A medida que los plazos para llegar al 29 de noviembre se consumen, comienza a ponerse en juego una serie de alternativas conspirativas por parte del nuevo partido blancorado.
Daba la impresión de que finalmente el Consejo de Ancianos de dicha agrupación había dado paso a nuevas generaciones ( aunque manteniéndose uno de ellos bien activo para controlar de cerca) que vivieron mucho tiempo sumergidas. El fracaso electoral de octubre, las desavenencias generacionales y filosóficas entre la fórmula presidencial blancorada, las primeras encuestas post primera vuelta que no auguran nada bueno para este nuevo partido y, sobre todo, lo agitada que está la interna, donde muchos se rebelan y se niegan a votar, parecería que motivaron a los viejos patriarcas, ya retirados, a renacer de las cenizas pero, como siempre, haciendo de las suyas.
Un hecho fortuito fue aprovechado por estos viejos zorros para salir a la palestra pública con posturas, declaraciones y acusaciones francamente salidas de tono. Llama la atención que quienes hasta ahora habían considerado a José Mujica como un “individuo impresentable, sucio, inculto, bocasucia” y algunas docenas de etcéteras más, recurrieron a mecanismos sucios, a insultos e incluso a la procacidad en el lenguaje buscando desesperadamente frenar el impetuoso avance de la fórmula frenteamplista.
Naturalmente que, si de recordar el pasado se trata, podríamos hacer resurgir hechos nunca debidamente aclarados como una infidencia previa a una devaluación allá por los 70, a encuentros de presidenciables uruguayos con Bush padre, los hermanos Rohm, los Peirano, Menem y algunos especímenes más en reuniones de camaradería (secretas) en Argentina. Tal vez haya que remitirse también a una serie de “accidentes de gobierno” que vivió el Partido Nacional durante su gobierno; algunos de ellos finalizaron con jerarcas procesados ( incluso un ministro de Economía) y otros casos quedaron por el camino. Sería interesante conocer el porqué del segundo entierro de Berríos ( el primero fue en la arena, el segundo fue en el Parlamento y con el gobierno negándose a hincarle el diente de manera profesional), o, por qué el dictador más sanguinario de América del Sur fue huésped de honor de nuestro país por aquellos tiempos y con guardia de oficiales de alta graduación uruguayos (vestidos de civil). Recordamos también que en otros gobiernos , de otro pelo, se archivaron numerosas investigaciones de violaciones de derechos humanos que no estaban comprendidas en la Ley de Caducidad. Pero, sobre todo, los uruguayos supimos gozar de un presidente que realizó un “gobierno divertido”. Tan divertido fue que hizo oídos sordos de las gremiales rurales que le advertían de la presencia de aftosa en Argentina y no tomó ninguna medida de vacunación para proteger al país (por defender unos pesos más para los frigoríficos y los ganaderos) de manera tal que el país cayó en ese horrible pozo. A las carcajadas permitió a sus correligionarios, los Peirano, los Rohm, etcétera, generar una crisis financiera muy profunda en la que niños de barrios periféricos terminaron comiendo pasto para sobrevivir.
También uno podría preguntarse sobre la representatividad democrática de algún ex ministro de Pacheco Areco que gobernó en base a decretos, ignorando al Parlamento y que como buen colaborador realizó una vergonzosa reforma educativa.
Con estos antecedentes (enumerados sólo a título de presentación, hay más) la pregunta es: ¿Qué autoridad moral tienen para exigirle al Frente Amplio y en particular, a su candidato a la Presidencia, que lleva dos elecciones siendo el político más votado por los uruguayos, un certificado de fe democrática (un concepto muy militar, por cierto)? No olvidemos que en el auto del contador Feldman había hojas de votación de la lista 71, herrerista, y su sobrino estaba en el lugar 16 entre los candidatos. Quienes regalaron bancos (Pan de Azúcar, Comercial, Montevideo, Caja Obrera, etc., etc.) ¿qué autoridad tienen? Como señalara Danilo Astori, “los rumores de retiro de bancos son un sabotaje contra Uruguay”. (¿Seguimos intentando correr a los inversores extranjeros?).
No hay autoridad moral, ni ética, ni pasado que avale instalarse en la Torre de Marfil (para hacer una cita bíblica) y desde allí cual Pontífice, salir al balcón de la tv y mandarse alguna encíclica.
Es una lástima que algunos actores como Sergio Abreu, Juan Andrés Ramírez, Ruperto Long, Alvaro Delgado, el propio Jorge Larrañaga y otros tantos, avalen con su silencio estas concepciones y estas políticas canallas. La ciudadanía, en 21 días, no hará como ellos: opinará.
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