Sí, hay otras alternativas al neoliberalismo

Eduardo Daniel Olesker *

En la página de opinión y análisis junto al editorial del semanario Búsqueda del jueves último el contador Juan Carlos Protassi (último presidente del Banco Central del Uruguay durante la dictadura) titula su artículo: «Ricardo no tiene alternativas». No se refiere a David Ricardo, uno de los mayores exponentes de la Economía Política en la historia de la humanidad, sino a López Murphy nuevo ministro de Economía argentina al que el autor llama por su nombre de pila.

Y dice más adelante en medio de un extenso artículo:

«…y lo único que queda a López Murphy es bajar salarios y pasividades y lograr un shock de confianza para atraer inversión y aumentar la productividad»

Y en esa misma página y refieriéndose al mismo tema, el editorial del semanario dice:

» El desafío básico que enfrenta el flamante ministro de Economía López Murphy es ajustar las cuentas fiscales, al mismo tiempo que bajar el nivel de costos, salarios y precios internos, manteniendo la paridad del peso con el dólar» (el subrayado es nuestro).

No olvidemos al analizar estos temas que en plena campana electoral, el entonces asesor de los radicales ya planteó reducir los salarios como mecanismo para recuperar la competitividad.

Y entonces volvemos con estos editoriales a la idea que manejamos en la columna pasada en el diario LA REPUBLICA respecto al pensamiento único y al avasallamiento de la ideología dominante sobre que no hay otros caminos posibles que el que ellos nos plantean.

Y debemos recordar que Argentina es un país en el que la mitad de los que tienen trabajo ganan menos de 600 pesos (o dólares que allí es lo mismo) por mes y por ende estas propuestas acelerarán la concentración de los ingresos y aumentarán los problemas de las empresas que trabajan para el mercado interno, en general las de menor tamano y poder.

Pero igual que decíamos en la columna de la semana pasada nosotros no decimos que ésta no sea una alternativa y que la nuestra es la única que existe. Esta es una alternativa para mejorar la competitivdad, pues bajando los salarios y el gasto público social (que se incluye en los deseos de Protassi respecto a lo que debe hacer Ricardo López), aumenta la tasa de ganancia de las empresas y con ello pueden competir mejor en los mercados internacionales. Es decir recuperar competitividad a costa de los trabajadores y los consumidores del mercado interno para favorecer el crecimiento económico de los grandes conglomerados económicos. En Uruguay entre 1974 y 1981 la economía creció y expandió sus exportaciones, entre otras cosas por la drástica reducción de los salarios.

Pero está claro que no es la alternativa que nosotros queremos. Nos oponemos a un modelo de crecimiento que sustente su dinámica en la reducción de salarios, del gasto social y que reduzca los impuestos a los sectores más ricos de la población.

Pero no decimos que esa alternativa no exista. Existe, es viable, la han usado muchos países para competir exitosamente en el mercado internacional. Lo que afirmamos es que es MALA, es NEFASTA para los trabajadores y la mayoría de empresarios que trabajan en el mercado interno y es muy buena para la elite de poder que nuclea a los grandes exportadores, el gran comercio y el sector financiero.

Y frente a la alternativa que nos propone el neoliberalismo desde 1974 y profundizado en 1990, frente a ese modelo liberal, concentrador y excluyente nosotros levantamos una alternativa diferente. Una alternativa que en su esencia supone modificar drásticamente el rumbo de la política económica y que en lo esencial se resume en las siguientes medidas.

 

* Políticas activas de empleo, subsidiando a las empresas en función del aumento de la dotación de trabajadores que integren su plantilla.

* Políticas de empleo de los gobierno nacional y departamentales, priorizando en los pliegos de contratación de servicios, las empresas que asignen mayor dotación de personal.

* Políticas nacionales y municipales de apoyo a redes de cooperación productiva, tecnológica, financiera y comercial de pequenas y medianas empresas para mejorar su competitividad frente a las grandes emporesas. La experiencia municipal de la Emilia Romana (capital de Bologna) con 40 anos de gobierno comunista en un ejemplo de la viabilidad de estas propuestas.

* Políticas de regulación de precios en bienes básicos de la canasta familiar, en especial del área de alimentos y medicamentos.

* Aumento del salario mínimo y sus beneficios sociales correspondientes, así como aumento general de salarios para todos aquellos sectores cuyos salarios no lleguen a media canasta familiar. Para esto es imprescindible una ley marco de negociación colectiva y de fuero sindical.

* Política de construcción de viviendas que asegure un mínimo de un 4% del PBI asignado a dichas inversiones y que contemple por la vía del subsidio parcial el acceso a la vivienda de los sectores de menores recursos.

* Seguro Nacional de Salud que, a través de un aporte de las familias proporcional a sus ingresos, financie la atención universal de salud, priorizando un cambio en el modelo de atención y de gestión de las instituciones de asistencia médica.

* Incremento del presupuesto de la educación pública al 5% del PBI generalizando para el resto de la educación superior, la autonomía y el cogobierno.

* Políticas de mejora de los recursos para el Iname así como cambios en las políticas que tiendan a prevenir los problemas, más que a «curarlos».

* Cambios en el sistema tributario que implique baja del IVA, eliminación del impuesto a los sueldos (como se prometió en la campana electoral y se incumplió) e instrumentación de un Impuesto a la Renta de las Personas Físicas junto a un aumento del gravamen al patriomnio, es decir a las grandes fortunas.

 

Todo ello y unas cuantas medidas más, que por razones de espacio no podemos incluir aquí, forma parte de un nuevo modelo social y económico de reorientación de la producción y distribución de la riqueza en el país.

Mientras se van instrumentando los cambios en las formas de recaudación del Estado deben implementarse medidas de emergencia que supone el uso de reservas internacionales (que el país tiene en exceso) y un impuesto a las grandes riquezas por única vez que luego será sustituido por la propuesta del IRPF que ya describimos. Con esto financiamos lo inmediato, es decir un Plan de Emergencia, para luego complementarlo con las transformaciones de fondo que aquí proponemos.

Sin duda el gobierno de Batlle, representante de la elite de poder, resistirá por todos los medios una propuesta de este tipo, empezando por la forma más fácil de resistirla que es catalogarla de nostálgica, anacrónica y fuera del mundo real.

Por ello es necesario unificar fuerzas sociales, políticas y sindicales detrás de un gran frente que promueva y se organice en torno a este modelo alternativo.

Organizarse, movilizarse y proponer es la tríada que hoy más que nunca debemos impulsar, porque alternativa existe, sin duda.

* Economista

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