Arrollador empuje del fundamentalismo neoliberal

Un ajuste desestabilizador en Argentina

Un fragmento de las declaraciones del ministro de Interior argentino, Federico Storani, momentos antes de presentar renuncia a su cartera, condensa la gravedad y las sombrías perspectivas que vive Argentina después de los feroces anuncios del ministro de Economía, Ricardo López Murphy: «El plan lleva a un alto nivel de conflicto social, y yo no quiero ser el encargado de la Policía Federal que ordene la represión.»

Efectivamente, basta con examinar los rubros principales de donde López Murphy obtiene los recursos para vislumbrar que será arduamente resistido por la sociedad argentina.

Los primeros crujidos producidos por el vendaval que significó el discurso del ministro de Economía, que varios analistas calificaron de una dureza «estilo castrense», se observaron en el retiro del apoyo político al gobierno de las dos fuerzas partidarias que componen la Alianza, llamada como se recordará, «para el Trabajo, la Justicia y la Educación».

El retiro de algunas figuras clave del radicalismo, como el propio Storani, y el alejamiento de todos los ministros del Frepaso, muestran una arista de la crisis provocada por los anuncios de los recortes.

Casi simultáneamente se anunciaron paros en la educación, huelga universitaria y paros generales ya decididos por las centrales peronista de Moyano y la combativa CGTA, también la CGT ortodoxa de Daer se apresta a reaccionar.

Los recortes, que junto con la educación pública golpearán fuertemente a las economías de las castigadas provincias, ya han levantado protestas en el interior del país.

Los anuncios del «fundamentalismo de mercado» que encarna Ricardo López Murphy tienden a dejar al gobierno de Fernando de la Rúa sin respaldo político visible, descontada la oposición de los distintos sectores peronistas.

Las decisiones en materia de política económica han dejado expuestas en toda sus desnudez los aspectos de la insostenible situación de la economía argentina: el peso formidable de la deuda externa y las inflexibles exigencias de los inversores internacionales.

Una reseña de los gastos que son recortados para «paliar» el déficit fiscal permite dibujar con absoluta nitidez el sentido profundo de las medidas del neoliberalismo: 660 millones salen de recortes a los fondos docentes; 361 millones se recortan de los presupuestos universitarios; 220 millones se obtienen restando apoyo a los gastos de educación en las provincias; 129 millones son rebajas al salario familiar; 127 millones son recortes a las jubilaciones; 50 millones son achiques a los programas de salud.

Frente a esos feroces recortes en gastos de carácter social resultan insignificantes los 30 millones que López Murphy se propone ahorrar en fondos para la Secretaría de Inteligencia del Estado, en fondos que se gastan sin ningún tipo de controles o auditoría.

El paquete que, en gran parte, deberá ser discutido ahora en el Congreso Nacional, donde seguramente tendrá dificultadas importantes par ser aprobado, crea para la Argentina una situación nueva, tanto del punto de vista social como político.

Socialmente, la protesta renacerá con más fuerza que en los últimos años, según los pronósticos de los propios integrantes del gobierno.

Desde el punto de vista político lo señalable es que –sin el respaldo de los partidos de la Alianza– el gobierno de Fernando de la Rúa ha quedado con el único apoyo del poder económico, de los organismos internacionales y de los inversores.

Esas expresiones de poder económico local e internacional ¿alcanzan para gobernar? ¿Es posible lograr índices de estabilidad y legitimidad política sin apoyo de los partidos que hicieron posible la conquista del gobierno por De la Rúa?

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