Una batalla decisiva
Julio Matos
Fiel a sus prejuicios ideológicos la derecha vernácula insiste en su credo privatizador. Cerrando los ojos cree, torpemente, que suprime la realidad. Esa testaruda realidad que muestra, a quien sacuda la venda de su vista, qué lejos se puede llegar en el afán lastimoso por satisfacer, sin límite ni medida, el apetito voraz de las transnacionales. Mirémonos en el espejo argentino.
Dice Eduardo Galeano en «Las Venas abiertas de América Latina» que los caporales nativos del capital foráneo intencionalmente confunden su falta de confianza en el destino de nuestras naciones, con la ausencia de destino nacional, y que por este camino han terminado vendiendo su alma al diablo por un precio que hubiera avergonzado al propio Fausto. Y si alguna duda subsistiera obsérvese lo que ocurre con nuestra empresa nacional de telecomunicaciones.
Hace apenas nueve años era la frutilla de la torta, la más preciada «joya de la abuelita» al decir del ex presidente Sanguinetti. Y como tal apetecida como fuente de suculentas ganancias, pero también defendida por una mayoría tan abrumadora de orientales, que se vieron obligados a parar, aunque más no fuera por un ratito. Envalentonados con lo acontecido con leyes tan nefastas como la de marco regulatorio energético (1998), y recientemente la primera de urgencia de la actual legislatura (Puerto, AFE, etc.), vuelven a la carga. No por la telefonía fija, que ya no interesa, seguramente por constituir un aspecto parcial y estancado de las telecomunicaciones encaradas como negocio. Siempre los sedujeron las ganancias, por lo cual persiguen hoy los sectores más dinámicos: la telefonía móvil y la transmisión de datos, ambas con tasas de crecimiento esperadas del 30% anual. ¡Qué ganga! Un negocio brillante… obviamente, para quien lo explote. Como muestra alcanza un botón: en 1994 en Uruguay la telefonía móvil tenía solamente 1.825 clientes; en la actualidad casi 200.000 y los ingresos por este concepto constituyen el 24% de los ingresos de Antel (fuente: «Impactos sobre Antel de los cambios proyectados en el sector de telecomunicaciones, de Luis Stolovich, editado por Sutel).
Como aves de presa se lanzan sobre Ancel queriendo hundirle los dientes en la garganta. Pero conociendo los valores atesorados por el pueblo uruguayo en materia de convicciones estatistas aminoran el discurso, aunque no el apetito. Entonces hablan de solamente el 40% de las acciones de Ancel. Pero, ¿qué pasará mañana?
Lo anterior es el resultado de la reflexión colectiva aunque a distancia mediante teléfono, correo electrónico y «ainda mais», de frenteamplistas orejanos desparramados por 14 departamentos. Claro que el avance tecnológico de las telecomunicaciones ayudó pero no explica todo. La sintonía que resulta naturalmente y sin fórceps, de tener visiones similares derivadas de realidades semejantes aunque no idénticas, permite comprender el resto. Por lo cual este nucleamiento en formación, la Liga Federal Frenteamplista, aplaude entusiasmada la reciente resolución del Frente Amplio de apoyar desde el principio y sin vacilaciones a la Comisión Nacional constituida recientemente para lograr en un año las 600.00 firmas necesarias para plebiscitar los artículos 612 y 613 incluidos, forzada y tramposamente, en una ley de presupuesto.
Convencidos de que en este enfrentamiento sin cuartel entre dos concepciones antagónicas de país, lo relativo a las telecomunicaciones pasa a tener una importancia estratégica, por lo que encaramos una cuestión decisiva, los orejanos hemos resuelto poner lo que hay que poner, sin miedos, sin titubeos, sin mezquindad. Es demasiado lo que hay en juego, mucho lo que debemos dar los uruguayos, y más aun lo que se espera de todos los frenteamplistas.
* 3 F Florida-Liga Federal Frenteamplista
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