EDITORIAL

Más allá de la  visita de Evo

La presencia del presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Evo Morales, en Uruguay, puede ser calificada de fugaz, por el breve lapso ­unas diez horas­ que permaneció en nuestro suelo.

Sin embargo, la significación de su visita trasciende largamente el número de horas que insumió.

La presencia de una personalidad política de las características de Evo Morales es de por sí trascendente. Es el primer presidente indígena de la historia de América Latina, expresión genuina de los pueblos originarios de este continente, explotados y avasallados durante más de 500 años por los «malos europeos y los peores americanos», sobre todo por estos en los últimos dos siglos.

Con eso alcanzaría, pero además Evo agrega a esto que es también expresión de los trabajadores, de los movimientos campesinos, de los herederos de la discriminación y la explotación que antes sufrieran los indígenas.

Y como si fuera poco, Evo integra ­y es uno de sus referentes­ el conjunto de los gobiernos de izquierda y progresistas que han cambiado la cara de América Latina.

La sola presencia de Evo, en la primera visita oficial a nuestro país (ya había estado para participar en encuentros multilaterales), tiene toda esa carga y todo ese peso.

Pero las conversaciones sostenidas con el presidente de la República, Tabaré Vázquez, y los acuerdos firmados le agregan una trascendencia mayor a la visita.

Vázquez y Evo intentaron generar una movida política que permitiera, a Uruguay y Bolivia, sumando a Paraguay, colocarse en el escenario continental y regional con una voz propia y con sus propios puntos de vista.

La vida ha demostrado largamente que no alcanza con que los gobiernos tengan afinidad ideológica para que los problemas múltiples de las relaciones entre los estados, los intereses políticos y económicos, se resuelvan.

Durante demasiado tiempo los países latinoamericanos hemos estado divididos, atomizados. El abandono casi absoluto por parte de las oligarquías latinoamericanas de los proyectos integradores de nuestros libertadores, continuado en una ausencia de proyectos nacionales y la implementación de esquemas de sometimiento a los imperios de turno ­español, británico, norteamericano­ han dejado heridas, problemas y hasta inercias de difícil solución.

Los gobiernos de izquierda y progresistas han cambiado el curso de esta situación histórica y no son pocos los avances. Allí están como testimonio la Unasur, instancia inédita de unidad continental; el fortalecimiento y proyección del Grupo de Río, al que se ha integrado a Cuba, y hasta el cambio en las posiciones progolpistas, conservadoras y de alineamiento automático con Estados Unidos de la OEA.

Pero todavía falta mucho. Y la situación es más complicada aún para los países de menos peso relativo, en lo territorial, poblacional y económico.

Para países como Uruguay, Bolivia y Paraguay, es clave encontrar espacios conjuntos, avanzar en solucionar problemas que son comunes y juntarse para darle fuerza a su voz.

Sin renunciar un ápice al objetivo central de la integración de América toda, del Sur primero y desde el río Bravo hasta Tierra del Fuego como horizonte.

Pero logrando incidir y ser contemplados en el proceso.

En ese contexto, adquieren especial trascendencia la reivindicación y la suerte de relanzamiento de Urupabol, el grupo de coordinación entre los tres países de menor peso relativo en la región. También el reclamo conjunto de Uruguay y Bolivia, para que se pongan en marcha los mecanismos previstos para la relación entre el país del altiplano y el Mercosur, que no han sido activados con la celeridad necesaria.

Y por supuesto, la decisión uruguaya de buscarle formas concretas a la solidaridad y ofrecerle una opción a Bolivia para la salida al mar, a través de la utilización ventajosa del sistema portuario de nuestro país.

En definitiva, una presencia mucho más trascendente que las diez horas en las que transcurrió y que el apoyo uruguayo a derogar de la prohibición de la masticación de la hoja de coca.

Evo y Tabaré, Bolivia y Uruguay, hicieron un esfuerzo personal y político por incorporar la visión de sus dos países y pueblos al complejo e imprescindible proceso de integración regional. Son expresión de la pluralidad de la izquierda y el progresismo que intenta cambiar América Latina. Todo eso significó la visita de Evo Morales.

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