EDITORIAL

Fidel, el referente

Dentro de unos años, cuando Fidel Castro ya no esté ­como no estaremos algunos de nosotros­ seguramente historiadores y analistas políticos se detendrán en esta figura trascendente de la mitad del siglo XX hasta nuestros días.

En medio de la crisis mundial y en momentos en que América Latina navega entre el avance progresista y el retroceso restaurador del neoliberalismo, el líder de la revolución cubana sigue siendo alguien a quien tener en cuenta.

A pesar de su enfermedad, Fidel se muestra atento ante el acontecer mundial, tiene opiniones, no descansa de reflexionar, participa de los debates y no le da tregua a la derecha en el mundo entero.

Siendo una persona enferma, con más de 80 años de edad, es centro de atención de presidentes como Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales y Rafael Correa, no es una casualidad, ni un accidente histórico, sino la confluencia de corrientes y tendencias históricas que avanzan y que se abren paso en un mundo complejo, pleno de contradicciones y de esperanzas aún por cumplirse.

Fidel es hoy, para millones de latinoamericanos y caribeños, alguien al que hay que consultar, con el que se necesita conversar. Es porque su obra histórica ya trascendió las realidades coyunturales y sigue señalando con el índice de la dignidad, que nuestros pueblos no quieren cantar más retiradas.

El reconocimiento de su liderazgo no implica reconocer todos sus pasos y todos sus dichos, pero es aceptar que hay varias generaciones de mujeres y hombres que tienen a Cuba y a su revolución como un ejemplo para poder interpretar nuevas realidades, desde la postura de los principios.

Dentro de esas nuevas realidades, está la crisis de los pueblos indígenas con el gobierno institucional del Perú, presidido por Alan García.

Sabemos que es un asunto complejo, que viene de lejos ­demasiado lejos­ pero que toda América Latina tiene que reaccionar con agilidad, apegada a los principios, pero estableciendo espacios de diálogo.

En este campo minado por la sobreexplotación de los pueblos oriundos, Cuba y el resto de los países tenemos mucho por hacer. Fidel, con su experiencia y capacidad negociadora, puede ponerse al frente de un gran movimiento por la paz y el respeto a los pueblos indígenas, donde seguramente encontrará el apoyo de los pueblos de Bolivia, de Ecuador y de Venezuela ­también con el nuestro­ para encontrar una salida que no pase por la confrontación y la agresión.

El reciente abrazo entre Fidel Castro y Evo Morales puede ser un nuevo gran paso para que entre todos los latinoamericanos y caribeños se construyan una hoja de ruta a favor de la dignidad. Y Fidel puede ser el referente.

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