EDITORIAL

Blancos y  colorados tienen  que hablar claro

Los partidos tradicionales, también el Partido Independiente y Asamblea Popular, no se han definido en torno a los dos plebiscitos: anulación de la Ley de Caducidad y voto epistolar.

Ambas definiciones son trascendentes y hacen a lo que será la democracia uruguaya en los próximos años. No es poca cosa, por cierto.

No será lo mismo un Uruguay con el peso de mantener la impunidad a que termine anulado por siempre, declarando que aquellos acuerdos del miedo fueron declarados írritos, nulos y disueltos, sin ningún valor para siempre.

A la vez, nuestra sociedad que ha sufrido la emigración de forma casi insultante, necesita recuperar a los orientales e hijos de orientales que están dispersos por el mundo, pero que siguen siendo uruguayos a pesar de vivir en otras esquinas del mundo.

Como dijo Eduardo Galeano, ser uruguayo no pasa por el domicilio.

Los dos plebiscitos son, entonces, profundamente democratizadores y van a trascender a los distintos gobiernos que se van a suceder.

Pero los partidos tradicionales, blancos y colorados, más los independientes, se esconden detrás de las indefiniciones y se limitan a decir que sus partidarios tienen libertad de acción.

En ese acto, esas colectividades políticas se disuelven, al no definirse. Como el país necesita de fuertes partidos políticos, es necesario que blancos y colorados tomen una resolución orgánica al respecto y que después, si quieren, den la libertad de acción.

La ciudadanía uruguaya necesita, por su salud cívica, que todos los partidos se definan ante temas tan trascendentes. En este sentido es de esperar que la próxima convención del Partido Nacional asuma una postura clara, definida, como forma de transparentar el debate de los uruguayos que el próximo 25 de octubre eligen a su nuevo Presidente de la República y la posibilidad de que continúen las realizaciones del programa progresista o se vuelva a la vieja y trágica época del neoliberalismo.

En estos últimos días la democracia uruguaya mostró su fortaleza, cuando una fiscal propuso una condena de 45 años para el ex dictador Juan María Bordaberry. Por eso todas las fuerzas políticas tienen que dar señales de si van a seguir caminando por el camino de la profundización de la democracia y de la libertad o si van a permitir que se restaure la impunidad en todos los planos, incluso en lo que tiene que ver con la falta de seguridad de quienes pueblan el Uruguay.

La prioridad es que el Frente Amplio, con José Mujica a la cabeza, vuelva a ganar las elecciones en octubre, pero ese triunfo inmenso tiene por delante el desafío de la anulación de la Ley de Caducidad y la aprobación del voto epistolar.

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