EDITORIAL

Mujica-Astori o Lacalle-Bordaberry

Faltan apenas 11 días para la elección nacional. Los distintos partidos políticos realizan los últimos esfuerzos por difundir sus propuestas y por conquistar lo que en definitiva es esencial en esta instancia: los votos.

Estos días que faltan y la encrucijada política que debe definir el Uruguay reclaman un esfuerzo grande para salir de la maraña mediática de dimes y diretes, frases, cruces dialécticos y concentrarse, en la medida de lo posible en lo esencial.

Lo esencial no son los candidatos y sus respectivas personalidades, aunque por supuesto son muy importantes. Tampoco solamente los programas de gobierno, que también son trascendentes, aunque menos difundidos.

En esta elección, como en la anterior de 2004, por primera vez en la historia del Uruguay, se enfrentaron y se enfrentan, dos propuestas de país, dos visiones de la sociedad, de sus prioridades y de la manera de proyectarse hacia el futuro.

Los partidos políticos son construcciones colectivas, tienen una historia, que los explica y no pocas veces los condiciona; un presente de actuación y además un horizonte de perspectiva futura. Expresan intereses concretos, económicos y sociales. Todo ello se expresa en un discurso político y en candidaturas y dirigentes. Muchas veces, la mayoría, los medios reflejan solo esta última dimensión y minimizan o directamente invisibilizan todo el resto.

Por ello a veces las cosas no se presentan en su justa dimensión y profundidad.

Hoy hay varios partidos políticos en la liza electoral, pero en realidad hay solo dos proyectos de país enfrentados y las decisiones que adoptemos los ciudadanos, más allá del partido que elijamos, juegan objetivamente a favor de uno u otro proyecto.

El gobierno del Frente Amplio, encabezado por Tabaré Vázquez asumió con 1.300.000 pobres. Con la crisis de 2002 cientos de miles de compatriotas quedaron excluidos de todo mecanismo de integración social; sin empleo, sin cobertura de salud, sin vivienda, miles de niños y jóvenes fuera del sistema educativo, cientos de miles sin garantizar la alimentación básica para sobrevivir.

El gobierno del FA debió hacer un esfuerzo gigantesco de recuperación social, de integración, y atender antes que nada, la emergencia social y la postración productiva.

Lo hizo con éxito, más allá de la pirotecnia electoral, nadie puede negar que el Uruguay y los uruguayos estamos mejor hoy que hace cinco años.

Pero la fractura social está lejos de cerrarse, se han dado los primeros pasos solamente, es imprescindible continuar por la senda de los cambios y profundizarlos para reconstruir el entramado social y proyectar una sociedad más justa.

La izquierda, el Frente Amplio y la fórmula José Mujica-Danilo Astori expresan esa posibilidad.

La derecha, en sus dos expresiones mayoritarias, el Partido Nacional y el Partido Colorado y en sus dos líderes dominantes, Luis Alberto Lacalle y Pedro Bordaberry, expresan, más allá de los discursos y el marketing, el retorno a las estrategias políticas y económicas anteriores, las que nos condujeron a la crisis y las que no supieron como sacarnos de ella. Expresan a los sectores sociales que se beneficiaron con esa estrategia y que quieren más de lo mismo, alcanza con escuchar a Ignacio De Posadas o a Isaac Alfie, por dar solamente dos ejemplos.

La verdadera disyuntiva que se dilucida en esta primera vuelta es entre la fórmula del cambio y la integración social, Mujica-Astori y la de la restauración conservadora, Lacalle-Bordaberry.

Es en torno a ese eje político, económico, social e ideológico que deben verse las alternativas electorales y por lo tanto definir el voto. En esta elección como en la de 2004, nada es neutro, más allá de la voluntad de quien individualmente busque alternativas.

La derecha no tiene fuerza, por separado para disputar la elección al FA, solamente lo puede hacer junta, como hace tres elecciones. Hoy se muestran en competencia, pero si hay segunda vuelta van a trabajar juntos, porque aún con matices, expresan el mismo proyecto.

Por eso, hay que saber separar la paja del trigo, lo esencial de lo anecdótico.

Lo que está en juego este 25 de octubre es en realidad una pulseada entre Mujica, Astori y el Frente Amplio o Lacalle, Bordaberry, el Partido Nacional y el Partido Colorado. Profundización de los cambios o restauración del anterior status quo. Ese es el dilema.

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