EDITORIAL

Resultados, imagen mediática y sentimientos

En las elecciones del domingo el Frente Amplio, si se analizan los resultados, fue sin ningún lugar a dudas el partido ganador. Logró el 48% de los votos emitidos y el 49,3% de los votos por los partidos en lidia.

Alcanzó mayoría en las dos cámaras, tanto en el Senado como en Diputados.

Resultó victorioso en 11 departamentos del país y se consolidó como la primera fuerza en Montevideo y Canelones, donde superó el 50%, y también le gana al Partido Nacional en el resto del interior del país.

Además superó el millón de votos y le sacó 400 mil votos al Partido Nacional y más de 600 mil al Partido Colorado, al que casi triplicó en sufragios.

Sin embargo, si se miraba la calle y sobre todo la cobertura mediática del domingo y los días subsiguientes, eso no se reflejaba.

En el caso de la cobertura mediática, hubo prácticamente unanimidad en mostrar al Partido Colorado como el gran triunfador. Extraña operación política. Es cierto que el Partido Colorado se recuperó de la votación de 2004. Pero el crecimiento se dio partiendo de la peor votación de su historia; es difícil empeorar en ese caso. Además el Partido Colorado festejó, convenientemente amplificado por los medios, que alcanzó el 16% a nivel nacional y que salió tercero en los 19 departamentos.

Resultaba harto difícil mostrar una imagen de victoria del Partido Nacional, que perdió votos en todos los departamentos del país y que redujo su bancada en tres senadores y siete diputados.

Lo cierto entonces es que los dos partidos tradicionales enfrentan esta segunda vuelta partiendo de una gran debilidad. Son minoría en el Parlamento, son minoría en la mayoría de los departamentos de Uruguay y además, tuvieron en cada caso dos de las peores votaciones de su historia.

El Frente Amplio lo hace desde la fortaleza de la segunda mejor votación de su historia, con mayoría en ambas cámaras y con un millón de voluntades de respaldo.

Esa es la realidad, más allá de que la mayoría de los medios intente minimizarla o directamente tergiversarla.

Eso en cuanto a la lectura política y a la cobertura mediática.

En cuanto al sentimiento de la gente, elemento nada menor para las batallas políticas, la situación es un tanto más complicada.

La militancia frenteamplista y de izquierda en un sentido más amplio está golpeada anímicamente.

Esa tristeza o desánimo tiene mucho más que ver con la derrota, por muy escaso margen, del plebiscito para anular la Ley de Caducidad que con el resultado electoral en sí.

Las imágenes de los jóvenes, sobre todo los jóvenes, llorando el domingo de noche, recordaban a la noche del 16 de abril de 1989, cuando perdió el voto verde.

Es que la batalla por anular la impunidad es una batalla cuyas dimensiones éticas exceden largamente los cálculos políticos.

Ese dolor es absolutamente legítimo y más, porque a diferencia de 1989, cuando nadie festejó, la noche del domingo sí se vio festejar con aplausos y gritos a los jóvenes del Partido Nacional en la Plaza Matriz y luego a Julio María Sanguinetti reivindicar la victoria de la impunidad.

Superar ese abatimiento, superar también el legitimo derecho a analizar los errores y las causas de haber quedado tan cerca, es muy importante hacia noviembre.

Lo es porque en noviembre, como ya quedó claro la misma noche de la elección, se plebiscitarán dos concepciones de país, también dos concepciones sobre la historia, la verdad y la justicia.

De un lado están los que promovieron la impunidad, los que quieren que continúe y los que quieren hacer retroceder todos los avances alcanzados. Eso y no otra cosa expresa el acuerdo blanquicolorado, el que hicieron Luis Alberto Lacalle y Pedro Bordaberry.

Del otro lado, está una fuerza política, el FA, que más allá de aciertos y errores, ha luchado desde siempre contra la impunidad, que desde su gobierno ha realizado avances históricos hacia la verdad y hacia la justicia y que tiene en su programa de gobierno el compromiso de seguir haciéndolos.

Por eso, también desde el sentimiento y también desde el dolor de esa derrota tan sentida, hay que levantarse y asegurar en noviembre que en ningún terreno, en éste tampoco, haya posibilidad de marcha atrás.

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