Mujica y la pobreza

Nuestra organización como movimiento social busca organizar a nuestro pueblo dentro del flagelo de la lucha contra la pobreza, la desigualdad social y el acceso a la vivienda con su consiguiente permanencia en ella.

Las variables económicas cíclicas y las crisis recurrentes siempre se han posesionado de una manera cuestionadora a la estabilidad, la permanencia y el afincamiento de nuestros compatriotas en sus casas producto de: aumento, ajuste, reajustes y subas de cuotas astronómicas que desafiaban, retaban y obligaban a optar a los uruguayos por comer o pagar su vivienda.

Sin lugar a dudas que el éxodo de los trabajadores de la ciudad a los asentamientos encuentra aquí una de sus principales causas, la desigualdad y la exclusión de un sistema.

En 1991 hubo 10.000 desalojados, la eliminación del subsidio a la familia con la creación del Ministerio de Vivienda por parte de Lacalle, abolió lo que protegía, amparaba y resguardaba a los uruguayos de las crisis sociales, políticas y económicas.

Este prefirió y optó por subsidiar a los ladrillos, a las ganancias de las empresas constructoras.

Amparó a los ladrillos que conformaban la casa y no a quienes estaban dentro de ellas, de esa manera se transfirieron millones de dólares a los vivos de siempre.

Nuestros barrios cooperativos, conformados en un 80% por trabajadores asalariados y jubilados en el marco de un país humillado y sumido en 1.000.000 de pobres, fue duramente golpeado con el cierre de las industrias textiles, metalúrgicas, vestimenta y la diezmada construcción.

A pesar de ello, a diferencia de los condenados al éxodo permanente, que tienen que dejar la ciudad e irse a la periferia aún, a los excluidos de usar y permanecer en la ciudad, antepusimos la organización de los trabajadores empobrecidos que fue esa herramienta la que nos posibilitó y nos posibilita ser parte de ella aún, pues para que esta sea democrática hay que luchar por una ciudad inclusiva que integre y contenga a sus trabajadores en ella y nos los excluya y expulse.

La lucha no es por los pobres, es contra la pobreza y por la inversión necesaria que la contenga y no se multiplique.

Sabemos que Mujica no asistirá a los pobres, los organizará y fortalecerá.

Sabemos que Lacalle no asistirá a los pobres, los desparramará y aumentará.

La consigna es organizarnos, por ello Fucvam participó junto a distintas Intendencias y al Mides con 10.000 familias en este período.

Estamos ante un hecho político histórico, la historia interpela al predominio de 174 años del país de unos pocos vs. la construcción de un país para todos, sin barrios exclusivos para los perfumados versus barrios con baños y peluquerías para los ignorados.

Debemos participar activamente en esta lucha instalada institucional y electoral que no es nada malo, lo malo es hacer sólo eso.

El cemento que nos una a esta lucha debe ser la unidad entre las distintas formas de organización popular, desde movimientos sociales, sindicatos, partidos políticos y lograr organizar la gente para la lucha contra nuestros enemigos comunes.

Conscientes somos de que los movimientos sociales tenemos autonomía de los partidos y que esta no significa oposición sistemática, es una autonomía organizativa necesaria, pero debemos ser complementarios en la construcción de la unidad incansable en torno a un proyecto político de transformación social de nuestro país.

Debemos asumir y no delegar, esquivar la trampa del electoralismo idealista y el revolucionalismo sectario, por ello, al igual que en esta etapa que culmina nos propondremos a transferir solidaridad y organización a 10.000 jóvenes que vivan en las periferias como continuidad de las experiencias ya concretadas.

A la guerra de nuestros gurises liceales que asistimos con dolor, la debemos combatir con la paz que genera la transmisión de valores, conciencia y organización, pues lo que no deja organización sólo es caridad y no cuestiona.

Impacientes estamos por seguir organizando y concientizando en unir pasado y presente por un futuro.

Compañeras y compañeros: aquellas aguas trajeron estos barros, la impunidad y la desmemoria son armas letales, por ello no olvidamos y reivindicamos la organización de los pobres, y no sólo trabajar con los pobres.

Como dijo el compañero Hugo Cores, «nadie ni dentro ni fuera de los cuarteles hace acto para conmemorar el día de los caídos en la miseria, en la escasez, en la enfermedad».

Hagamos de nuestros actos de cotidianeidad hoy más que nunca, el mejor homenaje a ellos.

Porfiadamente vayamos por más, a contrapelo del desamor del sistema que nada sabe de desprendimiento, como dijo Jean Luc Godard: «el amor es querer dar lo que no se tiene a alguien que no lo quiere»

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