Razón y afecto para ganar en octubre
Cuando corrían estos meses durante la última campaña electoral de 2004 se dijo que Lula le había recomendado a Tabaré Vázquez realizar una campaña «chata como un plato». Esa afirmación nunca fue confirmada, pero los benditos hechos demostraron que el hoy Presidente de la República se pronunció a favor de una confrontación sin grandes conflictos.
Es cierto que 2004 no es igual a 2009, entre otras cosas porque por primera vez el Frente Amplio tiene que hacer una campaña de futuro, pero defendiendo la gestión de su actual gobierno, exitoso por donde se lo mire. Afirmación que no sólo ha sido reconocida por la mayoría de los uruguayos más del 62% apoya a Vázquez sino también por los organismos internacionales de crédito y la propia Hillary Clinton.
Este reconocimiento ha puesto nerviosos al doctor Luis Alberto Lacalle y su entorno directriz, recurriendo muchas veces a la agresión, a los descalificativos y a la falta de ideas en sus propuestas.
El enchastre se ha vuelto estrategia fundamental del Partido Nacional, lo que ha puesto al Frente Amplio en la disyuntiva de si debe responder o no. En muchos casos la izquierda no ha tenido otra opción que la respuesta casi con el mismo nivel de agresividad, pero todos somos conscientes de que ese no es el mejor camino.
El desafío inmenso que tiene el Frente Amplio a un mes de las elecciones nacionales, es llegar al 25 de octubre con una gran propuesta nacional que llegue a la razón y al corazón de los uruguayos.
La razón está en las propuestas de gobierno para cinco años más, pero también está en la esquina de cada barrio. No hay que ir a buscarla a extensos documentos, sino que están en la vivencia diaria de los compatriotas.
Sólo un ejemplo: el domingo pasado en la esquina de Comercio y Ricaldoni un niño de unos diez años estaba sentado en el piso con su XO, en una parada de ómnibus. El muchachito jugaba, soñaba y pensaba, vaya a saber uno qué. Pero en sus manos tenía una herramienta formidable, que abrazaba como a un osito de juguete.
Basta ir a la cola de los jubilados, a las puertas de las fábricas, al Hospital de Ojos, a las policlínicas, al Interior profundo, para comprobar que los uruguayos siguen exigiendo de sus gobernantes, pero a la vez tienen un profundo reconocimiento por lo realizado por el actual gobierno del Frente Amplio.
Alcanza con subir a un taxi y hablar con el tachero, para que en el 80% de los casos uno escuche que la jornada valió la pena y no es como antes, que los clientes se contaban con los dedos de una mano.
El futuro depende del relato de los dirigentes, que por cierto tendrán que saber demostrar que lo realizado no alcanza, pero que lo construido hasta ahora es la piedra fundamental de nuevos sueños y realizaciones.
A la vez el afecto, la forma de dialogar con la gran mayoría de los uruguayos, pasa por un buen lenguaje por cierto populares, correctas actitudes y saber trasmitir y debatir con sentido de pueblo, de encuentro y de grandeza.
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