Guerra fría en América
Hay tres clases de periodistas: los comunicadores, que informan, los periodistas de opinión, que forman, y los mercenarios de las noticias, que deforman. A veces, la mejor manera de mentir consiste simplemente en no informar.
Durante el mes de julio y tras la acusación de Alvaro Uribe, la CNN, como corresponde, difundió la noticia, una y otra vez, de que algunas armas que Suecia vendiera a Venezuela terminaron en manos de las FARC, lo que traducido al criollo significaría que Hugo Chávez sería cómplice del grupo terrorista. Pocos días después, en la primera semana de agosto, el presidente venezolano demostró, documentación en mano, que las armas fueron robadas en 1995 por los guerrilleros, tras un ataque al puesto naval de Carabobo, cerca de la frontera con Colombia. Por ese año, Chávez ni siquiera era presidente. De acuerdo al acta de la época, además de asesinar a 14 infantes de marina se llevaron 18 fusiles, municiones y cinco lanzacohetes AT4.
Conociendo las reglas del juego, quedé esperando todo el resto de la semana que la CNN comunicara tan importante novedad, puesto que si difundió la acusación, era de toda justicia hacer lo mismo con una defensa tan contundente. Todavía sigo esperando.
También llama la atención que el documento de Colombia tenga la fecha del 29 de octubre de 2008 y recién fuera entregado al canciller Nicolás Maduro en junio, algo similar a lo ocurrido con el video del «Mono Jojoy», el cual tras una debida edición de las Fuerzas Armadas colombianas buscaría comprometer a Rafael Correa con las FARC. El video fue incautado muchos meses atrás, pero recién se dio a conocer a mitad de año. ¿Por qué? Porque la Justicia ecuatoriana, luego de todo un año de investigación independiente, terminó pidiendo la captura internacional del ex ministro de Defensa de Uribe, el hoy candidato presidencial Juan Manuel Santos, un oscuro político que tiene las manos manchadas de sangre pero es respaldado por los poderosos medios de comunicación que su familia posee.
También llueven las calumnias sobre Correa y Chávez en momentos en que Uribe, en un acto de vergonzoso cipayismo, acuerda con EEUU la instalación de bases militares en su territorio.
Uribe, tras la incautación de las armas suecas, acusa a Chávez de colaborar con las FARC, pero cuando militares norteamericanos fueron sorprendidos en 2005 llevando armas a los paramilitares, ni se le cruzó por la cabeza la idea de acusar al gobierno de George W. Bush de colaborar con los psicópatas de las motosierras.
Volviendo a la poderosa CNN, también en julio difundió la alarma de que Chávez estaba cerrando cientos de medios de comunicación opositores. A este equipo de gente encantadora se le olvidó mencionar que, si bien no se renovaron 34 frecuencias por ilegalidades de las mismas, tanto en la manera en que habían adquirido la concesión como por evasiones tributarias, sí se renovaron otras 72. No se mencionó que de los 1.112 medios radioeléctricos de Venezuela cerca del 65 % son privados, el 25 % comunitarios y sólo un 10 % estatales. CNN no cuenta que los medios a los cuales no se les renovó el permiso tuvieron la oportunidad de demostrar su legalidad y no lo hicieron, ni cuenta ni contará que algunas de estas «víctimas del régimen dictatorial», teniendo permiso para operar una frecuencia usufructuaban cuarenta de manera fraudulenta.
En una entrevista de Gabriel Mazzarovich, el embajador Franklin González comentó: «Resulta que el 32% del espacio radioeléctrico venezolano pertenece a 27 familias, de las cuales sólo el 9% paga tributos o tiene permisos legales; el 91% es ilegal totalmente. (…) Los concesionarios que tienen su situación legal, que son la mayoría, no tuvieron ningún problema y siguen emitiendo».
Esto jamás lo comunicarán ni CNN ni el New York Times.
Estos medios difundieron ampliamente la irracional agresión de un grupo chavista a Globovisión, pero las enardecidas palabras de Chávez contra la dirigente Lina Ron y su deseo de que cayera sobre ella «todo el peso de la ley» porque «le hace daño a la revolución» fueron transmitidas por Telesur, pero no por CNN. Los adictos a esta cadena se habrán quedado pensando que el presidente apoyó la agresión.
Es difícil pretender que el equipo de CNN se entere de ciertas cosas cuando su salario depende de que no lo haga.
En el extremo de las ironías EEUU y Colombia acusan a Bolivia, Ecuador y Venezuela de apoyar al narcoterrorismo, pero el mayor productor y exportador de drogas en América es Colombia y el mayor importador y consumidor Estados Unidos.
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