El proyecto nuclear iraní
El gobierno de Irán insiste en que su proyecto nuclear tiene fines pacíficos pero hay razones sobradas para ponerlo en tela de juicio.
El régimen allí imperante desde 1979 es el resultado de una revolución teocrática, sometida a la ley del Islam, ley que no emana del pueblo sino directamente de Dios y de su voluntad divina, la cual se expresa a través de la ley coránica, eterna e inmutable.
De acuerdo a la misma, es lícito hacer la guerra contra los infieles judíos y cristianos y también contra otro tipo de enemigos apóstatas, rebeldes y bandidos pero sólo la guerra contra los infieles y los apóstatas cuenta como «yihad» (guerra santa) o sea como obligación religiosa.
En la tradición musulmana, el mundo se divide en dos casas: la Casa del Islam, en la que prevalece la ley y el gobierno musulmán, y la Casa de la Guerra, o sea el resto del mundo, dominado por infieles. El deber de la yihad continuará, interrumpido sólo por treguas, hasta que el mundo abrace la fe musulmana o se someta al dominio musulmán Esta es la esencia de la ideología islamista y el régimen de Irán su ejemplo emblemático.
Aún teniendo como creen a Dios de su lado, tamaño proyecto requiere un poderío bélico acorde.
Hace más de veinte años, en el contexto de una estrategia de mutua disuasión nuclear con la India, que ya tenía la bomba atómica desde antes, Pakistán pasó a ser el único país islámico en disponer de armamento nuclear.
Figura clave de la bomba pakistaní fue el Sultán Bashiruddin Mahmood, presidente de la Comisión de Energía Atómica y experto en métodos de enriquecimiento de uranio quien, además, profesa la ideología islamista. Las ideologías totalitarias tienen su dinámica y cuando creen llegada su hora se convierten en fuerzas devastadoras por lo que no es de extrañar que dicho Sultán sostuviera que las armas nucleares debían propagarse a otros países musulmanes ninguno de los cuales dicho sea de paso tienen problemas con la India.
En otras palabras, la circunstancia de tratarse de un país musulmán, yo, más cautelosamente, diría país islamista de por sí justifica la tenencia de un arsenal nuclear: -¿Por qué?. La explicación más plausible radica en que su ideología de guerra y conquista torna casi indispensable contar con ese tipo de armamento.
Esa es la razón básica de la persistente obsesión de la Revolución Iraní por su proyecto nuclear. No empezó con Ahmadinejad ni terminará con él. El propio Jomeini estableció la pauta cuando manifestó que no se oponía «a que se creen instalaciones atómicas» y, con una u otra variante, fue un tema recurrente de sus sucesores. Alí Akbar Hashemi Rafsanjani, quien fuera presidente de Irán, pronunció estas escalofriantes palabras: » La utilización de una bomba nuclear contra Israel no dejará nada sobre su superficie mientras que al mundo del Islam sólo le ocasionará daños».
Al igual que otras dictaduras están convencidos de la falta de determinación de Occidente, creencia reforzada por el tipo de sanciones -algunas francamente innocuas– que cada tanto les impone la comunidad internacional. Esto, por añadidura, fortalece la creencia islamista de que si bien el Islam no le teme a nadie todo el mundo les tiene miedo. Deberían recordar que otros totalitarismos tambien incurrieron en el error de subestimar a Occidente llegada la hora de enfrentar una situación límite y lo pagaron caro.-
Pero como por el momento no es el caso, están dispuestos a continuar este carrusel diplomático y seguir negociando con el Consejo de Seguridad de las N.U. o con quien fuere, hasta el día del Juicio Final, siempre y cuando que puedan proseguir simultáneamente con su programa nuclear mientras proclaman a los cuatro vientos que el mismo tiene objetivos exclusivamente pacíficos.-
Si Ud. les cree, no tiene motivo para preocuparse.-
Yo no les creo. Por eso estoy preocupado.
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