EDITORIAL

Anímese

Hace pocos días en este mismo espacio alertamos sobre la necesidad de poner las bardas en remojo, cuando uno ve arder las de sus vecinos.

En los últimos meses y también en las últimas horas aquel alerta que a muchos les pareció exagerado cobra desgraciadamente actualidad.

En Argentina Néstor Kirchner acaba de ser derrotado en elecciones legislativas, abriéndose paso una serie de candidatos que no se sabe si vienen de la política, de los grandes negocios o simplemente de la joda. Lo que sí es cierto es que ninguno de ellos se plantea cambios progresistas, sino que prefiere volver al más descarado neoliberalismo que no implica otra cosa que provocar una profunda concentración de la riqueza en muy pocas manos.

Mientras esto ocurre se produce un golpe de Estado «bananero» en Honduras, donde un grupo de militares corruptos y fascistas fueron capaces de secuestrar a Manuel Zelaya, presidente constitucional de ese país, y «depositarlo» en Costa Rica, como quien traslada secretamente materia ilegal.

Dijimos en una editorial anterior que Panamá había quedado en manos de la derecha y que en Brasil el progresismo no encuentra un sustituto del presidente Lula para continuar con un nuevo gobierno progresista. Dijimos más: que en Chile no está asegurada la victoria de la Concertación.

Como si este panorama no fuera bastante preocupante, tenemos en nuestro país el triunfo de las derechas en los dos partidos históricos: Luis Alberto Lacalle en el Partido Nacional y Pedro Bordaberry en el Partido Colorado. El primero blanco desde la cuna y el segundo blanco y ruralista desde la cuna de su padre, quien está preso por dictador.

Las corrientes más progresistas de ambas colectividades quedaron en segundo plano. El wilsonismo, encaramado en algunos dirigentes del sector que lideró Jorge Larrañaga, ha vuelto a perder. A la vez el Foro Batllista, encabezado por Luis Hierro López, junto al socialdemócrata de Daniel Lamas, se vieron reducidos a la más mínima expresión.

La derecha se adueñó, entonces, de los dos partidos tradicionales, lo que permite avizorar que el gran debate con la izquierda será entre el bloque restaurador del neoliberalismo, impulsado por Lacalle y Bordaberry, y el bloque reformador, de avance progresista, que deberá encabezar el senador José Mujica, quien necesitará de un amplio apoyo para ganar en octubre.

No hay la menor duda, entonces, que el país se encamina a una gran confrontación electoral, que será programática, que será ideológica y que será también cultural. Y estas batallas no sólo las ganan quienes tienen la posibilidad de penetrar en las grandes multitudes, sino también quien sabe tender alianzas con personalidades, sectores políticos, organizaciones culturales y sociales. Pero fundamentalmente las ganarán quienes presenten una propuesta de país que anime a los uruguayos y les permita ver que en esta fría comarca del Sur hay suficientes reservas morales y capacidad de inteligencia para que el gobierno del doctor Tabaré Vázquez no se transforme en una simple anécdota de un pueblo que está escribiendo su nueva historia de progreso.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje