 29% logró remontar una diferencia superior a un millón de votos para definir la contienda frente a Piñera por tan solo 222.000 sufragios. Una suma superior a esta última cifra resultó ser la expresión de aquellos ciudadanos que en segunda vuelta decidieron anular su voto para manifestar su rechazo a los 20 años más exitosos en crecimiento económico, obras de infraestructura, desarrollo humano, salud, vivienda, transporte público ejemplo en América entera e inclusión social (…). Chile redujo la pobreza de un 40% a casi un 13% en este ciclo virtuoso y progresista que culmina el 10 de marzo de 2010 para esbozar sólo una variable que refleja el acceso de los más pobres al umbral de la Universidad por vez primera en la historia de este país. ¿Cómo explicar entonces el «pago» de Chile y en particular de este sector de chilenos de suyo «aspiracional» que sumido en la pobreza en 1990, adquirió capacidad de consumo, viviendas, un «Plan Auge» de salud que los convierte en ciudadanos con cobertura médica integral desde el sector público a ellos y a sus hijos y sin embargo adhieren con su voluntad a los cantos de sirena de la derecha? Una de las respuestas de fondo está la mercantilización de la educación, instrumento para liberar a los pueblos de su propio yugo y de la cultura de las clases dominantes. Fue demasiada exacerbada la contradicción de visiones sobre este bien durante los propios gobiernos progresistas para establecer una lógica que permitiera reponerla como un derecho de todos, pese a lo cual ha integrado dentro del mundo universitario al quintil más pobre de la sociedad trasandina. Un pueblo educado es menos permeable a la demagogia y a las tentaciones del mercado, propias de la hegemónica cultura global neo liberal. La otra gran piedra en el zapato de esta democracia ha sido la imposibilidad de reformar la constitución política heredada del régimen de Pinochet, por la obcecación de la derecha, que mantiene intacto un sistema binominal, reñido con un orden representativo, ecuánime, proporcional y que refleje todos los matices que se expresan en una sociedad moderna.

Muy modestamente nos permitimos afirmar también que el pecado capital cometido por la Concertación y el progresismo ­en particular durante estos últimos años de gestión de Michelle Bachelet­ ha sido no haber dispuesto de medios independientes (prensa, televisión, radio) ajenos al oligopolio que representan la prensa de la derecha para informar verazmente y comunicar la maciza gestión pública desde el advenimiento de la democracia. La mentira, la campaña sistemática y tendenciosa de los operadores de Piñera, propietario de su canal «Chilevisión» destinado a inocular farándula, morbo y desinformación, dirigido a sus acólitos, hoy constituidos en una nueva mayoría circunstancial en la que pululan desde fieles integrantes del Opus Dei, hasta acérrimos partidarios de Pinochet, ha sido el signo de estos tiempos. El amargo discurso y la permanente conspiración mediática del neo conservadurismo nostálgico y golpista contra el propio sistema democrático, le ha quitado a la presidenta, al gobierno y a los partidos políticos que la han sustentado hasta hoy, el talante, el piso y la determinación para marcar y determinar la hoja de ruta, la agenda política, el día a día y definir a favor de su coalición la continuidad del período más rutilante en la historia de Chile.

No ha sido Michelle Bachelet capaz de transferirle a su heredero político en estas elecciones 2010, su popularidad para triunfar en este acto, pues esa premisa de popularidad de casi un 80% de adhesión a su gestión la determinó la propia derecha política, sus encuestas y operadores; por tanto es ajena a la realidad. De lo contrario, el desencanto, la apatía y el rechazo a los logros no se hubieran reflejado en las urnas de una nación querida y hermana que viró circunstancialmente hacia la derecha. Finalmente, entre los factores coyunturales que explica esta derrota puede agregarse el incremento de desempleo en zonas muy sensibles y densamente pobladas como Valparaíso, Viña del Mar y Concepción en la Región del Bío­Bío durante el pasado año de crisis global. Allí, la coalición conservadora cautivó con su mensaje de creación de un millón de empleos y el compromiso de un crecimiento de 6% anual para la economía. Paradojalmente también, a pesar de haber sido el de Michelle Bachelet el gobierno más comprometido con la mujer y la equidad de géneros, su candidato recibió el pasado domingo la indiferencia femenina, pues sólo votaron a Eduardo Frei 1.070.000 mujeres recibiendo Sebastián Piñera en cambio un amplio respaldo femenino con más de 1.600.000 votos. Son variables y comportamientos en el que los cientistas políticos y sociológos con mayor propiedad seguramente abundarán en el futuro por la relevancia de Chile en el concierto mundial, gracias a la coalición que deja derrotada el poder. Ahora es tiempo de restañar heridas en la alicaída unidad de las fuerzas que conformaron hasta hoy el progresismo trasandino, transformando este serio revés para el progresismo latinoamericano en una oportunidad de reformulación programática, nuevos y jóvenes liderazgos, en particular de aquellos partidos que jugarán el rol opositor a los neo pinochetistas y se constituirán, de acuerdo a sus propios voceros, en guardianes de las conquistas alcanzadas hasta el presente.

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