El Estado de Israel una vez más víctima de los atropellos mundiales

El informe de la ONU, firmado por Richard Goldstone, ha levantado las iras del establishment israelí. A principios de 2009, sectores palestinos desconfiaron ante su designación, ya que Goldstone, judío sudafricano, había declarado que su padre era un «ardiente sionista». Algo que adquiere un peculiar tinte, dicho desde Sudáfrica, puesto que durante décadas Israel y Sudáfrica jugaron una llamativa alianza geopolítica, elaborada sobre la base de origen, trayectoria y destino común (de la cual Israel prestamente, en su momento, se desmarcó).

Incluso más: el informe Goldstone menciona «crímenes de guerra y posiblemente crímenes de lesa humanidad» por parte del estado israelí con su invasión devastadora de diciembre 2008-enero 2009 y tipifica del mismo modo a acciones de los palestinos. Con lo cual «iguala» a ocupantes con resistentes.

Pero no es para criticar a Goldstone que presentamos estas consideraciones sino para analizar porqué la dirección sionista se rasga las vestiduras.

Mark Regev, vocero de Netanyahu declara: «Sería un error darle credibilidad a una misión que tiene más en común con una corte de canguros que con una investigación seria.» (D. Macintyre, Página 12, Buenos Aires, 17/9/2009). La frasecilla tiene una curiosa sintonía con la del canciller hondureño del presidente golpista Micheletti, que se refiriera despreciativamente a Barack Obama calificándolo de «aquel «negrito» ignorante que «no sabe ni dónde está Tegucigalpa». Enrique Ortez Colindres pagó con su cargo tamaña osadía, algo a lo que una red de poder como la israelí no necesita exponerse; le auguramos larga actividad «representativa» a Regev.

¿Por qué la reacción israelí? Porque el informe afirma que ha habido violaciones a los derechos humanos, matanza de seres humanos absolutamente al margen de toda «comprensión» militar o judicial. En suma, porque se afirma que Israel actúa criminalmente. Y anuncia que quienes han cometido diversas atrocidades, podrían caer en la órbita de la Corte Penal Internacional.

Allí está el vejamen: no mantener la impunidad planetaria que Israel ha gozado durante sesenta años. ¡Y todo porque han sido masacrados algunos centenares de niños y actos por el estilo!…

Israel, celosa democracia, de inmediato puso su comportamiento bajo la lupa… de los militares israelíes. Jana Beris (La Nación, Bs. As, 15/9/2009) nos cuenta que: «[…] el gobierno en Jerusalén recordó que hasta ahora, el ejército ya ha abierto investigaciones de más de cien acusaciones sobre el comportamiento de sus fuerzas […]. ‘La mayoría han sido cerradas ya que lo alegado fue hallado sin fundamento'».

¡Qué divorcio entre el orden jurídico y la realidad! Miles de cadáveres entre escombros, decenas de miles de hogares destruidos, una sociedad literalmente aplastada y desecha, sin agua corriente, con vías de comunicación cortadas, sin alimentos o con provisiones absolutamente por debajo de todo mínimo admisible, con cloacas despanzurradas; con terror diseminado como una plaga, mezquitas y escuelas (hasta de la ONU) hechas polvo mediante artillería con alumnos y docentes adentro; hospitales destrozados durante ataques, servicios médicos que no cuentan ni con material de emergencia, quirúrgico ni higiénico (el gobierno israelí bloquea todos esos suministros). Todo eso a cargo de un ejército que se construyó sobre territorio palestino, que cargó contra la población que vivía allí desde hace milenios y… no hay delito.

La elite política sionista se desespera por el «igualitarismo» malsano de Goldstone, que se permite comparar las acciones de «los terroristas» con «las atenidas a derecho» del estado israelí.

El canciller Danny Ayalon declara en Nueva York: «el informe Goldstone es un intento peligroso para dañar el principio de autodefensa de los estados democráticos». En rigor, si alguien puede hablar de autodefensa, cronología a secas, sin incursionar en otras consideraciones políticas, ideológicas, religiosas, ateniéndonos a los hechos tanto como nos sea posible, son los palestinos.

Habría que aclararle a Ayalon, que la calidad de «estado democrático» con la que pretende ejercer tales reclamos «contra el terrorismo» es en sí bastante problemática. Ya deberíamos saber que muchos estados más o menos democráticos son capaces de ejercer el terrorismo. ¡Y qué terrorismo, terrorismo de estado!

Pero la oratoria de la indignación rinde. Por eso Ayalon prosigue su catilinaria ante un comité judío estadounidense (Página 12, ibíd.) diciendo que el informe era: «un intento cínico de revertir roles culpando a Israel por crímenes de guerra en lugar de culpar a las organizaciones terroristas».

¡Como si el estado israelí no tuviera organizaciones terroristas! ¡Como si no se hubiera construido sobre la base de organizaciones terroristas! Las primeras acciones terroristas en la Palestina moderna, de 1924 para aquí, la llevaron siempre a cabo los sionistas; asesinatos políticos, copamientos de aviones, todas salvo autoinmolaciones. Que Ayalon hable con tanto desenfado poniéndose en el lugar de víctima, habla de la enorme soberbia que caracteriza a la dirigencia israelí.

Pero Ayalon no es tonto. Cuenta con el apoyo del lobby judío estadounidense.

Pero una cosa son las elites políticas, económicas, culturales. Y otra la gente nomás. En Europa está brotando con fuerza un movimiento de boicot a Israel. BDS es su sigla.

Y no sólo en Europa. En el parlamento brasileño se acaba de plantear el congelamiento del infame tratado de libre comercio con Israel decidido entre bambalinas en el Mercosur sin participación de la sociedad civil.

Israel, arquetipo de sociedad-cuartel, va a tener que rendir cuentas.

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