El pez por la boca muere: le sucedió al doctor Lacalle

Nunca más acertado el refrán del título, relacionado con los dichos del presidenciable por la coalición rosada, doctor Luis Alberto Lacalle. Sus propias manifestaciones realizadas en noviembre de 1999 se enfrentan y se oponen a lo que en los últimos días ha expresado, con referencia al balotaje del 29 de noviembre, bajo la consigna «El equilibrio está en tus manos».

Es bueno que en esta instancia electoral, en la cual se definirá la dirección del país y la aplicación o no de un modelo transformador, se tenga en cuenta cómo se recurre reiteradamente a la demagogia y al doble discurso por parte del Partido Nacional, acompañado «casi en silencio» por su socio el Partido Colorado.

Los actores más representativos del Partido de Oribe intentan, una y otra vez, justificar lo injustificable, es decir, pretenden fijar en la conciencia de un sector de uruguayos que el equilibrio para los próximos cinco años ­ante la mayoría que obtuvo el Frente Amplio en el Poder Legislativo, por decisión del soberano­ es posible lograrlo con la instalación del doctor Lacalle en la Presidencia de la República. Nada más absurdo y demostrativo de la capacidad que tienen algunos dirigentes de los partidos tradicionales de adaptarse, como el camaleón, a las distintas circunstancias.

Recordemos, una vez más, lo que dijo el presidenciable del Partido Colorado y del Partido Nacional, doctor Luis Alberto Lacalle, el 10 de noviembre de 1999: «…una de las razones para no votar al doctor Vázquez: porque no puede asegurar la obtención de una mayoría parlamentaria que sí tiene el doctor Batlle. Así que ese argumento es claramente determinante de que mucha gente no lo vote, porque genera incertidumbre, inseguridad, interrogantes, acerca de lo que podrá hacer.» Los tres últimos calificativos empleados en la ya famosa frase resultan absolutamente aplicables para la propuesta que efectúa, de compartir el gobierno con el Frente Amplio, el Poder Legislativo por un lado y el Poder Ejecutivo por el otro.

Yo no deseo para mi país que a través de ese mecanismo tortuoso que propone el Partido Nacional se origine una situación de puja constante; de confrontación permanente; de discusiones estériles; de constantes vetos y lo que sería peor, la utilización continua del «decreto» por parte del Presidente de la República. Estoy seguro de que ningún uruguayo desea esa situación de inestabilidad institucional, por lo tanto llamo a la reflexión y a la cordura a aquellos compatriotas que se puedan confundir y engañar por cantos de sirena que sólo existen en la imaginación de los desesperados. Considero que la consigna que promociona el Partido Nacional prácticamente ha muerto al nacer, por ser falsa e irreal. Mientras la dirección del Partido Nacional resuelve cómo hacer terapia para su desesperación e inevitablemente cambia su consigna fracasada, nosotros proseguiremos desarrollando nuestra estrategia, serenos y confiados en que a partir del 1º de marzo de 2010 habrá un nuevo gobierno frenteamplista, en este caso dirigido por los compañeros José Mujica y Danilo Astori.

Ha quedado claramente establecido que no le fue provechosa al Partido Nacional, a su dirección y legisladores, la aplicación de la táctica de los últimos años de hacer una oposición cerril, feroz e incongruente, basada en la disputa y el inconformismo constante. Queriendo «desgastar» al gobierno, fueron ellos los que «se erosionaron», ya que se presentaron ante la opinión pública como los eternos cuestionadores, aun en aquellos proyectos de ley que contaban con el abrumador apoyo de la mayoría de la población.

Se equivocaron, no ayudaron al país ni a la mayoría de su gente y la consecuencia fue que se desprestigiaron de tal forma que el electorado los castiga y apenas les otorga un 29% de los votos.

Decía que la dirección del Partido Colorado está «en silencio» luego de haberse apresurado, en la misma noche del 25 de octubre, a otorgarle el apoyo incondicional al doctor Luis Alberto Lacalle. Es comprensible ese silencio y el no jugarse la ropa, en particular por el doctor Bordaberry, ya que dicho partido corre serios riesgos de comenzar a retroceder nuevamente, al demostrar descarnadamente su conjunción filosófica de derecha con el otro partido histórico. Su único propósito, en definitiva, fue y es el de intentar evitar que la izquierda continúe gobernando al país y cumpla estrictamente con los compromisos electorales asumidos, que significan cambios profundos que beneficiarán a la mayoría de nuestros compatriotas.

El Frente Amplio y su fórmula están actuando con una gran apertura y flexibilidad. Lamentablemente, la irritación y exasperación de la cúpula del Partido Nacional no les permite visualizar que es necesario concretar en los hechos lo que se dice, sobre posibles acuerdos entre partidos. Eso lo aprecio cuando rechazan y denostan la propuesta realizada, de estudiar entre los partidos políticos temas de inmensa trascendencia para Uruguay, como son la educación, la seguridad, la energía y el medio ambiente, que se vinculan directamente con el futuro de la República. Sin embargo insisten con «el debate», cuando no tienen la nobleza de intentar acuerdos programáticos.

Por un Uruguay en paz, más justo, con mayores certezas y sin arriesgar el orden institucional entre los poderes del Estado, prosigamos convenciendo a nuestros compatriotas de que es necesario que el próximo quinquenio sea gobernado por el Frente Amplio, con más cambios, amplitud y generosidad, a través de los compañeros Mujica y Astori.

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