Un cumpleaños feliz
Cuando uno cumple años, las emociones se apretujan por aparecer en la foto. Y está bueno que haya muchas. Por las que reír y emocionarse. Recordar, lagrimear, abrazar, agradecer, esperanzarse, tomar impulso, mirar lo más lejos que se pueda como estirando el tiempo que resta.
«Con el alma en vilo» canta Teresa Parodi en el living. También se «arrimaron» Chalar, Zitarrosa, José, el Numa, Pepe y Pablo, al mate mañanero con romero y marcela. El cielo está húmedo como mis ojos. Al mediodía iremos con Vera, mis hijas y sus novios a compartir el almuerzo con mi mamá, que le roba sonrisas y afecto a ese cruel señor Alzheimer.
Como siempre creí en los significados, en las causalidades, me da mucho gusto vivir mi cumpleaños trabajando. Con los compañeros.
Más allá del cansancio y el mal humor de algunas veces. Otro día inmenso de múltiples actividades en el país que intentamos juntar para contarles a ustedes. Siempre con esa sensación de «gusto a poco» pero «metiendo pata» de nuevo al empezar otro día. Y así, y así, cada día pasa volando…
Un privilegio, más allá de todo, que tenemos y del cual la mayoría de los días no somos conscientes.
Y, de tardecita, como sea, me voy a escapar un rato al acto. No me lo pierdo. Cierro los ojos y ya me siento caminando entre miles de rostros hermanos, esperanzados. ¡Pah!…qué energía emana de ese agitar de banderas (y es mi cumpleaños… y nadie sabe el regalo que la vida me está haciendo)
Allá en su balcón está el General sonriente, saludando a todos aquellos que lo seguimos viendo entre nosotros. Contento, serenamente emocionado por todo lo que él ayudó a construir. Salud General. Gracias por siempre.
Y allí están Pepe y Danilo, juntos, abrazados, y todos nos abrazamos aunque no nos conozcamos. Es que ha sido una larga lucha. Y hubo gente que entregó mucho. Cómo no emocionarse…
Y estuvo bueno que hubiera elecciones internas. Así debía ser. A cielo limpio. Para que todo el mundo pudiera ver que aquí todo se puede hacer en forma transparente. Y se puede discutir y hasta competir porque hay amor entre quienes entregan juntos su vida por el bienestar de todos. Y ahí están los dos, felices de haber cumplido. Porque uno crece, se mejora, a fuerza de meter la pata, morder la almohada y hacer el esfuerzo por no volverse a equivocar. Y así ha pasado con ellos. Y seguirá pasando porque desde el domingo a medianoche tendrán la responsabilidad de conducir el país por cinco años. Ah sí, yo estoy seguro que ganamos en primera vuelta. Desde hace una semana lo vengo sintiendo en mi pecho, en el cosquilleo de mi estómago. No son Cifra ni Equipos ni Factum, pero les tengo una fe bárbara a mi pecho y a mi estómago. ¿En qué me baso? En lo que veo, en lo que recibo, en la gente.
En que se hizo un buen gobierno. En que la gente ha visto que aún en el error se ha puesto la mejor intención y esfuerzo. Y que sobran ganas y esperanzas para mejorar y mejorar y ayudar y ayudar a los demás aún más. Mucho más. Mucho, mucho más. Y cuando hay motivos para luchar, uno se siente con más ganas de vivir todavía.
Y esto es decisivo en la vida. ¿No?
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