EDITORIAL

¿Ineptitud e ignorancia?

Durante la campaña electoral, que ya arrancó con todo, la fórmula nacionalista ­en su afán por denostar al gobierno popular­ apela a todo tipo de recursos sin importarle que los mismos sean adecuados o no, prescindiendo de la veracidad o falsedad de sus afirmaciones, tergiversando la realidad con tal de lograr su meta, que es, como queda dicho, desprestigiar al gobierno y minimizar sus logros.

En ese contexto se inscribe la afirmación de la fórmula blanca, que en ese frenesí por convertir en fracasos los logros del gobierno (vano intento, vale aclarar), ha sostenido, muy suelta de cuerpo, que el déficit fiscal había aumentado ocho veces más de lo anunciado por Danilo Astori cuando era ministro, y que se verificaba un aumento considerable de la deuda bruta.

Como era de esperar, Astori no vaciló en demoler la ligera afirmación de la dupla Lacalle-Larrañaga. Explicó, con paciencia pedagógica, que esa sentencia de la fórmula blanca no tenía en cuenta la deuda neta sobre la producción, que bajó 40 puntos respecto de la de hace cuatro años: pasó de 66 por ciento a 26 por ciento. Pero además, Astori no desperdició la ocasión para señalar otro error conceptual: al referirse a la carga fiscal, la fórmula blanca afirmó que la deuda representa dos o tres veces la tributación. «No saben de qué están hablando», retrucó Astori, pues «con el nuevo sistema tributario la carga fiscal bajó respecto al anterior sistema tributario, y la presión tributaria en su conjunto es hoy menor que en los gobiernos anteriores».

Prosiguiendo con su reflexión, el ex ministro y actual candidato a la Vicepresidencia concluyó: «Sólo cabe pensar en dos alternativas: o una enorme ignorancia, una enorme ineptitud para manejar los temas económicos, o mala fe. Y como no tengo derecho de acusarlos de mala fe, prefiero pensar que son ignorantes e ineptos».

Terminante y sin apelación. Muy sutilmente, la alternativa planteada por Astori es de hierro. El que hace afirmaciones de ese tenor, afirmaciones falsas o erróneas, puede hacerlo porque actúa de mala fe o porque no sabe nada de cuestiones económicas. No importa qué opción se elija, el resultado no es nada halagüeño para aquellos a quienes va dirigido el mensaje. Y como el propio Astori descarta a priori la mala fe (una acusación que pondría en tela de juicio las condiciones morales de los integrantes de la fórmula blanca), la conclusión no puede ser otra que han expresado tales dislates por ignorancia e ineptitud; dos atributos que no rozan la moral de los candidatos pero que no los enaltecen. Por eso, llama la atención la reacción de Lacalle-Larrañaga ante la aseveración de Astori, manifestando sentirse ofendidos, como si la ignorancia o la ineptitud fueran condiciones morales; el ignorante o el inepto pueden ser individuos de una moral intachable aunque no sean capaces de comprender a cabalidad la compleja ciencia de la economía.

No se sientan ultrajados, pues. Simplemente, tomen conciencia de sus limitaciones intelectuales y no insistan en opinar de cosas que ignoran. El problema radica en que los ignorantes e ineptos no se destacan precisamente por su capacidad de autocrítica, de modo que no es imposible que vuelvan a caer en sofismas, tergiversaciones e interpretaciones erróneas de la realidad económica.

En razón de ello es que lanzamos un llamado de alerta: debemos estar muy atentos ante las andanadas de críticas sin fundamento que vendrán en el transcurso de la campaña, para refutarlas con la misma solidez del compañero Astori.

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