Democracia cuando me conviene

El domingo 29 de octubre los uruguayos protagonizamos una vez más una nueva fiesta cívica al concurrir de forma masiva a elegir a nuestros representantes para el próximo período de gobierno. Más allá de analizar resultados, de quiénes festejaron y quiénes quedaron con un gusto amargo, me voy a detener en algunas consideraciones realizadas por dirigentes políticos de los partidos Colorado, blanco e Independiente. El «bueno» de Pedro Bordaberry, el senador Larrañaga y el independiente de Mieres han coincidido en descalificar la opinión de los uruguayos al considerar la mayoría parlamentaria que el voto de los orientales le adjudicó al Frente Amplio como maldita, no buena y algún análogo más.

Esto preocupa. No son únicamente errores del momento. Estos tres dirigentes políticos se han pasado la campaña pregonando a viento y marea que hay que cambiar la política. Que se debe construir el país del entendimiento y no del enfrentamiento, y en la primera oportunidad que se les presenta y porque la mayoría de la gente no los acompañó en sus promesas electorales, la descalifican.

El «bueno» de Pedro Bordaberry argumentando que no es conveniente tanta acumulación de poder por parte de un sector. Justo él que se autoembanderó con la renovación del Partido Colorado y por la voluntad de sus adherentes tiene el 72% de esa colectividad. Es senador, es secretario general y su sector, Vamos Uruguay, tiene la mayoría de los cargos en el Ejecutivo colorado. ¿Ahí no es una maldita mayoría Pedro?

El senador Larrañaga, argumentando que el «equilibrio» en el poder es saludable para el país. Pero inmediatamente después su partido presenta recursos con la finalidad de revisar los resultados electorales. Por suerte y por ahora, estos recursos han tenido únicamente el respaldo de los ministros blancos en la » neutral» Corte Electoral. ¿Esto es construir un país del entendimiento? ¿Poniendo obstáculos y no aceptando la voluntad popular?

Además ambos tienen un problema de memoria. ¿Qué sucedió durante los gobiernos democráticos posdictadura? ¿Acaso en los dos gobiernos de Sanguinetti, el de Lacalle y el de Jorge Batlle, blancos y colorados no se juntaron para tener mayoría parlamentaria y repartirse los cargos en el poder? Lo peor de todo es que concibieron esa mayoría y tuvieron como resultado dejar al país en la ruina luego de casi veinte años de gobierno.

El independiente de Mieres, cuya campaña se basó en conseguir un escaño en el Senado, no admite que tendrá que modificar su estrategia política y electoral para conseguir buenos resultados. Ser independiente no es ser indiferente a la suerte del país. No es lo mismo que gane el proyecto del Frente Amplio a que triunfe el del Partido Nacional. A no ser que lo único que importe sea salir senador. Hay que jugársela, Pablo. Calificando la voluntad del soberano como maldita no se hace camino al andar.

Creo que todos acompañamos la visión de que es mucho más saludable para el país que se construyan ámbitos de diálogo y que independientemente de posturas políticas electorales los beneficiados sean los uruguayos con un país de trabajo, seguridad e inclusivo. Pero para esto tenemos que tener una definición previa. La democracia se defiende siempre, no únicamente cuando sus resultados me dan la razón. De lo contrario, si Bordaberry, Larrañaga y Mieres mantienen esta postura muy emparentada con el autoritarismo lo único que conseguiremos es repetir uno de los refranes más antiguos que existen. La mona, aunque se vista de seda, mona se queda.

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