La neutralidad no es nuestra posición
Desde hace algún tiempo se ha instalado en la sociedad uruguaya un debate sobre la independencia de clase que tiene que tener el movimiento sindical respecto a los partidos políticos.
Parece que algunos integrantes de la sociedad han hecho una especialización de cómo debería moverse el movimiento sindical en el seno de la sociedad. Desde algunos integrantes del Partido Nacional, incluyendo a la ex ministra Ana Lía Piñeyrúa que ha insistido que el movimiento sindical pierde independencia cuando participa en una Marcha de la Esperanza y en una Operación Memoria, para recordar entre otras cosas que entre los años 1992 y 2004 no hubo negociación colectiva en Uruguay, que no se convocaron los Consejos de Salarios y que algunas ramas de actividad no tuvieron aumento de tipo alguno durante muchos años, ni siquiera el de la inflación. Es decir, se tuvo pérdida salarial en muchos sectores de actividad, sobre todo en los que la sindicalización no era potente.
Consultada sobre el tema en una radio de la capital la ex ministra dijo con mucha soltura dos cuestiones insostenibles. La primera que durante su ejercicio de gobierno el PIT-CNT no solicitó la convocatoria a los Consejos de Salarios y la segunda que la responsabilidad de la baja afiliación de la época era de responsabilidad exclusiva del movimiento sindical. A ese respecto me permito recordarle a la sociedad que el 6º Congreso del PIT-CNT desarrollado entre los años 1996 y 1997 resolvió, como primer punto de la plataforma, la convocatoria inmediata de los Consejos de Salarios y entre los primeros puntos la aprobación de una ley de negociación colectiva, cuestión esta que logramos recién en el año 2009. Menos mal que no bajamos los brazos.
Respecto a la baja sindicalización, debería recordar que centenares de industrias nacionales cerraron y se veían en las ciudades esqueletos de lo que alguna vez habían sido fábricas. Claro que fue un acto de resistencia mantener al movimiento sindical organizado y con la mayor afiliación posible, entre otras cosas para evitar privatizaciones. Cuando no pudimos evitarlas ya hemos visto como nos fue. Ejemplo de ello, la Compañía del Gas adquirida por Gaz de France que mantuvo despedidos a 9 dirigentes sindicales por más de 9 años: sí, leyó bien, por más de 9 años. O el caso de Pluna. Con estos ejemplos sobra para entender nuestra resistencia.
Pero, por sobre todo lo que olvida la ex ministra es que el Estado debe promover la actividad sindical. A mí me gustaría encontrar alguna medida de promoción de la actividad sindical que haya sido tomada durante su gobierno. En este caso, los números hablan solos: de 260 mil afiliados en el año 1988 pasamos en el año 2001 a algo más de 110 mil. En el año 2008 llegamos a 320 mil, la afiliación más grande de la historia del Uruguay.
Hablar de estos temas no es salirse de la independencia y autonomía que debe mantener el movimiento sindical, es sencillamente no ser neutral. ¡Cómo va a ser lo mismo para el movimiento sindical tener tres veces más afiliados, gracias a que se abrieron caminos más democráticos de relaciones laborales!
¡Cómo va a ser lo mismo tener una ley de negociación colectiva del sector privado y público a no tenerla! ¡Cómo va a ser lo mismo que los trabajadores rurales tengan jornadas de 8 horas en contraposición a las que quisiera el patrón! ¡Cómo va a ser lo mismo poder reclamar los créditos laborales cinco años para atrás que sólo dos como acontecía! ¡Cómo va a ser lo mismo tener licencia para rendir exámenes en el sector privado a no contar con ella! ¡Cómo va a ser lo mismo que los que no tienen dinero se puedan operar de cataratas para poder ver a que no lo puedan ni soñar! ¡Cómo va a ser lo mismo que cada niño que va a una Escuela pública acceda a un computador en la sociedad del conocimiento a que no tenga ese derecho!
Estos son sólo algunos ejemplos de los logros que hemos alcanzado. Lo hemos hecho como sabemos: movilizándonos, parando, difundiendo nuestras demandas, dialogando, pero ahora con otras herramientas. Estas afirmaciones no nos hacen perder la independencia. Nos hace no ser indiferentes ante cambios positivos que hemos conquistado para los trabajadores y la sociedad en su conjunto.
Hace pocos días asistieron a la casa del PIT-CNT el Dr. Luis Alberto Lacalle y su compañero de fórmula el Dr. Jorge Larrañaga. En su intervención, el Dr. Lacalle mencionó a los dirigentes sindicales que lo acompañaban, miembros todos ellos de la Secretaría de Asuntos Sociales, todos ellos compañeros nuestros del movimiento sindical, todos ellos militantes del Partido Nacional que aspiran, según lo informado por un diario, a ocupar puestos en el Secretariado Ejecutivo. Según esto, la afirmación de que los dirigentes sindicales no tienen que tener posiciones políticas, se aplica a todos, salvo a los militantes del Partido Nacional. Creemos que los militantes sindicales, igual que los médicos, los empresarios, los jubilados, las jefas de hogar, tenemos el derecho de militar en política y debemos ejercer los derechos que nos da la Constitución en el partido que creemos defiende mejor nuestros intereses y el de la sociedad en su conjunto y que no nos pueden quitar los discursos provengan de donde provengan.
Muy a menudo se nos dice que perdemos la independencia porque muchos de nuestros hombres y mujeres militan en política y son candidatos de diversos partidos políticos. Por momentos nos asombra porque muchos de nuestros fundadores fueron miembros del Parlamento, como Wladimir Turiansky, Héctor Rodríguez, Luis Iguini, Enrique Rodríguez y ni que hablar de la generación 83 tanto en el ámbito sindical como estudiantil. Ejemplos de ello, el Cholo Bentancour, Oscar Groba, Bayardi, Javier García, Pablo Iturralde, Jorge Gandini, Thelman Borges, Pedro Balbi, Daisy Tourné, Roque Arregui y tantos otros. Esto demuestra que a lo largo de nuestra historia los militantes sindicales y estudiantiles han participado en política. Pero el ejemplo más claro es que nuestro querido Presidente el compañero Pepe D’Elía fue candidato a vicepresidente en el año 1984 y luego de terminar su campaña electoral volvió a las filas del movimiento sindical hasta sus últimos días.
Con esto quiero decir que ratificamos nuestro criterio de independencia, que refiere a no consultar a ningún partido político para tomar nuestras posiciones y decisiones, que desde nuestro punto de vista no significa ser indiferentes y mucho menos neutrales.
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