El modelo que propone el Partido Nacional
Si alguien en Uruguay aún abrigaba alguna duda respecto del credo económico del doctor Lacalle, éste se encarga periódicamente de proclamar su adhesión incondicional al modelo LACE (liberal, aperturista, concentrador y excluyente) reivindicando la validez del neoliberalismo, cuyo auge en los ochenta y noventa condujo directamente a la ruina a más de una nación que hizo suyas las recetas del Consenso de Washington.
Teniendo como mentores a Milton Friedman y más atrás en el tiempo a Adam Smith, el doctor Lacalle y sus asesores más notorios en materia económica (como el doctor Ignacio de Posadas, paladín del neoliberalismo) insisten en rescatar las recetas que fracasaron y proponen su aplicación como panacea para un eventual gobierno nacionalista. Si algo hay que reconocerle al candidato blanco, es su coherencia ideológica y su consecuencia con los principios que guiaron su gobierno entre 1990 y 1995. No ha escarmentado; los fracasos de esas recetas no han hecho mella en su sólido corpus doctrinario.
La infausta metáfora de una motosierra para con ella talar el gasto público encaja a la perfección en lo que es el pensamiento económico del presidenciable blanco. Revela pedagógicamente el pensamiento, la ideología y la mentalidad del doctor Lacalle, y desacomoda a su compañero de fórmula, el doctor Larrañaga, que ha pasado los últimos cinco años intentando ofrecer una imagen políticamente de centro y económicamente progresista o, al menos, anti neoliberal.
Por si esto fuera poco, recientemente Lacalle acaba de declarar su ferviente adhesión a la más absoluta liberalización del funcionamiento de las sociedades anónimas. Bajo su hipotético segundo gobierno, debemos entender que el doctor Lacalle pretende impulsar la instalación de sociedades anónimas «para lo que sea», según sus propias palabras. De tal extremo puede inferirse que en un segundo gobierno de Lacalle renacerán, cual Ave Fénix de entre las cenizas, las famosas SAFI, las sociedades anónimas financieras de inversión, que tantos beneficios produjeron para el estudio del doctor De Posadas y que sirvieron a maravilla para blanquear capitales negros.
La respuesta a tan peregrina idea no se hizo esperar. Los máximos jerarcas de la Junta Nacional de Drogas Jorge Vázquez y Milton Romani señalaron los peligros que encierra la propuesta lacallista recordando que fue a través de las SAFI que se lavó dinero proveniente del narcotráfico. Pero Lacalle sigue aferrado a su proyecto de hacer del Uruguay un país de servicios y un paraíso fiscal apto para atraer capitales de origen espurio.
A medida que transcurre la campaña electoral, el candidato presidencial del Partido Nacional confirma, a través de sus declaraciones, que mantiene sus rasgos más típicos. Propone un modelo de país radicalmente opuesto al de las fuerzas progresistas; su propuesta es claramente restauradora: eliminar los avances impulsados por el gobierno de izquierda y restaurar todo aquello que tanto daño le hizo al país.
A todo esto, ¿cómo queda el líder de Alianza Nacional, derrotado en las internas y hoy compañero de fórmula del doctor Lacalle? ¿Cómo hace para acompañar una propuesta de gobierno tan diferente de la suya? Aparentemente, se ha visto obligado a abandonar el centro y dar un paso a la derecha, arriando sus banderas y cobijándose bajo las de su adversario, en una metamorfosis inexplicable.
Una vez más, el imán conservador de Lacalle vuelve a derechizar a un Partido que supo ofrecer una opción progresista.
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