Los trabajadores, los empresarios y las elecciones
Cuando se acerca la fecha electoral y más aún, cuando como en los próximos comicios hay dos alternativas muy diferentes y claras en competencia, toda la sociedad comienza a expresarse y por vías diversas.
En este mismo espacio se rechazaron los señalamientos que por lo virulentos parecían dignos de la Inquisición, realizados por la derecha, en su diversidad de expresiones: política, empresarial y mediática, contra la posición asumida por el PIT-CNT el 1° de mayo.
Llama mucho la atención, que los tan celosos defensores de la independencia gremial y el no alineamiento político, tomen con absoluta naturalidad y hasta aplaudan entusiastamente los pronunciamientos realizados por los máximos exponentes de la Federación Rural en su reciente Congreso.
Parece que los empresarios y productores, empresarios al fin, sí tienen derecho a expresar sus opiniones y alinearse políticamente, pero los trabajadores no. Curiosa manera de concebir la sociedad pero muy esclarecedora.
No se debe cuestionar entonces que las autoridades de la Federación Rural se coloquen claramente en la oposición, lo que no impide señalarlo con claridad y sin eufemismos y menos aún, estar de acuerdo con todos los argumentos expresados. En el Congreso de la Federación Rural hubo dos niveles de críticas. Uno sobre lo referido a las políticas del gobierno para el campo, en particular las medidas adoptadas por el gobierno ante la sequía y también ante la suba injustificada del precio de la carne.
Lo llamativo es que las criticas fueron generalizadas, es decir cuestionando todas las políticas y afirmando textualmente que «no han servido para nada». Parece al menos exagerado decir que una batería de 32 medidas que incluyen la declaración de Emergencia Agropecuaria, subsidios a la producción lechera, distribución de forraje, exoneraciones fiscales y la utilización de un fondo de asistencia que antes ni siquiera existía es algo «insignificante». Huele a crítica electoral, casi a alineación partidaria, pero les asiste derecho, lo que no quiere decir que tengan razón.
También es al menos extraño que sobre el tema de la carne la crítica haya sido a la intervención del Estado para que los frigoríficos no aumenten sin justificación el precio que pagan los uruguayos.
Octacilio Echenagusía, presidente de la Federación Rural, calificó de «intento exagerado» del gobierno que este presionara al sector cárnico, «tal vez un poco preocupado por los riesgos de inflación». A renglón seguido explicitó con claridad su concepción sobre la participación del Estado en la economía: «Lo que tiene que hacer es ayudar cuando las cosas están complicadas, sostener, pero no meterse en el funcionamiento del mercado». Es decir, ayuda cuando las cosas no andan todo lo bien que se quiere, pero cuando andan bien, dejarnos hacer plata tranquilos y no meterse. Toda una definición filosófica y programática. Esta concepción se hizo más diáfana en el otro nivel de críticas, que fue por decirlo, suave, un tanto más complejo. Echenagusía fustigó el Plan de Equidad, sobre el que dijo: «Seguramente mucha gente lo precisa. Pero nos preocupan los niños y jóvenes, a quienes podríamos llamar hijos del Plan de Emergencia, porque están en un núcleo de familia donde sus padres no trabajan pero reciben ingresos. Hay que estar atentos para no caer en el peligro de fomentar el ocio y la vagancia, algo totalmente pernicioso para el futuro del país que queremos y anhelamos».
No se quedó allí y también la emprendió contra el Plan Ceibal: «No hay que limitarse solamente a enseñar, con el riesgo de producir entes electrónicos adictos a Internet».
Lo que no dijo Echenagusía fue si lo que propone es seguir como hasta 2004 con un millón de pobres y sin atención, con la declinación de la Escuela Pública y cientos de miles de niños condenados al analfabetismo funcional en un mundo que avanza hacia la informática.
Tampoco dijo nada acerca de que el Plan de Equidad, lejos de fomentar el ocio y la vagancia, establece contrapartidas, como la obligatoriedad de la educación para los niños de las familias beneficiadas y también su atención en salud.
Tampoco dijo nada, llamativamente, sobre que por primera vez en la historia los trabajadores rurales tienen Consejos de Salarios y hayan arribado por fin a la ley de ocho horas, más de un siglo después que el resto de los trabajadores uruguayos. ¿Será que para Echenagusía «el campo» son sólo los empresarios? El PIT-CNT reclamó que la crisis no la paguen los trabajadores y los pobres; Echenagusía, presidente de la Federación Rural, reclamó exactamente lo contrario.
Conviene tenerlo claro. Mas cuando la Cámara de Comercio acaba de designar presidente a Alfonso Varela, ex ministro de Jorge Batlle. La derecha parece dispuesta a poner toda la carne en el asador para recuperar la gestión del Estado como espacio de poder para su proyecto. Va a hacerle jugar su papel a los agrupamientos empresariales.
Es parte del juego. Pero debe ser explícito para que todos podamos juzgarlo con más claridad y sin trampas. Así están las cosas.
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