En los últimos días, en el marco del caso Feldman, Uruguay llegó al borde del ridículo. La cúpula derechista de los partidos tradicionales, con los esquemas sesentista y de la guerra fría, se jugó todos sus recursos y sus pocas neuronas, para transformar a nuestro país en una zona de miedo, donde se hace imposible pensar y leer.
Fue así que nos enteramos que Saúl Feldman, un economista extraño e inteligente, acaparador de armas, tuvo la osadía de concentrar en una de sus propiedades un verdadero arsenal y a la vez “literatura marxista”.
Nos queremos detener en esto. ¿Cuál es el delito de tener literatura marxista”? En Uruguay se venden y hay consumidores de libros marxistas, porque existe un ejercicio pleno de las libertades. Somos una sociedad tan libre que por ello el doctor Julio María Sanguinetti tiene varias obras marxistas en su envidiable biblioteca.
Si los dirigentes del partido blanco, ajenos al pensamiento batllista y liberal del país, siguen con esta prédica reaccionaria y franquista, Uruguay se podría transformar en una zona de experimentación de antropólogos de distintas áreas, para conocer cómo una sociedad puede retroceder decenas y decenas de años.
Incluso, no es de descartar que una posible cancillería de Luis Alberto Lacalle presentara una moción en la ONU para que se condenara a las universidades estadounidenses que estudian “El Capital” de Carlos Marx. Sería la vergüenza completa.
Pero por suerte nada de esto va a ocurrir, porque el Frente Amplio es el que gana. Es que hoy hay gente joven que apoya la fórmula presidencial Mujica-Astori y que abrazó las nuevas tecnologías, no quiere el oscurantismo. Pero lo más importante es que al miedo, al terror y a la mediocridad intelectual y espiritual, los muchachos responden con una alta cuota de humor.
Ayer se conoció, con fina ironía, un comunicado de las Redes Frenteamplistas que establece su “rendición incondicional”, a la vez que se decidió “entregar en público todas las armas a la Justicia”.
Esta parte de la juventud frenteamplista, con esta sola iniciativa, ha vuelto a recuperar la frescura de viejos movimientos como fue la lucha por la Ley Orgánica de la Universidad en 1958 y, más cerca en la época, la campaña del Frente Amplio en 1989, que tuvo toda la impronta del “Corto” Buscaglia, con su “profesor Paradójico”.
Por eso hoy, a las 18.30 horas en Plaza Libertad, jóvenes que defienden la alegría se concentrarán para entregar sus armas cañones y bombas de dulce de leche, que según nos dicen líderes de este “peligroso” movimiento no están contaminadas de odio, ni de rencor. Mucho menos de miseria intelectual y moral.
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