Cuando se navega en el límite
Me he propuesto insistir hasta el último día en lo que necesitamos para ganar en primera vuelta. Es posible, y está en nuestras manos. Dependemos de nosotros mismos, como la clasificatoria al Mundial. A esta altura, y más después de haber vivido la maravilla de la caravana del domingo 18, no hay derecho a conformarse con ningún premio consuelo. Hay que ganar todo para el Frente en primera vuelta: la Presidencia y vice, y la mayoría parlamentaria. Todo junto, de una vez.
Para eso hay que tener bien presente a qué altura se encuentra el objetivo a alcanzar. Mediante un peculiar sistema de balotaje, lo colocaron muy alto. Para eso impusieron la última reforma constitucional. Con esa jugada lograron aplazar por un período el acceso al gobierno del partido que ya en la penúltima elección había demostrado contar con la mayor adhesión ciudadana. Llegamos, saltando por encima del listón que colocaron a una altura que según sus cálculos nunca podríamos sobrepasar. Ahora se trata de repetir la hazaña. Y si es posible ampliarla, por difícil que parezca.
En un reportaje una senadora frentista dice que «el Uruguay tiene uno de los peores balotajes, lo hicieron para cerrarle el paso al FA, ahora le agregaron la contabilidad de los votos observados…». Una destacada politóloga escribe que «las mayorías parlamentarias se obtendrían con porcentajes superiores al 48% de los votos emitidos (que son todos los votos, incluyendo los votos en blanco y anulados)». Ambas formulaciones son incompletas. El artículo 151 de la Constitución establece que «el Presidente y el Vicepresidente de la República serán elegidos conjunta y directamente por el Cuerpo Electoral por mayoría absoluta de votantes». O sea que entran en la cuenta absolutamente todos los votos emitidos (y no sólo los votos válidos, como sucede en todas partes y sería lo lógico). Es decir que se incorporan en esa categoría los votos en blanco y los votos anulados, como se dice en la cita anterior, pero además todos los votos observados, que suelen ser un buen montón, más todavía los votos rechazados. Estos corresponden a personas que tienen la ciudadanía suspendida por alguna causa, pero por error igual votan.
Todas estas categorías se acumulan a los votos por los demás 4 partidos, y van todos juntos en un platillo de la balanza, y en el otro se colocan exclusivamente los votos por el Frente, que deben ser más, aunque sea uno solo, para consagrar su victoria y omitir el balotaje.
Esto da la medida del esfuerzo que debemos desplegar en estas horas decisivas. Las dificultades han de obrar como acicate. Cada día se acumulan hechos que afirman la confianza: los actos en el Interior, el banderazo que se pasea por la República, y como culminación la marejada humana del domingo pasado. Los colores del Frente eclosionan por todos lados. Están en los frentes de las casas y en los autos, en los carritos tirados por caballos de los clasificadores y en los carritos de los maniseros. No hay techo para el crecimiento del Frente. Ni siquiera el hecho de haber votado a otro partido. Ahora se puede cambiar, y venir al Frente, que se lo merece por su fecunda obra de gobierno. Que la tasa de mortalidad infantil quede reducida a un dígito, y que Uruguay tenga la más baja tasa de mortalidad materna de América Latina, son hechos aleccionadores. A la vez, el Frente necesita ese apoyo para prolongar su obra, para extenderla y profundizarla en un segundo gobierno.
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