El Congreso de la Federación Rural

El sábado pasado se desarrolló en Soriano el Congreso Anual de la Federación Rural (FR), que, en lo previo, no tuvo casi repercusión. Tampoco lo tuvo en su realización propiamente dicha; apenas se informaba del mismo a la gente más allegada a las gremiales federadas, pero lejos estuvo de ser un Congreso instalado en la sociedad.

Uno debe preguntarse el porqué; pienso que el desinterés por el mismo se debió al bajo aporte que están haciendo los actuales directivos de la FR a la solución de los reales problemas del sector, como por ejemplo la sequía y, por otro, a que desde hace un tiempo se han centrado junto a alguna gremial lechera en atacar sistemáticamente al gobierno con un cúmulo de críticas atemporales, las mismas que en general se hacen sin preocuparse si se corresponden con la realidad. Creo que su resolución final y el discurso de su presidente fueron el súmmum de esto. El discurso del Sr. Echenagucia (presidente de la FR) parecía un mal discurso político de la oposición en la actual campaña electoral.

En él no se plantearon los temas del desarrollo agropecuario, los temas de la tecnología, de cómo aunar esfuerzos para adaptar los sistemas productivos al cambio climático, de cómo encarar políticas públicas para fortalecer el enfoque de cadena en los diferentes sectores productivos, en particular el de la carne, tan necesario frente a la actual situación de sequía. Sobre este aspecto tuvo posturas contradictorias, ya que a su criterio el Estado no debe participar en ningún tipo de regulación. ¿Qué pasa si el invierno viene duro y hay que sacrificar miles de vacas en las zonas de sequía? ¿Se dejará a los productores librados a la buena voluntad de la industria? Sobre estos temas no hubo respuestas.

Sí hubo abundantes referencias a las políticas sociales del gobierno, desde el Plan de Emergencia y de Equidad hasta el Plan Ceibal, y todas para criticar lo hecho. Les preocupa más el gasto público que 45 mil compatriotas hayan salido de la indigencia, o que 300.000 hayan superado el límite de la pobreza en los últimos cuatro años. Al Plan Ceibal no se animó a criticarlo totalmente, pero hubiera deseado que fuera más baratito, que con una computadora por familia ya daba. ¿Qué tanto necesitan los gurises pobres tener una cada uno y qué tanto necesitan tanta preparación tecnológica? Me recordó a algún dirigente rural que llegó a decir que para curar una bichera no se necesita saber computación. No se animaron a decir que había que parar con las operaciones de ojos porque eran muy caras.

Por supuesto que criticaron el reparto de ración y semilla que el MGAP realiza a los pequeños productores por la sequía y el subsidio a los tamberos pequeños y medianos; esto es entendible, porque allí no estaban los productores chicos, allí no estaban los pobres del campo a los que sí me consta que les viene muy bien el apoyo que reciben con estas medidas. Finalmente, algo sobre el país productivo; de 2004 a 2008 el PBI creció a una tasa de 8,8% anual, récord de los últimos años, habiendo llegado al 16,6% entre junio de 2007 junio de 2008; el PBI agropecuario creció más de 45% en 4 años. Las ventas de fertilizantes se multiplicaron por 10, la venta de tractores pasó de 50 por año en 2002 a más de 1.000 el año pasado y, por si estos indicadores fueran poco, los asalariados rurales aportantes al BPS crecieron en más de 20 mil en los últimos cuatro años, y no hablo del crecimiento de las exportaciones del sector ni de las miles de viviendas que construyó Mevir.

Quizá por muchas de estas cosas es que la prédica de los actuales dirigentes de la Federación Rural no se hace carne en los productores rurales. Parecen estar más preocupados en que el Frente Amplio salga del gobierno que en los problemas gremiales del sector.

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