Los nuevos ciudadanos
«Y cuando miro el cielo
veo acá mis nubes y allí mi Cruz del Sur,
mi alrededor son los ojos de todos
y no me siento al margen
ahora ya sé que no me siento al margen»…
Mario Benedettiv
Noción de Patria
De acuerdo a estadísticas que recibimos de Unicef en el Uruguay existen hoy aproximadamente 270. 851 adolescentes, entre los 13 y los 17 años. De ellos el 39,8% son pobres y además sólo el 36 % de esta franja etaria culmina su educación secundaria. Como dato complementario de la realidad puede afirmarse que de 100 niños que ingresan a la escuela sólo 36 terminan su aprendizaje liceal. La deserción educativa entre adolescentes se constituye por cierto, en una de las más altas en América Latina. De allí que vale rescatar como un hecho muy plausible la suscripción de un convenio entre la organización mundial de la infancia y Enseñanza Secundaria para potenciarla y convertirla en una herramienta determinada a que esos jóvenes puedan completar sus estudios secundarios y a partir de ello insertarse en la sociedad actual del conocimiento, dotados de aquellos instrumentos que los incentiven a salir de la pobreza y a conseguir una oportunidad en la aldea global.
Hace unos años, fuera de lo que es la enseñanza formal de nuestra patria, un grupo de organizaciones sociales insertas en los barrios más carenciados de Montevideo me enseñó que para hablar de educación popular y compromiso con los más débiles hay que predicar con el ejemplo. Tuve la suerte de supervisar y conocer formidables maestros y maestras, hombres de fe, educadores vocacionales que eligieron estar allí, en la línea de fuego contra la pobreza. Lucharon por llegar a tener una oportunidad de servir a los más pobres. Hoy, la modalidad de convenios, entre el estado y estas organizaciones debería permitir una dinámica mucho más enriquecedora de experiencias educativas y de integración social. La incorporación e institucionalización de proyectos con jóvenes y adolescentes a la esfera interna del estado fundada en actividades estructuradas, acuerdos educativos, inserciones laborales y logros diversos pautados en la relación entre el joven y el educador de la organización no gubernamental gestionante – bajo la supervisión del estado – enriquece y complementa- por ejemplo- el trabajo de los centros juveniles de otrora.
Esto es, existe una serie de experiencias educativas que rebasan el marco de la educación en los liceos y la escuela pública que pueden coadyuvar, reforzar y estimular a los nuevos ciudadanos adolescentes, devolviéndoles su autoestima, degradada por condiciones familiares paupérrimas, escasa o nula contención afectiva e inevitable incursión en pandemias sociales.
La cultura hegemónica y la educación impuesta por las clases dominantes destruyó la esencia del Uruguay, su perfil integrador que nacía en la escuela pública.
La derecha del siglo pasado, atada a los ajustes fiscales y al neoliberalismo, estranguló la educación y la hizo inaccesible para el quintil más pobre y débil de la sociedad, sus niños y adolescentes con los resultados antes descriptos. Si el Uruguay como nación asume la debilidad de su actual falencia educativa y logra romper el fatal círculo de la pobreza y rescatar a los más débiles de la falta de oportunidades, construiremos una sociedad justa y solidaria.
Si por el contrario, no somos capaces de sacudirnos la modorra burocrática de nuestras conciencias y no articulamos con acierto toda la trama de protección social que incluye a las organizaciones de la sociedad civil y entidades estatales responsables de esta tarea, el proyecto de país inclusivo abortará.
Debe existir en esta cimentación de ciudadanía un compromiso fecundo y vocacional de la sociedad en su conjunto, que incluya a empresarios, trabajadores de la ciudad y del campo, amas de casa y estudiantes avanzados, obreros y artesanos, entre muchos otros y a aquellos propios adolescentes y niños relegados, es decir un movimiento transversal y empoderado de una nueva lógica política, social y cultural.
La madre de todas las batallas comenzó con el Plan Ceibal, está en las casas cuna, en los centros juveniles, en los hogares sustitutos y de estudio, en las casas de protección de violencia intrafamiliar, en los esfuerzos del estado y de las organizaciones de servicio social y se multiplicará con el aporte de más y más vocacionales por los pobres en la trama social. La satisfacción más grande que recibe un ser humano es servir al prójimo y a aquel hermano que no eligió nacer entre tanta calamidad y comprobar que el esfuerzo de esa tenaz lucha no ha sido en vano.
El Uruguay del futuro será para aquellos convencidos y comprometidos actores con el cambio y la educación popular e iniciativas como las escuelas integrales de tiempo completo en los barrios más humildes como verdaderos artífices y soportes de sus nuevos ciudadanos.
Allí levantaremos con orgullo la bandera uruguaya que alumbrará con su sol el nuevo destino de una patria para todos sus hijos.
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