¿Quién los entiende a los uruguayos?

Probablemente el lector encontrará, en estas líneas, varios conceptos repetidos, algunas reflexiones reiteradas o razonamientos conocidos. No obstante, me resulta imposible abstenerme de expresar ciertos asombros que produjo en mí el resultado electoral del domingo pasado.

En primer lugar, las disímiles e inexplicables reacciones de dirigentes, cuadros y militantes de cada una de las fuerzas políticas en pugna. Me atrevo a sostener que el Partido Independiente fue el más coherente, el que tuvo una reacción más lógica. En efecto, si se piensa que duplicó su presencia en la Cámara de Diputados (creció cien por ciento) pero al mismo tiempo no llegó a la codiciada banca en el Senado, sus dirigentes observaron un comportamiento cauto, sin expresiones de júbilo ni de desazón.

En cambio, en las otras fuerzas fue posible observar conductas que no se compadecían en absoluto con las cifras que brindaba la Corte o que aventuraban las encuestadoras. Piénsese en un observador extranjero que asiste a los festejos colorados: abrazos, lágrimas, gargantas disfónicas, algarabía, agitar de banderas… Daba la impresión de que era el partido triunfador cuando en realidad, si bien había aumentado su caudal electoral respecto de la elección anterior, quedó ubicado en un lejano tercer lugar con menos de 17 por ciento de adhesión popular. La colectividad fundada por Rivera obtuvo menos porcentaje del total de votos que el que logró el Frente Amplio en su primera participación electoral, la de 1971.

Entonces, que un partido que fue, desde 1836, un partido confundido con el Estado, una aplanadora política que se mantuvo en el poder durante casi un siglo y que después siguió manteniendo una notoria primacía sobre su rival histórico, festeje haber logrado el apoyo de menos de un quinto del electorado es algo tan inexplicable como que Nacional hubiera celebrado haber caído por cuatro goles ante Wanderers y no por seis o siete…

Otro tanto puede decirse de la colectividad fundada por Oribe. El Partido Nacional se mantuvo como segundón: no llegó al 30 por ciento; perdió dos senadores y seis diputados que, por un sistema de vasos comunicantes, pasaron a sumarse a la bancada colorada parlamentaria. ¿Qué festejan, entonces? ¿Cuál es el motivo de la exultante alegría exhibida el domingo de noche? Aparentemente, celebran la posibilidad de disputar la Presidencia con el Frente, en una actitud muy parecida a la que pregona que matemáticamente tenemos chance… ¿Habrá que concluir que son masocas?

En tercer término, y exactamente al revés, debo consignar mi sorpresa al ver a Pepe y Danilo en la conferencia de prensa, con caras largas, serios como tamango o como perro en bote. Menos mal que Danilo envió un mensaje de estímulo haciendo notar que el FA había obtenido más votos que colorados y blancos sumados, que si no, las lágrimas habrían corrido a engrosar las procelosas aguas del Río de la Plata. La expectativa de ganar en primera vuelta les impidió celebrar como corresponde el hecho de seguir siendo la primera fuerza política del país y de haber quedado en inmejorable posición para el balotaje.

Dejo para el final lo que sí fue un mazazo del que no logro recuperarme: el rechazo del Sí en los dos plebiscitos. Habrá que analizar las causas de estos dos fracasos que nos llenan de vergüenza, pero una lectura primaria me permite concluir que a la mayoría de mis conciudadanos les importa un carajo que nuestro corpus legal contenga la odiosa, aberrante e inconstitucional ley de impunidad, así como los tiene sin cuidado que los compatriotas emigrados puedan ejercer su derecho al voto.

No se puede decir que al no introducir las papeletas blanca y rosada hayan manifestado su intención de votar en contra (aunque haya sido lo que hicieron sin tener conciencia de ello), sino que, simplemente, mostraron una indiferencia criminal.

En fin, tendremos que pensar en acciones de inconstitucionalidad para cada caso que se pretenda investigar y que esté amparado en la Ley de Caducidad; flor de laburo va a tener la Corte, pero no queda otra, ¿o sí?

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