EDITORIAL

¡Arriba las Pymes del Uruguay!

El mundo se ha caracterizado desde fines del siglo anterior por un acelerado proceso de globalización, que como todas las cosas contiene elementos positivos y negativos, es la interrelación de los polos de una contradicción.

Como decíamos, nos ha traído algunas ventajas y unas cuantas desventajas partiendo de la base de nuestra pequeñez, ya que, en realidad, la globalización es la forma elegante de instrumentar un mecanismo para que los grandes (en todos los niveles de la economía, las finanzas, etc., etc.) pudieran aumentar sus ganancias, en detrimento de los pequeños.

La globalización permitió a escala Uruguay, no solamente que entraran grandes compañías mundiales y regionales, sino que se llevaran adelante políticas (que en realidad se venían desarrollando desde mucho antes) por las que se beneficiaba a los más poderosos por aquello de «hay que vender, hay que exportar» y, por otro lado se abrían las puertas al capital financiero internacional, generando una plaza por la que transitaba todo tipo de capitales que le daban cierta fluidez al sistema financiero del país, pero cuyo fin no era precisamente tan laudable.

Tanto la globalización mundial como las políticas pro latifundios, pro capitales extranjeros, pro importadores y pro grandes (a nuestra escala) industriales, que se llevaron adelante culminaron en una desarticulación de lo que era el pequeño empresariado uruguayo que vivía del consumo interno.

A estas políticas es que debemos adjudicar el masivo éxodo de jóvenes compatriotas que partieron en busca de un futuro digno, los únicos que no emigraron fueron los hijos de gobernantes (siempre los mismos), grandes estancieros, industriales. El país quedaba chico para jóvenes que buscaban contar con una profesión, desarrollar sus artes recibiendo un pago digno, a punto tal que también emigraron compatriotas con oficios llegándose al extremo que los carniceros ya no pudieron contar más con los «cortadores», elemento esencial de una carnicería ya que es el que sabe trabajar la res que llega al negocio.

La crisis del 2002 aceleró todo este proceso, pero no lo generó, lo masificó. Nuestra famosa y respetada clase media vivía de sus recuerdos. Hasta que llega un gobierno que pone el énfasis y busca sanar la herida donde se encuentra y no en otro lado. «No permitiremos que la crisis mundial caiga sobre los hombros de nuestros trabajadores», sostuvo el presidente Vázquez, y lo cumplió.

Pero no se trata solamente de eso, el actual ministro de Economía ( desde la CND), apoyado firmemente por su predecesor, Danilo Astori, no cejó en revertir la situación y las perspectivas para los pequeños empresarios, ya fueran comerciantes, pequeños productores rurales, mecánicos, talleristas, feriantes, pequeños y medianos industriales, etc.

Se fue conformando , desde 2005, un trabajo muy serio y responsable que, primero, estudió la situación (se realizó la primera encuesta nacional de mipymes), una vez vistos los problemas, se comenzó a trabajar en las soluciones.

Comenzaron a aparecer ayudas desde el exterior para micros y pequeños emprendimientos mientras paralelamente se buscaban formas legales, fiscales, financieras para restablecer el entramado empresarial pequeño que había ido agonizando.

El último gran paso dado por este gobierno ha sido la firma de un compromiso para el fomento y promoción del nuevo Sistema Nacional de Garantías para Empresas, SIGA.

Se logra de esta manera institucionalizar un mecanismo en el que se involucró a todas las cámaras empresariales y al sistema bancario que siempre se mostró remiso a otorgar soluciones financieras a las pymes. El presidente de la Corporación Nacional para el Desarrollo, Martín Dibarboure, informó que el Fondo contará con 10 millones de dólares, lo que le permitirá dar avales (el Fondo no presta, son los bancos los que lo hacen) hasta 20 millones de dólares a empresas unipersonales, sociedades civiles o de hecho y personas jurídicas de cualquier sector de actividad, formalizadas y que tengan capacidad de repago. «Se creó un instrumento ágil, ´facil de usar, de calidad, barato para el empresario, que incluye a toda la economía y eficiente», dijo.

Con seguridad no se ha inventado motosierra que sea capaz de derribar este renacimiento de los pequeños empresarios uruguayos.

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