¡La movilización de agosto es de verdad una operación memoria!

En Uruguay y en buena parte de América Latina en los 90 se aplicó un modelo neoliberal que trajo a los más débiles daños de gran magnitud y que afectó sustancialmente al entramado social y por supuesto, como no podía ser de otra manera, a las organizaciones de la sociedad.

Ahora, parece que tener memoria es negativo, que sólo hay que pensar en el mañana, que se trata de discutir las posiciones e ideas hacia adelante, sin revisar si hubo errores o aciertos en el pasado. Nosotros, como movimiento sindical, no compartimos esta visión. Muy por el contrario estamos dispuestos a actuar en tres direcciones. Una, la anulación de la Ley de Caducidad: nuestro ordenamiento jurídico no puede tener una norma de este tipo que genere en la sociedad uruguaya una cultura de impunidad. La segunda: el planteo a la sociedad uruguaya de un conjunto de propuestas programáticas definidas por el X Congreso del PIT-CNT, básicamente vinculadas a la construcción de un país productivo con justicia social y profundización democrática; claramente una apuesta al futuro. La tercera es la denominada Operación Memoria, destinada a que en Uruguay no se aplique nunca más el modelo neoliberal imperante en los 90. Porque precisamente ese modelo neoliberal es profundamente antagónico al modelo de país productivo con justicia social y profundización democrática al que aspiramos los trabajadores y los más amplios sectores de nuestra sociedad. Las tres, sin ninguna duda, son apuestas al futuro.

No es casualidad que la denominada Operación Memoria esté siendo la que más se ha debatido en los últimos días. Desde determinados sectores que no conocen o no quieren reconocer el papel fundamental del movimiento sindical uruguayo en la construcción de la democracia se han escuchado críticas hacia nuestra movilización. Se nos ha denominado revisionistas, se nos ha mandado a conformar partidos políticos, se nos ha dado clase de lo que tiene que hacer un sindicalista y a lo que se tiene que dedicar un sindicato.

Nuestra central sindical tiene una Declaración de Principios aprobada en 1964 y ratificada hasta la actualidad. A pesar de lo que algunos ciudadanos quieran, nuestra central nunca va a ser exclusivamente reivindicativa: va a organizar y actuar para transformar la realidad nacional en un sentido popular y democrático. Le duela a quien le duela, tenemos un papel para cumplir al que no vamos a renunciar por convicción, que es entre muchas cosas ser escudo de los débiles, un distintivo que por cierto nos honra.

Pero ya que nos quieren llevar a los aspectos más concretos, entraremos tímidamente en ellos con el compromiso de que en agosto vamos a dar la totalidad de la información que consideramos relevante para no volver nunca más a las políticas de los 90.

Durante los años 90 el gobierno en ejercicio optó por un modelo social, económico y cultural, caracterizado por una apertura externa irrestricta y una importante desregulación, tanto en lo financiero como en el ámbito de las relaciones laborales, que provocó entre otras cosas una alta dependencia del ingreso de capitales externos y una centralización de capitales. El Instituto Cuesta Duarte sintetizó el modelo económico vigente en Uruguay durante esos años con la denominación de modelo LACE (Liberalizador, Aperturista, Concentrador y Excluyente).

Se desarrolló una serie de reformas estructurales en esta dirección: apertura comercial irrestricta concertada en la región, fuerte desregulación y flexibilización laboral, expresada en el retiro del Estado de los Consejos de Salarios, y un fuerte impulso a las privatizaciones de las empresas públicas.

A lo largo del período se realizaron dos fuertes ajustes fiscales, pero ninguno lo redujo de forma sustantiva. Pero sí reestructuró gastos e ingresos del Estado. Ambos ajustes se dieron en base a cargas tributarias al consumo y a los sueldos, es decir a nosotros.

En un muy breve resumen: el modelo de crecimiento económico aplicado significó una caída importante del salario real y la extensión de la jornada de trabajo. Estos cambios afectaron las condiciones de trabajo y provocaron mayor fragmentación social.

En criollo, los trabajadores uruguayos, los cooperativistas, los jubilados que tenían que ajustar por el índice medio de salarios, saben que durante años no se negoció el salario. Es más, muchas ramas de actividad salarial ni siquiera tuvieron el ajuste mínimo necesario pautado por la inflación. O sea que un sector muy importante de los trabajadores no tuvo aumentos durante años, simplemente porque el Estado consideró que el mercado iba a regular todo y claramente expulsó a miles de compatriotas de la sociedad generando una exclusión social sin precedentes. Los trabajadores conocen bien este proceso sobre todo porque lo sufrieron, lo vivieron; sus aumentos dependieron de la voluntad del empresario, que por cierto escaseó y para muestra daremos algunos datos importantes.

(sum) Entre 1989 y 1998 creció 36% el PBI pero el salario sólo creció 5%. Entre 2005 y 2008 creció algo más del 35% y los salarios reales crecieron 19,5%.

(sum) Entre 1989 y 1999 la tasa de desempleo creció casi continuamente y pasó del 8% a 11,25.

(sum) En 1990 había 1.100.000 ocupados. En 1996 1.175.000 ocupados. En el año 2000 había 1.070.000 ocupados y hoy 1.500.000 ocupados.

(sum) Entre 1988 y 1998 cayó 40% el empleo en la industria manufacturera (casi 70.000 trabajadores con un saber hacer en la industria).

Por supuesto que muchos dirán que perdimos la independencia de clase, que somos brazo político, que estamos haciendo política partidaria. En realidad lo que estamos haciendo es curarnos en salud; un modelo de este tipo condena a los más débiles, es un modelo perimido y fracasado en casi todo el mundo.

Estas consideraciones son parte de la memoria colectiva que el movimiento sindical en particular y las organizaciones sociales tenemos el deber de conservar. Por esa memoria y nuestro profundo y firme compromiso de construir un país productivo con justicia social y profundización de la democracia, es que nos movilizaremos en agosto y cuando sea necesario, apostando como siempre a un futuro mejor para todos los uruguayos.

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