Agua

Mónica Xavier

 

A sí se titula una hermosa canción de Joan Manuel Serrat que en uno de sus pasajes expresa: «… Si el hombre está vivo, el agua es la vida…». Es cierto. Conviene no perderlo nunca de vista y tenerlo especialmente presente hoy, que en todo el mundo se conmemora el Día Internacional del Agua.

En efecto, nuestro tiempo no es una excepción a la regla según la cual la humanidad se desarrolla más plenamente allí donde hay agua. Tan es así que aún hoy buena parte de las desgracias y conflictos que estremecen a la comunidad internacional giran en torno a ese recurso vital y por momentos incontrolable (arrasador a veces, escaso otras) que es el agua. Para constatarlo basta recordar las recurrentes inundaciones en el sudeste asiático o las crónicas sequías que castigan a algunos países africanos. Pero aún más: ¿acaso el aprovechamiento de las escasas reservas acuíferas en el Medio Oriente no son un factor de conflicto permanente en aquella región?

¿Y cómo andamos en Uruguay?

Sin duda que en materia de recursos hídricos la naturaleza ha sido generosa con nuestro país y ello, unido al esfuerzo de la sociedad uruguaya en su conjunto y a la acción del Estado, ha permitido que más del 80% de la población del país esté abastecida de agua potable y que el nivel de consumo de ese elemento vital para la vida humana sea promedialmente 750 metros cúbicos por año y por habitante, lo que sitúa a nuestro país en la media mundial.

Pero en materia acuífera no hay bonanza irreversible ni fortuna inagotable. Y ello por una razón científica tan sencilla pero al mismo tiempo tan implacable como que la cantidad de agua existente en la Tierra no varía y se haya en constante movimiento debido a la acción de la energía solar y a la fuerza de la gravedad. Una razón que seguramente muchos aprendimos en nuestros años liceales y que nos obliga, como ciudadanos, a actuar en consecuencia en la administración responsable de un recurso natural que siendo indispensable para la vida humana no es inagotable.

La administración de las aguas en el Uruguay se rige por lo establecido en el Decreto Ley 14.859, conocido como Código de Aguas. Dicha pieza legal, sancionada en 1978, establece las bases para la propiedad, el manejo y la administración de todos los recursos hídricos del país y adjudica al Ministerio de Transporte y Obras Públicas, a través de su Dirección de Hidrografía, la potestad de regular el uso y la preservación de dichos recursos.

Pero en 1990, con la creación del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente, se le adjudica a éste el control de la calidad de las aguas cuyo uso sigue regulando el MTOP.

A este marco jurídico de por sí complejo, han de sumársele la legislación que regula las competencias de OSE, la legislación ambiental general y hasta las potestades del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca en materia de riego con fines agropecuarios.

Ya se sabe lo que suele suceder cuando diversos ámbitos tienen competencias sobre un mismo asunto, se corre el riesgo –para decirlo con una expresión alusiva a este caso– que la cosa termine «escurriéndose como agua entre los dedos…».

Pero con el agua no se juega; por ello estimamos necesario actualizar y sistematizar la legislación vigente en esta materia. En tal sentido, las responsabilidades de la actual legislatura son inexcusables.

Pero el andamiaje jurídico, siendo importante, no es suficiente. Ha de estar integrado en una política de reforma del Estado y vinculación de éste con la sociedad civil y el mercado que, a su vez, debe formar parte de un proyecto de desarrollo productivo del país. Hacer leyes en función de una concepción meramente gerencial y supuestamente «eficientista» del Estado o de la infalibilidad del mercado es inconducente porque ni el Estado es un gerente ni el mercado es una divinidad. Y además, porque más allá de ellos están nada menos que la gente y sus derechos…

Sobre estas bases, asumiendo la realidad del mercado, las múltiples facetas de la reforma del Estado y los sagrados derechos de los ciudadanos, estamos dispuestos a encarar los ajustes que sean necesarios en materia de legislación sobre uso y preservación de los recursos hídricos del Uruguay.

Porque, como también dice la canción de Serrat, «si el hombre es un sueño, el agua es el rumbo…».

* Senadora por el Partido Socialista (EP-FA) y presidenta de la Comisión de Salud Pública del Senado. Médica cardióloga

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