La seguridad y la izquierda

Las elecciones y la dialéctica progresista

El Partido Colorado reclama «tolerancia 0″ contra la delincuencia. Lacalle expone el eje de su campaña: «Tenemos derecho a vivir sin miedo» o «Merecemos un país más seguro. Hagámoslo». Por supuesto que no se refieren a la delincuencia de guante blanco, por la que tienen varios procesados. Mientras crece el número de quienes culpan al gobierno, la izquierda rehuye los análisis de clase, teme aplicar mano dura, responde mal a la derecha, pero critica a Mujica por afirmar que a los drogadictos de pasta base no se les debe dejar en libertad para que se autodestruyan y destruyan a otros, opinión compartida por algunos psiquiatras.

Uruguay está muy bien evaluado en la región en materia de seguridad, lo que no hemos sabido destacar. Pero la sucesión de hechos delictivos preocupa. Aunque la causalidad es múltiple, lo principal es de fácil aprehensión. Desde que, hacia fines de los 50, el FMI impuso sus cartas de intención iniciando el proceso de reversión industrial, los desocupados y semi ocupados se han acrecentado. Las víctimas han sido las familias proletarias o de pequeños propietarios sumergidas en la marginalidad. Esa marginalidad lleva generaciones y cada una de ellas se ha visto alejada más de los valores que concede el trabajo como sustento de vida. Los jóvenes que ni trabajan ni estudian son demasiados y en esa juventud ociosa ­sin la mentalidad solidaria de la clase trabajadora y sin las posibilidades de consumo estimuladas por todos los medios­ se crean las condiciones explosivas para el incremento de la delincuencia. Las víctimas del sistema se vuelven victimarios de compatriotas, que en su inmensa mayoría son trabajadores. Pero esas víctimas-victimarios no son los únicos: otros son jóvenes no marginales, pero alienados por la televisión chatarra, ciertos videojuegos y otros medios difusores de antivalores.

¿Uruguay es distinto? ¿Hacia dónde se encamina el sistema capitalista? ¿Hacia dónde México, Colombia, Brasil, sin olvidar a Francia, Alemania o EEUU? Hacia la agudización de la pobreza absoluta, la marginalidad y la alienación. En Brasil el crimen organizado controla favelas donde viven millones de personas y donde el Estado se presenta mediante incursiones policiales violentas, pues a la policía se la entrena para reprimir a las «clases infames» y de hecho, ha instituido la pena de muerte. La reacción de los ricos consiste en aislarse en barrios amurallados, con milicias privadas y desplazarse en coches blindados o helicópteros. San Pablo es la segunda ciudad del mundo en tenencia de helicópteros. Inspirada en ella, la derecha uruguaya en vez de una computadora por niño quizás ofrezca un helicóptero por rico. Mientras tanto no hay conciencia de clase para exigir otras soluciones que no sean más policías, bajar la edad de imputabilidad, penas más duras y más control sobre la población pobre. Pero la seguridad no es sólo una cuestión represiva: ante todo, es ideológica.

¿Qué hacer desde nuestra óptica? Mejorar las condiciones de empleo, de salud, de vivienda, sobre todo de educación, labor ya iniciada por este gobierno; pero esa tarea fundamental es insuficiente. Para garantizar la seguridad hay que ejercer la autoridad. La metodología adecuada supone que quien la ejerce propone pautas, la ciudadanía discute y corrige y luego se sella un compromiso colectivo para su aplicación. La «mano firme» es un atributo del mando. Cuanto más firme ­y la firmeza se asiente en sólidos acuerdos­ decrecen las posibilidades de la «mano dura». Pero cuando esta deba emplearse hay que hacerlo con el pueblo apoyando con sus organizaciones y participación. Deberá haber en base a nuestros valores, tolerancia 0.

Tolerancia 0 a los propagadores de la violencia, de la chabacanería, del machismo, de la discriminación, del sexo-mercancía, como se ha aplicado con el tabaquismo. Los medios de comunicación tienen que ser regulados y así como no pueden propagar el suicidio no deben propagar esos antivalores. Y deben ser estimulados u obligados a difundir programas educativos, democráticos, solidarios, aunque clamen por la «libertad de prensa» para lucrar mejor. Lo mismo sucede con algunos videojuegos, convertidos en expresión de contenidos groseros y violentos. Tolerancia 0 a las mafias del delito (droga, proxenetismo, corrupción, etc.), a los estafadores de la gran banca, a las empresas que degradan el ambiente, etc.

Al tiempo que el gobierno de una izquierda firme y dura no vacile en aplicar mano firme o dura contra esos intereses, tampoco vacilará en aplicar la tolerancia 0 contra los funcionarios corruptos y negligentes, las instituciones que no controlan a sus barras bravas, la violencia en las cárceles y los centros de internación de menores, e incluso en escuelas y liceos, etc. Y como para todas esas medidas se necesitará mucho dinero, el Estado no podrá pagar su abultada deuda externa y destinar el sobrante al Presupuesto Nacional. Habrá que auditarla y tener tolerancia 0 para los acreedores estafadores. En síntesis: gobierno fuerte y Estado al servicio de las clases populares, con nueva Constitución y códigos apropiados, que no toleren ninguna delincuencia.

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