El wilsonismo del doctor Lacalle
En la reciente campaña electoral por las internas y en oportunidad de recibir el apoyo de familiares de Wilson Ferreira Aldunate, el entonces precandidato herrerista hoy ungido candidato único a la Presidencia por el Partido Nacional doctor Luis Alberto Lacalle, se proclamó wilsonista a pesar de no haber votado nunca al carismático líder blanco. «Sin haberlo votado nunca, soy wilsonista», dijo Lacalle, y a continuación afirmó que él se había conducido siempre de acuerdo con lo que Wilson marcaba como norma, tanto en la política como en su vida privada.
Aunque resulte raro, es posible que haya wilsonistas que nunca votaron a Wilson; por ejemplo, gente que vota a otros partidos pero adhiere al ideario wilsonista, del mismo modo que hay batllistas que no votan al Partido Colorado. También puede ser el caso de jóvenes (y no tanto) que en el 71 no habían cumplido 18 años y que en el 84 no pudieron votarlo porque el pacto Medina-Sanguinetti mantuvo recluido al líder blanco.
No obstante, ninguna de estas alternativas puede aplicarse al doctor Lacalle, cuya edad le permitió votar al Partido Nacional en el 71 (e incluso antes), pero en aquella ocasión acompañó la candidatura del conservador Aguerrondo y fue de los legisladores que acordaron el «Pacto chico» con Bordaberry, lo que les mereció el calificativo de «blancos baratos» de parte de Wilson.
Con estos antecedentes, a los que se agrega el gobierno que encabezó Lacalle de 1990 al 95, reconocido como de neto corte neoliberal, cuesta un poco entender el wilsonismo del candidato nacionalista. Lejos de nuestro espíritu cuestionar la honradez intelectual del doctor Lacalle, pues si él lo proclama, no somos quiénes para dudar de la sinceridad de tan encumbrada figura pública.
No obstante, son tan notorias las diferencias políticas e ideológicas entre el Herrerismo encarnado en el doctor Lacalle, nieto del legendario caudillo, y el viraje progresista que Wilson imprimió al viejo Partido de Oribe y de Aparicio Saravia, que no se llega a comprender cabalmente cómo hace Lacalle para amalgamar ambas corrientes en su acervo doctrinario.
En primer lugar, bueno es recordar que Wilson Ferreira provenía de una vertiente opuesta al Herrerismo. En efecto, los blancos independientes, que llegaron a escindirse del viejo tronco partidario y fundar el Partido Nacional Independiente, se enfrentaron a Herrera cuando éste apoyó a Gabriel Terra el 31 de marzo de 1933. Suele olvidarse con frecuencia que el doctor Luis Alberto de Herrera fue el «soldado tranquilo de Terra», que varios ministerios terristas fueron ocupados por dirigentes herreristas con el visto bueno del líder, y que la Constitución de 1934 fue elaborada por riveristas y herreristas. Los blancos independientes, por su parte, estrecharon filas con el Batllismo opositor a Terra junto a comunistas y socialistas en su lucha opositora a la dictadura del binomio Herrera-Terra. O sea que mientras el abuelo del doctor Lacalle se constituía en sostén de un gobierno dictatorial, el joven Wilson Ferreira militaba activamente a favor de la República Española y contra los fascismos emergentes en todo el mundo, incluido el que Terra intentaba implantar en Uruguay.
Pero si nos acercamos más en el tiempo, ¿qué elementos del wilsonismo de ‘Nuestro Compromiso con Usted’ ha incorporado el herrerismo actual? Aquel fue un programa de gobierno de neto corte progresista, nacionalista y antimperialista, que en 1971 impulsaba nada menos que la reforma agraria y la nacionalización de la banca.
Entre 1990 y 1995 el doctor Lacalle rigió los destinos del país, y todos recordamos el perfil que imprimió a su gestión, absolutamente opuesta a lo que era el ideario de Wilson Ferreira.
Con estos antecedentes, corresponde desconfiar del wilsonismo del doctor Lacalle.
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