El deber cumplido

Si bien aún no se han confirmado cifras definitivas, se puede augurar un auténtico triunfo del Partido Nacional en las dos fases fundamentales. En la competencia nacional con el resto de las colectividades, donde se le da ganador en 17 departamentos electoralmente. Y en la interna consolida la unidad y fórmula presidencial indispensable para enfrentar la «madre de todas las batallas» en noviembre. Pero empecemos por el principio. No niego mis referencias y a mis amigos. Fue y es notorio la «camiseta» que visto con su tendencia partidaria interna que siento. Perdió la interna Larrañaga.

Y en el momento inmediato que vivimos, como blanco le hago el homenaje que es de justicia hacerle. Partiendo desde el momento que tuvo a su cargo el Partido, no sólo lo llevó desde el 22% recibido a un 35% de la ciudadanía con que lo entregó; además abrió las ventanas de la vieja casona renovando y aireando un ambiente cargado sí de añosas glorias pero anquilosado en valores directrices y hasta con pocos cambios ideológicos, llevando un tinte progresista hacia un ideario renovador. Agréguese el empuje reconocido a ojos vista, le dio a la colectividad visto lo expuesto y que lo vuelve indiscutible. Pero, si a todos estos aspectos diferentes se le suma el gesto final de grandeza ante la derrota interna, aceptando que su nombre integre la fórmula presidencial partidaria, facilitando y concretando una imagen triunfadora futura, obliga el agradecimiento indispensable partidario y fundamental en su entrega blanca. Un gesto, que desde ya le asegura un sitio preferencial en la galería de los hombres grandes que tiene el partido blanco a lo largo de su historia fundacional, que hizo la Patria Vieja y su futuro. Lo digo con el respeto y honor de blanco, que me enorgullezco de su amistad y el haber participado humildemente, aun perdiendo en lo interno, como soldado de sus filas. Ahora, al decir de nuestro escudo, la «Unión nos dará Fuerza». Debemos ser un solo haz. Podré haber tenido diferencias y matices con el Dr. Lacalle, con quien cultivé una amistad desde los lejanos años juveniles partidarios, pero ni yo ni nadie le puede negar su calidad de blanco y servidor del Partido.

Se consolida una fórmula con los dos, del más firme y noble acero. Se le está ofreciendo al votante blanco las dos tendencias del nacionalismo. El tradicional y el progresista. Somos un solo partido unido y no un mosaico de tendencias divorciadas intrínsecamente entre sí. Fueron superadas antiguas diferencias que tanto mal nos hicieron. Se logró y fue sin duda Larrañaga el que dio el «puntillazo» final. Muy bien Lacalle al ofrecer y el sanducero concretando esa unidad indispensable para el triunfo posible. El partido está de pie. Orgulloso de su historia, la más vieja tal vez en el mundo, y orgulloso y confiado en su futura trascendencia para la Patria. Colectividad de hombres libres que hicieron en la nación y aún hoy mantienen principios de libertad, democracia, honradez administrativa, defensa de soberanía y nacionalismo americanista. Ayer se selló un capítulo histórico. A todo el pueblo nacionalista sólo le queda esperar con confianza a noviembre. La próxima y mayor batalla de la hora. Ya no están, es obvio, los Oribe, Aparicio, Timoteo, Leandro, Herrera y Wilson. Sí estarán los Lacalle y Larrañaga al frente de las «tropas» nacionales. Contra los imperios e intereses internacionales depredadores de los bienes y riquezas patrias. Somos nacionalistas. Amamos nuestra libertad, a la cual no queremos prestársela ni compartirla con «patrias grandes» de otros signos contrarios al sentir nacional.

También amamos nuestra tierra sin necesidad de ir a besar suelos extranjeros, como fue costumbre cuando se visitaba la isla cubana. Y ni que mencionar el futuro de nuestros hijos, que deseamos verlos libres e independientes de tesis foráneas, blandiendo sólo las banderas de nuestros mayores que hicieron la Patria Vieja. La fórmula firmada y lacrada espiritualmente ayer entre Larrañaga y Lacalle, llevará los estandartes. ¡Viva mi muy viejo y querido Partido Nacional y blanco!

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