Seguimos creyendo en la verdad y la justicia
El 25 de octubre no alcanzamos el 50% de los votos para anular la Ley de Caducidad. Por supuesto que se nos cayeron lágrimas. Por supuesto que nos dolió profundamente, por nosotros, pero como dijimos durante toda la campaña, por el futuro de los uruguayos.
Es que creemos firmemente que una sociedad es libre cuanto más verdad tenga, y en el Uruguay, a partir del pacto de silencio de los terroristas de Estado, ha costado mucho conocer algo de la verdad que precisamos para dignificarnos como sociedad. Además, lo fundamental es que no se puede construir mayor libertad, si el cuerpo jurídico uruguayo carga con una Ley absolutamente aberrante.
No haber sido capaces de llegar a la mayoría de los uruguayos no le quita a esta Ley el monstruoso significado que tiene para un país. El que la Justicia no pueda actuar libremente contra quienes cometieron delitos de lesa humanidad (cuestión que ha llevado a la Suprema Corte de Justicia a declararla anticonstitucional para el caso de Nibia Sabalsagaray), es sin duda un retraso enorme para cualquier ordenamiento jurídico.
Ayer encontramos en cada lugar que acudimos un conjunto de compañeros y compañeras jóvenes con caras muy apenadas por el resultado. Un resultado que de ninguna manera es una derrota, porque no hay un solo derrotado en militantes que están peleando porque haya justicia y se conozca la verdad.
Esta afirmación no es para levantar el ánimo de los compañeros. En primer lugar, somos luchadores sociales. Por eso luchamos con todas nuestras energías para recoger 343 mil firmas con el fin de poder plebiscitar la anulación de la Ley de Caducidad. En segundo lugar, con recursos muy limitados, salimos a tratar de conseguir más de la mitad de los votos y no lo conseguimos. No obstante, ni por asomo esto significa que la mayoría de la población esté a favor de la ley de impunidad. Muy por el contrario, todas las encuestas previas daban resultados claros respecto a la existencia de un mayor número de ciudadanos que querían anular la Ley de los que querían mantenerla. Lo que sucedió es que un número importante de uruguayos consideraron que no tenían toda la información como para laudar un asunto de semejante importancia.
Esta lectura que consideramos se acerca a la realidad, no implica engañarnos a nosotros mismos; no implica desde ningún punto de vista tratar de variar la realidad por dura que sea. Muy por el contrario destacamos que la lucha de madres y familiares de los detenidos desaparecidos, los hijos e hijas de desaparecidos en estos días nos han dado una clase de grandeza. Todos ellos junto a diversas organizaciones de DDHH, Organizaciones Sociales de distinto tipo y el movimiento Sindical han dado una fuerte contribución a la sociedad. Los casos que pacientemente y con mucha firmeza los familiares llevaron a la Justicia y con la actitud del Presidente de la República se lograron apresar a los peores íconos de la tortura y la muerte.
Contamos con una investigación llevada a cabo por la Universidad de la República denominado «investigación Histórica sobre la dictadura y el terrorismo de Estado en el Uruguay» (1973-1985), bajo la coordinación de Alvaro Rico y un equipo de investigación de la Facultad de Humanidades. Sus propios autores han señalado que es incompleta, pero sin duda es un aporte desde el campo de la academia comprometida con el conocimiento de la verdad, del cual debemos adueñarnos a los efectos de ir clarificando la terrible historia de la dictadura y del terrorismo aplicado desde el Estado.
¡Claro que deseábamos con toda el alma anular la ley de impunidad! ¡Por supuesto que luchamos incansablemente con miles y miles de militantes que salieron por encima de la campaña electoral a pedirle el voto a los compatriotas! A ellos quiero referirme, sobre todo para conmoverme con el esfuerzo hecho, con el entusiasmo que pusieron y sobre todo con el corazón gigante de amor por los que no están, pero que sin duda siguen vivos.
Nuestra tarea continúa. No se detiene por golpes aunque estos sean muy fuertes. ¡Claro que seguiremos hasta que la vida nos dé, defendiendo los derechos humanos en su expresión más abarcadora! Que quede claro que seguimos creyendo fervientemente en la verdad y la justicia como los principales sanadores de las heridas que produjo la dictadura. No renunciamos ni renunciaremos a saber toda la verdad. Esta lucha es permanente. Es nada más ni nada menos que seguir sembrando la semilla de ¡nunca más terrorismo de Estado!
Fuerza compañeros y cuando sintamos que estamos débiles, abracemos al compañero y contagiemos de todo lo que hemos hecho y lo que todavía nos resta por hacer, nuestros queridos compañeros del 60 seguro que están orgullosos de lo que hicieron nuestros jóvenes y valientes compañeros. Aquí estamos, aquí seguiremos luchando permanentemente en defensa de los DDHH.
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