Ministra del Interior dice no a Himno de Umbanda
Fuimos notificados por el Ministerio del Interior el 25/5/09 de la resolución sobre trámite iniciado en febrero, anunciándonos la negativa a que la Banda Musical de Jefatura de Policía de Montevideo interpretara el Himno de la religión Umbanda en homenaje a San Jorge; para nosotros Ogum en el sincretismo; el guerrero protector celebrado cada 23 de abril. En la cosmogonía afroumbandista el Orixá-Santo es militar, hombre armado por su pueblo para dar respaldo y tranquilidad, defensor del bien contra el mal, de ahí la asociación con soldados o policías. No es la primera vez que les convocamos desde la Federación IFA y Atabaque: en 2002 durante el gobierno de Batlle, actuaron en Plaza Independencia abriendo acto en honor a Artigas y a Ogun-San Jorge, donde el Cuerpo de Blandengues colocó nuestra ofrenda floral al pie del monumento al prócer. En esa oportunidad interpretaron el Himno Nacional. Ahora la jerarquía del Ministerio nos niega la actuación de la Banda para tocar el Himno de Umbanda.
No creemos que se violente la laicidad del Estado por esto sino todo lo contrario, pero tristemente es lo que alegan, y nos parece una interpretación exagerada ausente en otros casos oficiales.
Por ejemplo; El Museo Militar muestra a San Jorge y otros santos cristianos como patronos de diferentes armas. En Internet la página de la Escuela de Músicos del Ejército (//www.ejercito.mil.uy/armas/infanteria/bi3/B.I.N%C2%BA.3.%20Salto_08.htm) cuenta historia y milagros de San Miguel Arcángel, santo de la Infantería, de Santa Cecilia y San Lorenzo.
El 25/3/09 la Administración Nacional de Educación Pública y el Codicen dictaron resolución determinando excepciones al dictado de clases, cómputo de faltas y toma de exámenes, con el fin de «promover derechos de estudiantes que profesan credos diferentes al dominante en nuestra sociedad» y así, «accedan al libre ejercicio de sus tradiciones» basados en «…laicidad como contemplación para exteriorizar celebraciones que hacen a la libertad religiosa, nunca como instrumento de limitación». La laicidad, continúa, «debe promover el respeto de todas las prácticas religiosas en un plano de igualdad, así como el derecho de no tener religión alguna.» En los hechos hay una religión dominante y es el orden estatal el único capaz de diferenciar para igualar como en este caso.
Es imperioso que se respete la normativa básica que garantiza a los habitantes de un país el disfrute de los derechos sociales y culturales imprescindibles para la paz y el desarrollo. La libertad de culto es un derecho humano fundamental y no debería ser librada a su suerte sino garantizada por el Estado.
El concepto de «Estado laico» concebido según la cartera del Interior no es laico sino ateo al rechazar colaborar, porque propende a la negación de la existencia y expresión de la población creyente. Cuando la Banda musical de la Jefatura de Policía de Montevideo interpreta temas populares profanos, o sea no religiosos, atiende sólo el perfil de ateos o agnósticos. La libertad de culto practicada en una sociedad ideal supondría el disfrute de la diversidad cultural y por ende religiosa en aquellos ámbitos y menesteres en que la ciudadanía lo requiera. La Policía es un ministerio a la comunidad y cumpliría su deber atendiendo la solicitud de los umbandistas al interpretar musicalmente un himno espiritual, coherente con su vocación de servidores públicos de vocación artística. Los impuestos que subvencionan dicha orquesta los pagan también los ciudadanos religiosos en tanto la disfrutan fundamentalmente los no religiosos. No debería entonces haber bandas musicales oficiales porque hay más de un 80% de creyentes de distintas vertientes en Uruguay y éstas trabajan sólo para menos de 20% de no creyentes cuando ejecutan música no religiosa, como es habitual.
Si se perdiera la laicidad porque la Banda Policial toque el himno de Umbanda, ¿qué perdimos entonces cuando nos atravesaron la cruz del Papa y su estatua en el medio de la capital? El asunto es si existe libertad de culto en nuestro país, si es un enunciado solamente o puedo hacer uso real de ella. En un Estado democrático los derechos se ejercen, no se argumentan como quien solicita una gracia. Tenemos necesidad de manifestarnos para que los hechos reflejen la pluralidad religiosa local, de lo contrario se sabrá que existen sólo las confesiones que tienen presencia social basadas en su poderío económico. El relacionamiento del Estado con los derechos de las minorías religiosas que coinciden con las culturales debería ser especialmente cuidadoso, pues hay expresiones que corren riesgo de desaparecer si no se preserva adecuadamente su identidad, máxime por soportar el acoso mediático satanizante de los Pare de Sufrir.
Esperamos y deseamos que revean su decisión. El Frente Amplio siempre sostuvo que la libre competencia genera desigualdades. Es urgente incluir estrategias que apunten a revertir esas desigualdades. Una política de democracia equitativa es aquella que impulsa criterios que modifican las pautas culturales dominantes. Si partimos desde la desventaja estructural, vamos hacia la discriminación negativa. Hay convenios internacionales a propósito de ello y se olvida que se suscribieron. Son necesarias acciones afirmativas para salvar diferencias históricas hablando de la religiosidad proveniente de africanos e indígenas.
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