El camino hacia mayo
Dentro de cinco meses los uruguayos estamos convocados para otra instancia electoral, la última del periodo luego de las internas, las nacionales y el balotaje. Esta vez deberemos elegir a las autoridades departamentales, intendentes y Juntas.
Si bien es cierto que no deben extrapolarse los resultados recientes de octubre y noviembre con vistas a las elecciones municipales, el mapa electoral configurado luego de las elecciones nacionales debe tenerse en cuenta pues sirve como indicador de las tendencias de los electores en cada departamento.
Lo reiteramos: la cantidad de votos obtenida por cada partido en cada departamento en octubre y noviembre no tiene necesariamente que mantenerse en la instancia de mayo. Esto es así porque las elecciones municipales tienen características diferentes de las nacionales; en la decisión del ciudadano entran a jugar otros factores. Las lealtades partidarias o las adhesiones ideológicas pierden peso a la hora de elegir intendentes y ediles, para dar paso a compromisos personales y a valoraciones diferentes en función de la problemática específica de cada departamento. La personalidad de cada candidato prevalece muchas veces por sobre la identificación partidaria, y los vínculos personales del vecino tienen mucha mayor incidencia. El elector suele tener más en cuenta las condiciones personales del candidato, el conocimiento mucho más directo que de él tiene, su capacidad para relacionarse con los vecinos, e incluso otro tipo de factores menos racionales y más emocionales.
No obstante, puede perfectamente preverse que en los cinco departamentos en los que la fórmula presidencial frentista resultó triunfadora (Montevideo, Canelones, Soriano, Paysandú y Salto) los candidatos del Frente Amplio a cargos municipales serán vencedores; hay que tener en cuenta que en esos departamentos el Frente obtuvo más votos que los dos partidos tradicionales sumados, lo cual implica que, salvo una improbable intervención de la Divina Providencia, la izquierda ha de lograr el gobierno departamental.
Asimismo, no hay que perder de vista que en la instancia de octubre, el Frente Amplio obtuvo la mayoría relativa en seis departamentos más; aunque no superó a los otros partidos sumados, fue la fuerza política más votada. No es insensato suponer, entonces, que en mayo se repita esa preferencia por el o los candidato/s municipales que ofrezca la izquierda. No olvidemos que el régimen electoral para los comicios departamentales no fue alterado por la reforma de 1996. Allí se mantiene el sistema del doble voto simultáneo y no corre la exigencia de que cada lema presente un candidato único a la Intendencia: cada partido puede ofrecer hasta tres candidatos cuyos votos se acumulan para el lema. También se mantiene vigente la mayoría automática en las Juntas: el partido ganador obtiene, sin importar el porcentaje obtenido, 16 ediles; desde luego que en aquellos departamentos en los que un partido obtiene la mayoría absoluta, la integración de la Junta reflejará ese porcentaje, tal como ocurre en Montevideo donde el Frente Amplio cuenta actualmente con 20 ediles.
De modo, pues, que es posible que la izquierda logre triunfar sea con mayoría relativa o absoluta en 11 departamentos, lo que implicaría tres más de los ocho cuyo gobierno ejerce actualmente, lo que equivale a un crecimiento de más de 35 por ciento.
Para lograr que tal proyección se concrete, será necesario redoblar los esfuerzos militantes y los recursos propagandísticos del Frente Amplio. Será preciso designar a los candidatos con el mayor espíritu unitario pero sin cerrar la posibilidad de presentarse con multiplicidad de candidaturas.
Tal es el desafío a que se enfrenta la izquierda en los cinco meses que nos separan de las elecciones municipales.
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