¿Soberanía o TLC?

«La soberanía particular de los pueblos será precisamente declarada y ostentada como objeto único de nuestra revolución» escribe Artigas al gobierno de Buenos Aires (1812). Soberanía proviene del latín ‘super’, que se traduce ‘por encima de’ o ‘sobre’ y destaca la autoridad independiente que rige a un Estado. El concepto es la base del principio de autodeterminación de los pueblos, reconocido ­al menos verbalmente­ por todos los Estados. Y surca la historia nacional y continental. En la de Uruguay, principalmente entre los dirigentes blancos; uno de los más destacados, Luis Alberto de Herrera, concibe un destino común americano ­sin EEUU­ y defiende la soberanía contra las intromisiones imperialistas. Luego, partidos de izquierda y finalmente el Frente Amplio, enarbolan y enriquecen el concepto.

La feliz y aguda iniciativa de Hugo Chávez de obsequiarle «Las venas abiertas de América Latina» al presidente Obama, resalta la defensa de la soberanía. En su libro, Eduardo Galeano novela como el colonialismo y el imperialismo abren las venas del continente para la extracción de la riqueza, y como la riqueza de las naciones desarrolladas se asienta en ese despojo al Tercer Mundo, con la consiguiente pobreza de sus pueblos.

La profundización de los estudios sobre el capitalismo y el imperialismo, condujo a Vivian Trías siguiendo a Lenin, a destacar que un rasgo definidor de la historia contemporánea es la desigualdad manifiesta de su desarrollo. Cuando la acumulación de capitales dentro del territorio nacional no encuentra inversiones redituables, se exportan. Así, en su fase imperialista, el capitalismo organiza y combina la desigualdad entre las metrópolis y los países dependientes, les impone a éstos «una ortopedia mutilante para nutrir su prosperidad» de modo que la oposición entre naciones opresoras y oprimidas es su consecuencia.

Este pensamiento esencial, sin embargo, es desconocido por algunos compañeros y fuerzas que se definen de izquierda. De sus análisis ha desaparecido la noción de imperialismo, de sistema capitalista enfermo, a no ser para adoptar medidas frente a su crisis presente, que parece resultarles episódica y superable. Creen que pueden hacer «política de izquierda» ignorando, conciliando o colaborando con el imperialismo. Y en el reinado de «Alicia en el país de las maravillas» proponen medidas para mejorar la educación, la salud, la vivienda, las relaciones de género, legalizar el consumo de la marihuana y un largo etcétera.

En ese mundo aparte, al revés, maravilloso, creen que resultaría beneficioso un TLC con EEUU. A tal punto creen que ­a pesar que el Congreso del FA por amplia mayoría se expidió contra el Tratado de Libre Comercio con EEUU a secas­ la resolución que permanece en el programa es la minoritaria, proveniente de la comisión inicial, que rechaza «el TLC formato Perú». Parecería que otro «distinto», por ejemplo, «formato Uruguay» podría ser aceptado.

Por consiguiente, es necesario referirse al rol de los TLC con EEUU, más dañinos que otros TLC. El TLC con EEUU está en las antípodas del concepto de soberanía, y así lo comprenden las masas populares del continente. Un ejemplo reciente es la 4ª Cumbre Continental de Pueblos Indígenas que reunió a 7.000 delegados de 400 etnias, que rechaza los Tratados de Libre Comercio con EEUU, que otorgan a las trasnacionales el manejo y aprovechamiento de recursos naturales. La violenta represión actual del gobierno de Perú contra los aborígenes, es indirecta consecuencia del TLC suscrito. Sin embargo, la «esperanza» de un TLC con EEUU seduce a los partidos tradicionales (pro-imperialistas) y a algunos sectores del Frente Amplio.

El 28 de junio en el Frente Amplio se define la disyuntiva soberanía o dependencia agravada por el TLC. Se han expedido claramente por la soberanía dos de los tres pre-candidatos (Mujica y Carámbula) no así el tercero (Astori) que se ha limitado a compartir la decisión del presidente Vázquez de rechazar el TLC «formato Perú». Recordemos que frente a la actitud ambigua del gobierno (Vázquez habló del ‘último tren’ para subirse a un TLC) la conciencia anti-imperialista se tradujo en la constitución de una Comisión Nacional por la Soberanía con las organizaciones sociales, y en las definiciones contra el TLC de la mayoría abrumadora del FA, tanto de las Bases como de agrupamientos partidarios, exigiendo el respeto democrático al programa aprobado. Aquella divisoria de aguas también se manifiesta en la actual correlación interna.

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