La higiene y la pulcritud, metas prioritarias
Merced a la sensibilidad sin par de las pituitarias del doctor Lacalle, el país se encaminará siempre y cuando la ciudadanía tenga el buen tino de elegirlo para conducir nuestros destinos a la verdadera solución de sus problemas acuciantes.
Parece que en alguna recorrida por los barrios alejados de la rambla, durante la campaña por las internas, el ex presidente percibió aromas desconocidos para él. Acostumbrado al olor del café recién hecho, al bouquet del Chivas 12 años (que no es lo mismo que el olor de un chivo de 12 años), al Magie Noire que sin dudas usa su esposa, o al salitre esteño, su olfato (me refiero a su sentido del olfato físico, porque el otro, el olfato político es el que lo llevó a mezclarse entre el chinchaje) su olfato, decía, le permitió sentir desagradables olores rancios, extraña mezcla de basura y vino lija, de mugre añeja y aguas servidas, nada que ver con el aroma de los eucaliptos, los pinos y las flores de Carrasco a los que está acostumbrado.
Esa experiencia inédita le permitió descubrir la miseria y lo llevó a reflexionar sobre la guetización urbana. Fruto de esas agudas reflexiones es su propuesta programática de realojar a los habitantes de los asentamientos en preciosos chalets de 30 metros cuadrados, ideales para liliputienses. Pero el genio del líder blanco no se agotó en esta iniciativa. Mientras se construyen esos núcleos básicos evolutivos, y para eliminar los olores indeseables, el doctor Lacalle propone instalar duchas y peluquerías para que los pobres malolientes se prolijeen un poco y no hiedan tanto. También habrá consultorios médicos o policlínicas para atenderlos, no faltaba más, pero lo más importante es la intención de que esos marginados adquieran hábitos de higiene. De ese modo, explicó el candidato blanco a Búsqueda (jueves 30/07/09, páginas 4 y 5), se les mostrará que «se puede acceder a ese tipo de vida, iniciar el círculo virtuoso e incorporar hábitos en ese sector de la población para así evitar que Uruguay tenga una sociedad latinoamericana típica».
Yo, que hasta ayer nomás me contaba entre los indecisos, me conmoví con la sensibilidad social de Lacalle y ahora estoy dispuesto a acompañarlo con devoción. Se abre una perspectiva venturosa para nuestra patria, que en el futuro será territorio libre de malos olores. El hombre es bicho de costumbres, y no bien empiecen a tomarle el gusto al baño y al cabello sometido al brushing, los uruguayos de los asentamientos dejarán automáticamente de vivir en la indigencia y pasarán todos a la clase media. Pensar que la solución era tan sencilla y a nadie se le había ocurrido… Ni siquiera al bueno de Cuqui, que bien podría haberla implementado en su gobierno. Pero bueno, más vale tarde que nunca.
En fin, como decía, el futuro será brillante. Imagínese a los hurgadores impecables, peinados, afeitados, oliendo a Axe; y a sus cónyuges con la cabellera al viento después de haberse sometido a las bondades de L’Oréal y de Pantene, y perfumadas con Cacharel. Todos felices arriba del carrito. Y ni te cuento las domésticas, que cuando vuelvan al trabajo después de haber pasado el domingo con su familia, ya no traerán efluvios del Pantanoso y uno no tendrá que encender sahumerios para soportarlos cuando la sirvienta nos trae el desayuno al dormitorio.
Bueno, Cuqui, seguí proponiendo ideas tan brillantes como ésta. Junto con la advertencia a los inversores y la metáfora de la motosierra, esta última propuesta nos asegura seguir creciendo en intención de voto.
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