"Ojos bien abiertos"

La cultura impuesta ha condicionado una parcial miopía en muchas personas y una ceguera casi total en pueblos que no han logrado identificar el origen de sus angustias.

Por diversas razones, grupos humanos enteros han preferido no mirar las trenzas del poder económico y, con él, «comprar» los instrumentos que hacen posible el manejo político y, por tanto, la manipulación de las operaciones gubernamentales.

Gracias a factores que se originan en las mismas contradicciones socio-económicas que genera enfrentamientos entre quienes descubren que están siendo explotados y los que mantienen ­por razones propias de su modus vivendi­ su patrón de explotación, han florecido por doquier, pero especialmente, en Latinoamérica, expresiones colectivas, encarnadas en líderes auténticos y carismáticos, quienes están motivando la identificación y transformación de la sociedad hacia un destino de infinitas reivindicaciones, todas enclaustradas en el baúl de los olvidos por los que siempre han alimentado las ambiciones individualistas y egoístas.

Para entender mucho lo que está ocurriendo, el lenguaje audiovisual es una herramienta fundamental; y esto lo saben muy bien los que manejan los medios de difusión de mensajes, especialmente quienes controlan el discurso propio de la televisión, el cine, Internet, pero también los creadores honestos, sensibles y con propio criterio, que han preferido ver y escuchar, con sus propios recursos ópticos y sonoros, lo que se percibe como un discurso colectivo que están construyendo los países, que se proyectan como vanguardia de los hechos revolucionarios que se dibujan en el mundo.

Es así como artistas del mundo cinematográfico (entre otros, Oliver Stone, Sean Penn, Kevin Spacey, Danny Glover y Benicio del Toro) sienten alguna empatía con «Fidel», «Chávez», «Evo», «Lula», Correa», sobre todo por la impronta histórica que está marcando una generación y que se identifica con «el cambio de época» o por el «socialismo del siglo XXI».

Los cambios se están dando y parecieran indetenibles; de allí, pues, que intérpretes de todas las especialidades, están dedicando su tiempo y destrezas para tratar de explicar el metabolismo de esta revolución en marcha. Uno de esos audaces escrutadores de la realidad es el cineasta uruguayo Gonzalo Arijón, quien tiene una muy particular mirada frente a lo que se está sintiendo en las estructuras políticas, económicas, culturales y sociales de Sudamérica.

Arijón ha decidido ver las cosas con los «Ojos bien abiertos» que es como ha nombrado el documental de 110 minutos, en el cual hay una pequeña muestra de esas transformaciones socio-políticas, hasta el punto de propiciar el absoluto cambio en la propiedad y uso de los medios ­fundamentales y estratégicos­ de producción en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, así como acciones progresistas en Brasil y Uruguay.

Este productor cinematográfico se apoya en amigos franceses y argentinos, quienes desde hace tres años confeccionaron el proyecto documentalista, contando con el soporte discursivo del escritor uruguayo Eduardo Galeano quien, a manera de hilo conductor, va desarrollando su particular visión crítica y analítica respecto al despertar del continente y sobre «Ojos bien abiertos» afirma que «está impregnado de un discurso fuertemente condenatorio al modelo de acumulación capitalista y las prácticas expansionistas e imperialistas de las multinacionales».

El documental «Ojos bien abiertos» hay que verlo así, porque para aquellos que no aceptan y/o no comparten lo que se está haciendo y viviendo en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil y Uruguay, puede producir angustia y enojo en tanto este trabajo audiovisual aclara que los pueblos no sólo tiene sus ojos bien abiertos, sino que se resiste a cerrarlos de nuevo, salvo que sea con la muerte.

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