La diversidad de izquierdas de cara al 28

La cólera es mala consejera. Los encolerizados, ante resultados adversos, sostuvieron que había «dos izquierdas». Luego, cuando la percepción popular y las encuestas mostraron que «la otra» era amplia mayoría, comenzaron a acomodar el cuerpo. Y corrigiendo el error cayeron en otro peor: izquierda habría «una sola», el FA. Sólo que se olvida que el Frente es Frente porque hay diversidad de partidos y movimientos, cada uno de los cuales se atribuye la condición de izquierda. Por lo tanto, hay diversidad de izquierdas, y no dos y mucho menos, una.

La denominación de `izquierda’, desde sus orígenes se ha prestado a más de una interpretación. Durante la Revolución Francesa en la sala de sesiones de la Convención se sentaban los radicales a la izquierda, y por eso pasaron a ser llamados la `izquierda’. Izquierda nació siendo sinónimo de radicalidad, en términos imprecisos. La denominación más imprecisa se convirtió cuando la asumieron opositores que no son radicales, que huyen del radicalismo. En términos ideológicos y políticos, la gama de posiciones ­reflejo de la gama de situaciones sociales en el actual bloque alternativo-popular- es amplia. Y diversidad de izquierdas ­o de autorrotuladas izquierdas- hay detrás de los tres precandidatos. A lo sumo, es correcto afirmar que hay tendencias afines entre algunas de ellas y afinidad más vaga, entre todas.

 

Esta diversidad de izquierdas tiene que resolver la cuestión inmediata de cómo ubicarse frente al malón reaccionario que representaría la posible victoria de los partidos tradicionales. Dicho de otro modo, de la contrarrevolución en marcha, puesto que esa coalición expresa los intereses del bloque del gran capital dominante y, sin dudas, descargaría la crisis sobre las clases, capas y sectores populares, como ya lo reclaman sus voceros políticos y empresariales. Buscaría la reducción del gasto social, la desregulación laboral, la completa sumisión al imperialismo, la promoción de Tratados de Libre Comercio, el retiro del Mercosur y de Unasur, la agudización de la crisis con Argentina y la conversión de Uruguay -en su condición reverdecida de Estado tapón- en nuevo Israel, satélite agresivo del imperialismo con sus vecinos.

La respuesta del Frente deberá ser firme y audaz para enfrentar al imperialismo y al capital trasnacional, procediendo el gobierno de Mujica de modo sensato, fraterno y digno con nuestros vecinos especialmente, defendiendo a la Patria Grande latinoamericana en todas sus formas (Unasur, Mercosur, Banco del Sur, Telesur, relaciones e integración al ALBA, Consejo de Defensa Sudamericano, etc.). Pues en términos políticos, la contradicción principal es qué bloque de clases gobernará. Lacalle expresa al dominante: trasnacionales, burgueses locales asociados a ellas, políticos, funcionarios e intelectuales a su servicio. Mujica al alternativo-popular: trabajadores, propietarios pequeños y medios, algunos burgueses no asociados a trasnacionales, políticos, funcionarios e intelectuales afines. Así de diáfano: bloque de clases contra bloque de clases, como en «el cielito del 69″ con el «arriba nervioso» y el «abajo que se mueve».

 

Y para derrotar al malón reaccionario también será preciso el resurgimiento del Frente desde Comités de Base atractivos, especialmente para la juventud. El gobierno deberá respetarlo, no pretender que sea su perro faldero; no incidir en cuestiones tales como designar al delfín presidencial; no embretarlo con orientaciones contrapuestas a sus definiciones, como se ha hecho con el Tratado Bilateral de Inversiones o el de Libre Comercio con EEUU; ni negarlo, como en la ley de salud sexual y reproductiva. A su vez, el FA deberá asumir una presencia soberana frente al gobierno, tanto defendiéndolo o criticándolo cuando lo juzgue conveniente, superando la triste práctica de estornudar cuando aquél se resfría. En síntesis: debe tener respuesta firme frente al posible malón reaccionario y acción independiente del gobierno frenteamplista.

Estas dos cuestiones medulares e indisolubles estarán en juego el 28, pues comienza a definirse si Uruguay consolida su integración en el sur o será complaciente con el imperialismo, rechazando tan sólo los TLC con «el formato Perú». Comienza a definirse si los organismos del FA, especialmente el Congreso, se respetan o si se pueden desconocer junto a sus resoluciones.

El 28 resolveremos la orientación, el rumbo, los tiempos, etc. de la conducción política. Ni un voto antiimperialista, de izquierda o radical, socialista, debe estar ausente. La victoria de Mujica ­expresada con versos de José Martí- significa que «con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar»; y posibilitará avanzar, aunque los objetivos enunciados deberán afirmarse con luchas que signifiquen sucesivos pasos encaminados a la integración latinoamericana y a ingresar en un proceso de transición al socialismo. Afirmemos al 2009 como el año de la audacia.

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