Un querer insensato
Lacalle y sus partidarios quieren ganar la elección presidencial en el balotaje, después de haber perdido la elección por 18 puntos porcentuales, y haber perdido más de 100.000 votos respecto a los obtenidos en la elección presidencial anterior. Y después del gran fracaso, el común propósito opositor de quitarle las mayorías parlamentarias al Frente Amplio. Es mucho el querer.
Sólo en un régimen institucional como el nuestro el Partido que obtiene las mayorías parlamentarias absolutas, y le gana a quien le sigue por 18 puntos porcentuales, tiene que ir a un balotaje. Sólo se explica porque la reforma constitucional tuvo un único propósito, cerrarle el paso al Frente Amplio. Y por eso estamos en ese cruce de caminos.
Si Lacalle ganara una hipótesis poco probable denle la vuelta que le den, no podría gobernar, no puede hacer aprobar una sola ley, sus ministros podrían caer como muñecos y durarían lo que un lirio. Sólo podría aprobar decretos que no pueden contradecir las leyes, y las llaves de las leyes las seguiría teniendo el Frente.
Sería meter al país en un callejón sin salida, y eso no es bueno para ninguna democracia. El Partido Nacional tiene que sincerarse. Hizo una elección espantosa, perdió votos y porcentajes de votantes en todos, sí, en todos los departamentos de la República. Y eso deberían entenderlo con responsabilidad republicana. Puede doler, pero es la verdad desnuda.
El Frente también perdió votos y porcentajes, menos proporcionalmente que los blancos, pero los votos le alcanzaron para tener más senadores y diputados que el Partido Nacional, el Partido Colorado, y el Partido Independiente, todos juntos. Los números deberían alcanzar y sobrar para razonar. Lo otro es querer meter al país en una encrucijada, difícil, preocupante, imprevisible.
Además en política, como en la vida, hay que saber perder. Los faraónicos números del Dr. Larrañaga cuando nos afirmaba que el Partido Nacional ganaba en 18 departamentos se redujeron a ganar en 8, y en ninguno de los departamentos con mayor peso electoral. En democracia no es tan malo perder, como no reconocerlo. Tendrán el apoyo colorado, no demasiado entusiasta ya que de los blancos salió el aumento sustancial colorado, y seguramente no tendrán el voto de todos los colorados. Muchos colorados, que simpatizan más con los blancos que con los frentistas, tampoco los van a votar porque no querrán poner al país en un brete.
Convengo que ganar la Presidencia significaría para muchos blancos desocupados, ser ministros, directores de entes, embajadores, ocupar cargos de confianza. Sólo el beneficio de prenderse de la teta presupuestal y acomodar a algunos cientos de correligionarios, una tarea en la que tienen profesionalidad probada.
La razón no habrá de imperar en este casi mes escaso, pero los blancos saldrán maltrechos, y puede preverse que en 2014 quien enfrente a Tabaré, o a quien represente al Frente, sea el Dr. Bordaberry. No desilusionen a la lógica, ningún gobierno funciona sin mayorías parlamentarias, más cuando su programa es cambiarlo todo.
Y pretender gobernar por decreto tiene muy mala historia en este país. Sería mejor que se ganaran un nuevo espacio con una oposición inteligente.
Eso fue lo que hizo Wilson, el más grande de los blancos en la segunda mitad del siglo pasado.
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