Honduras, Estados Unidos, Uruguay
«Duele», respondió a la agencia EFE el pastor evangélico José Murillo cuando se le preguntó por su hijo Isis Obed, de 19 años, asesinado por un francotirador al servicio de los golpistas en Honduras. Caso paradigmático el hondureño: el Presidente Zelaya que no procede de la izquierda- y que tiene un pueblo detrás, es desplazado por el Parlamento (como parte del régimen, esto es, de las instituciones políticas temporales) y por las instituciones permanentes del Estado (Justicia y Fuerzas Armadas) en un proceso que lidera un represor impune de los años 80, `convertido’ en defensor de la democracia. Un claro ejemplo de cómo la posesión del gobierno no equivale al manejo del poder. Además paradigmático porque todos están (¿están?) contra el golpe: el gobierno de EEUU, la OEA (incluyendo a Perú y Colombia), la Unión Europea, la ONU, el Grupo de Río, Unasur, Mercosur y un largo etcétera.
Honduras limita al sur con Nicaragua, miembro del ALBA, al oeste con El Salvador bajo un novel gobierno de izquierda y al norte con Guatemala y no está lejos de Cuba y de Venezuela. O sea se sitúa en el corazón de América Central, la que tiene un TLC con EEUU, aunque el gobierno de Zelaya había integrado a Honduras al ALBA. ¿Puede uno de los golpistas decir del Presidente de EEUU que «ese negrito no sabe nada» y mantenerse el gobierno -pese a la presión internacional y movilización interna- sin recibir apoyo de los círculos de poder efectivos del imperialismo norteamericano? ¿Éstos no han participado desde su base militar en Honduras?
Con motivo de la asunción presidencial de Mauricio Funes en El Salvador, se sospecha que la CIA intentó atentar contra el avión en que viajaban Chávez y Morales, noticia que las plumas y voces del imperio minimizaron. Todo está en consonancia con el avance de la derecha más reaccionaria en la Unión Europea, en Argentina y amenazante en Chile y Brasil. No debiera olvidarse que EEUU posee bases militares en Honduras, Puerto Rico, Cuba, Aruba, Colombia, Ecuador y Perú, ni que el Comando Sur plantea que el enemigo es el «populismo radical» (en el que incluyó a los gobiernos de Argentina y Brasil), que planea el control desde Puebla a Panamá, Colombia (en los Andes y Amazonía) y la Triple Frontera (Brasil, (Argentina, Paraguay). O que apuntala la represión en Perú, levanta banderas secesionistas en varios países y ha agregado el resurgimiento de la Cuarta Flota, destinada a `nuestra América’, con especial preocupación por las zonas más ricas en recursos naturales. En medio del caos reinante por el ingreso del sistema capitalista en crisis crónica, surge la preocupación de los «grandes socios» de reposicionar al FMI para que prosiga su «generoso» financiamiento al Sur pobre. Entre tanto, San Vicente y Ganadinas, Ecuador y Antigua y Barbuda se han incorporado al ALBA, que sin Honduras suma ocho miembros.
Uruguay no es ajeno a la contraofensiva del imperialismo norteamericano, debilitado por sus contradicciones internas y externas; pero que, achacoso pero tigre al fin, mantiene sus colmillos afilados. El Senador republicano Lugar ha tomado la iniciativa y expuesto: «En momentos en que el Congreso examina los TLC firmados con Colombia y Perú y revisa el pacto Andino de Promoción Comercial y Erradicación de Drogas es hora de garantizar preferencias a Uruguay que hoy enfrenta las altas tarifas americanas. Ha probado que es un país confiable en el Cono Sur, pequeño en su tamaño territorial, pero clave entre importantes vecinos como Brasil y Argentina». Se le ubica junto a Chile, Brasil y Perú, en una posición política moderada y aliado, alejado de la hostilidad de los gobiernos populistas (Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia). Una de las razones de la ampliación de acuerdos comerciales también para Paraguay- sería sustraerlos de la influencia de Brasil. Como ha agregado Lugar, «las ventajas deberían usarse también estratégicamente para lograr objetivos de política exterior».
Así, mientras los ideólogos del imperialismo razonan en términos políticos estratégicos y usan los acuerdos comerciales para esos fines, los reaccionarios y hasta influyentes «progresistas» creen que la orientación política del Uruguay debe ser regida según las ventajas (inmediatas) económicas, sirviendo a la perfección a los planes del imperialismo. No hay que aceptar la «maldad intrínseca de EE.UU.» , pero sí distinguir al imperialismo norteamericano de su pueblo en todo momento. Como hace nuestro digno visitante Evo Morales.
En ese cuadro de situación las elecciones de octubre son foco de atención del Poder Trasnacional, al que Lacalle hace guiñadas y advierte que los inversionistas tendrán otras facilidades bajo su eventual gobierno, o al que adula afirmando que Uruguay debe alejarse de sus socios regionales y estrechar vínculos con socios fuertes y lejanos. En fin, él es el adalid de una cruzada restauradora y reaccionaria en conceptos clave: el de nuestra historia, el de nación, el de propiedad, etc.
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