La prepotencia israelí en la ocupación del 67
Los mecanismos sionistas de una fugaz guerra asimétrica de expansión sobre los restos de Palestina pos 48 y los países árabes limítrofes, hincados en la experiencia de la creación de Israel (1948), la indiferencia internacional, la nulidad de acción de la ONU y el desbarajuste árabe, aceleró su prepotencia con doble estrategia: concebir el sueño sionista de Ertz Israel (‘Tus fronteras del Nilo al Eufrates’) y detener el proceso decadente interno.
Desde su fundación, nunca estuvo tan dividido. La época de oro de los 50 y mediados del 60 se debilitó. La mayoría de los israelíes se alejó del corrupto aparato de Estado. Las luchas de clases emergidas por reclamos salariales con miles de israelíes viviendo por debajo de la línea de pobreza alejaron la llegada de judíos a esa tierra prometida por los sionistas.
Los países árabes padecían similar síndrome. Sus regímenes amparados bajo la bandera de la causa palestina, competían por el liderazgo. Sin querer llegar a la guerra, la movilización hacia la misma calmó los reclamos sociales de sus pueblos empobrecidos.
La exitosa revolución egipcia (23/7/1952) liderada por el coronel Gamal Abdel Nasser, derrotó el feudalismo y la monarquía de Faruk I. Reemplazó la política pro europea por la panarabista. En 1956 nacionalizó el Canal de Suez (en posesión anglo-francesa) y reclamó las ganancias), construyó la represa de Aswan y prohibió la navegación comercial de Israel y sus aliados.
Afectados en sus intereses coloniales, le valió el casus belli (motivo de guerra). El ataque israelí avalado por Francia e Inglaterra contra Egipto y la Franja de Gaza (bajo tutelaje egipcio desde el 48) le permitió a Israel probar su supremacía militar. Ocupó Gaza y el Sinaí. El poder tripartito que ganó la ‘guerra del Suez’ (29/10/1956) perdió la contienda diplomática. Presionados por EEUU debieron retirarse.
Potenciados. El poder militar israelí ganó por segunda vez una guerra a los árabes, después del 48. Por su parte, la obligada retirada colonial perfiló a Nasser como el icono y la esperanza de la recuperación de Palestina.
Entre logros y desaciertos. Para frenar las provocaciones sionistas y reducir la pobreza de los pueblos árabes, Nasser estableció la República Arabe Unida (RAU) junto con Siria (1/2/58) y jugó un rol fundamental en la creación de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) el 15 de mayo de 1964, como instrumento árabe, aunque lejos de los intereses palestinos.
Con un alto clima de tensión por las provocaciones israelíes a Siria, el presidente Nasser le pidió al secretario general Naha Thray U Thant la retirada de las fuerzas de la ONU estacionadas desde 1956 en territorio egipcio (18/5/67). La prepotencia israelí encontró su caldo de cultivo.
Sagaz. El responsable del Mossad, Meir Amit, presionó al secretario de Defensa de EEUU, Robert McNamara: «Queremos tres cosas de ustedes: 1) abastezcan nuestro arsenal de guerra. 2) nos ayuden en Naciones Unidas y 3) aíslen a los soviéticos de la región». McNamara le preguntó: «¿Cuánto tiempo necesitaría Israel para derrotar a los egipcios?». Amit respondió contundente: «Una semana» (30/5/67). (partes: «A History of Israel», Aaron Bregman, 2003).
En su informe McNamara anunció al presidente Lyndon B. Johnson el inminente ataque. No hubo sorpresas, todos sabían que Israel atacaría primero. Johnson sugirió una guerra relámpago para evitar dos frentes abiertos en Vietnam y Medio Oriente. La conjura estaba en marcha y la luz verde de EEUU se encendió.
Situada la Guerra Fría en la zona. La RAU recibió el apoyo soviético, en tanto Estados Unidos apoyó firmemente a Israel. La militarización egipcia del Sinaí y el bloqueo al estrecho de Tirán (23/5/67) fue el vacuo pretexto para acusar a Egipto de violar las leyes marítimas de la ONU. Consecuencia. Para Israel era un nuevo casus belli.
Entusiasta. El ministro de Defensa sirio, Hafez al Assad, proclamó: «Nuestras fuerzas están ahora enteramente prestas…a iniciar el acto de liberación y estallar la presencia sionista en la patria árabe» (20/5/1967). A finales de mayo la presión popular jordana sumó al pro-occidental rey Hussein. El presidente de Irak, Abd al-Rahman Arif, se incorporó a la coalición (4/6).
Las retóricas palabras entre las fuerzas beligerantes fueron violentas. Sin embargo, mientras la agresiva verborragia sionista se diluía como el agua en las mentes de Occidente, las de Nasser preocuparon. Apelando a su mito de la seguridad, Israel sensibilizó al mundo con viejas oratorias de Nasser: «No entraremos en Palestina con su suelo cubierto de arena…entraremos en ella con su suelo lleno de sangre» (8/3/1965). (Howard Sachar. «A History of Israel: From the Rise of Zionism to Our Time». Nueva York. Alfred A. Knopf. 1979. p. 616).
Carcomido el tiempo. Nasser se vio envuelto en el pecado de las palabras que lo arrastraron al tufo de una guerra no querida. El propio Menahem Beguin (quien fuera terrorista del Irgun) lo reconoció: «Las concentraciones del ejército egipcio en el Sinaí no demuestran que realmente Nasser fuera a atacarnos. Debemos ser honestos con nosotros mismos. Decidimos atacarlo nosotros». (New York Times. 21/8/1982).
Con clímax de guerra. El presidente Johnson envío la VI Flota al Mediterráneo para evitar una posible intervención soviética y «en secreto autorizó el transporte aéreo a Israel de municiones, armas y vehículos acorazados», además de los aviones A-4 Skyhawk y tanques Sherman. («Israel and the American National Interest», Cheryl A. Rubenberg, Univ. Illinois Press. 1986).
El premier Levi Eshkol, su ministro de Defensa Moshe Dayan y el jefe de Estado Mayor, Yizthak Rabin, acabaron con la tensión y lanzaron la «Operación Foco». El 5 de junio de 1967 a las 7.45 horas, la Fuerza Aérea israelí, al mando de quien fuera un terrorista sionista del Palmaj, Mordejai Hod, en sólo tres horas demolió 13 bases, 23 estaciones de radar y casi 350 aviones de guerra egipcios en tierra.
En menos de una semana los generales sionistas Ariel Sharon, Israel Tal y Abraham Yoffe borraron el sueño de libertad palestino. El 5/6 colapsaron las fuerzas egipcias e Israel ocupó el espacio aéreo. Entre el 6 y el 7 de junio ocuparon Gaza, el restante territorio palestino y el general sionista Motta Gur ocupó Jerusalén (total 22%). El 8/6 ocuparon el Canal de Suez, obligando a El Cairo a capitular. El 9/6 atacaron Siria y ocuparon el Golán hasta la ciudad de Kuneitra. El 10/6, tras el control de los territorios ocupados a las 18.30 horas pusieron fin a la guerra, para agradar a Estados Unidos.
Las secuelas para Palestina fueron fatales. Además de perder el resto de su patria y su capital Jerusalén, «en el curso de la guerra desplazaron de sus hogares a 325.000 refugiados palestinos, obligados al exilio». (UN, CG, Relief and Works Agency for Palestine Refugees in the Near East, A/6713, 30/6/67).
La historia de las traiciones se repitió con el mariscal Abdel Hakim Amer, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas egipcias, mano derecha y cuñado de Nasser. Su traición fue clave para el fugaz éxito militar israelí. Cumpliendo prisión para ser juzgado, Amer apareció muerto. Si bien se habló de un suicidio, Nasser le hizo pagar su felonía (15/9/1967).
De inmediato comenzaron la judaización de Jerusalén. «En adyacencia al muro occidental de Al Mughrabi, en la Vieja Ciudad de Jerusalén, echaron a los palestinos y demolieron sus casas para construir el actual barrio judío»… «Destruyeron decenas de aldeas palestinas y sus habitantes fueron expulsados…» («La política de la negación», Nur Masalha, 2004)
Con perversión. La potencia ocupante anexó ilegalmente al sector Este de Jerusalén, unificando la ciudad con la parte ocupada en 1948 (23/6/67). La ONU aprobó entre junio y julio del 67 las resoluciones la 2.252-B, la 2.253 ES-V, la 2.254 y la 242 (22/11/67), deplorando la ocupación de Jerusalén y exigiendo la retirada israelí a la línea
del 4/6/67. Desafiante. El 30/7/1980, Israel convirtió a Jerusalén en su capital. La ONU lo «consideró una violación al derecho internacional, exigió no modificar el status y pidió a los países no reconocerla capital israelí» (resol. 478, 20/8/80).
Con impunidad, el vicepremier sionista Ygal Allon (comandante terrorista del Palmaj, 1941), llamó a «anexar las dos terceras partes palestinas y edificar 30 asentamientos judíos como cordón de seguridad» (julio de 1967). Durante estos 42 años de ocupación, Israel construyó 220 asentamientos ilegales, cobijando 400 mil colonos israelíes. Condenados por la ONU. Para el ultraderechista rabino Shlomo Goren, «El mandato para colonizar la tierra de ‘Israel’ (Palestina) es más importante que todos los Mandamientos» (Los Angeles Times, 3/1/1994).
La dolorosa experiencia palestina regeneró su propia lucha. El comandante Yasser Arafat recuperó democráticamente la conducción de la OLP (17/7/67). Israel los acusó de terroristas y consideró un nuevo casus belli.
Embebidas de soberbia tras haber vencido en seis días a cuatro ejércitos árabes, las fuerzas israelíes decidieron ponerle fin a la OLP en la aldea jordana de Al Karameh. Inesperado. El ejército de ocupación fue derrotado por la resistencia palestina. Luego de tres días de encarnizados combates obligaron al ejército invencible de Moshe Dayan a huir vencido y abandonar su armamento pesado (21/3/1968). La potencia ocupante por primera vez saboreó la derrota.
El dolor por la pérdida de la patria, un flagelo hasta nuestros días, y la lección de la ‘batalla de Al Karameh’ sellaron la determinación palestina, que se repitió con la Intifada (levantamiento popular) de 1976, 1987, 2000 y 2009 en Gaza. Fue y será la decisión del pueblo palestino de luchar hasta la restitución de su Estado de Palestina con Jerusalén como capital y el recupero de su legitimidad de 1948 y 1967.
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