Escrito por: Por Gonzalo Riet Periodista
En los últimos tiempos hemos estado presenciando en casa y en nuestra región, una creciente participación de los empresarios en la vida política e institucional en cada uno de sus países y hasta en la región.
En casa tenemos ejemplos de todo tipo: la Cámara de Comercio afirmando a través de su principal asesor letrado que los candidatos del FA “son impresentables”, su principal asesora en economía anunciando que todo lo hecho no sirve y que se viene el cataclismo, el presidente de la Federación Rural anunciando que el Plan Ceibal no sirve para nada y el Plan de Equidad tampoco.
Si salimos a la vereda nos encontramos que los industriales del sur de Bolivia hasta quisieron crear una nación independiente, los de Venezuela años atrás promovieron un golpe de Estado y ahora los argentinos, como no les gusta la política del gobierno de Venezuela buscan promover una insurrección empresarial mercosuriana (para algo sirve el Mercosur, ¿no?) para que no le sea permitido al país de Bolívar entrar definitivamente en el Mercosur.
La primera reflexión es ¿qué tanto interés tienen los industriales argentinos y uruguayos en el Mercosur, desde cuándo, si ellos (seamos honestos, hablamos de los dirigentes) siempre han mirado hacia el Norte y pregonado el “error” de no haber firmado un TLC con EEUU? Sería interesante que lo fundamentaran.
Pero, ¿a qué se debe esta ofensiva continental del sector empresarial?
Nadie podrá defender que aquí no existe un plan previo y un objetivo determinado. El Sr. Balestra tendrá que afinar el lápiz para hacer congeniar su clásica respuesta que él es empresario y que no hace política, al negarse a que ingrese al Mercosur un país que, en este momento, comercia más con nuestro país que los EEUU, que tiene un gobierno democrático, que es socio de Ancap en Argentina, que nos ha ofrecido formas de pago inmejorables para nuestras compras de petróleo, que no ha generado ninguna crisis mundial financiera ni económica, etc, etc.
¿Qué sucede simultáneamente? Que Uruguay, Brasil, Paraguay, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Chile, El Salvador, Nicaragua y Argentina tienen gobiernos progresistas. Son demasiados países y, en algunos casos, se les ha vuelto a votar y, en otros, es muy probable que, llegado el momento, también suceda lo mismo.
Una vez constatada la incapacidad de sus políticos profesionales para retornar las cosas a su sitio, tienen ahora que salir a dar la cara y pelearla, desenmascarándose, dejando bien clarito que no se trata de que “esta ley no me gusta” “o es inconstitucional” o “viola derechos” sino que se está generando un cambio económico, social y político que no les sirve y que, nada tiene que ver con el comunismo o el socialismo, lo que está sucediendo es que comienzan a vivir un poco mejor los sumergidos de siempre y que su voz comienza a sentirse y respetarse.
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