¡Otro golazo!
Eduardo Galeano nos ilustra acerca del niño que acompañado de su padre descubrió el inmenso mar. Era tanta su hermosura que cuando consiguió hablar, le pidió, tartamudeando: ¡Ayudame a mirar!
Desde mi juventud voy al Solís. He visto y oído los más diversos géneros, estilos e intérpretes. En música clásica, a los auténticamente grandes.
El martes 28 de abril se presentó el programa gubernamental Un gol al Futuro. Cuando volví a mi casa, hice lo que nunca: ponerme a escribir esta nota. Estando conmovido, quise trasmitirlo de inmediato. Reflejando mi estado, diría que al relato de Eduardo habría que añadirle: ¡Ayúdenme a escuchar! No sólo la música, sino las intervenciones que sobre el deporte realizaron especialistas, culminando con la del Presidente de la República.
¿En el Solís, mezclados la música y el deporte? Recordemos que hace aproximadamente dos años el PITCNT invitaba al concierto de tango, murga y candombe al inaugurar su Congreso. Inusual para este tipo de eventos, que tradicionalmente se hacen en el Palacio Peñarol, El Platense o AEBU. ¿Por qué no el deporte? Nuevos tiempos.
Fue realmente impactante ver a chiquilines de 7 u 8 hasta 20 años aproximadamente, vestidos todos con la gloriosa celeste, interpretando la mal denominada música clásica, término que se contrapone peyorativamente por un modelo de cultura elitista, a la llamada popular. Como si la primera no pudiera serlo, o «La Cumparsita» y Piazzolla ya no fueran clásicos imborrables. Un día le preguntaron al inolvidable Fred Astaire qué opinaba de Carlos Gardel, ese cantor que interpretaba música popular, a lo que contestó: la única división en música es si es buena o mala.
En la actuación de los chiquilines reinaba el humor: levantaban sus cuerpos, pies y brazos, al tiempo que gritaban, ¡marcando ritmos clásicos con humor y desenfado! Rompían estereotipos en complicidad con el director Federico García Vigil. Finalmente el deporte. Noble actividad que forma parte de un gigantesco colectivo humano, donde caben muchas cosas que fueron expresadas en los discursos que se fueron sucediendo. Haciendo Un gol al Futuro, más bien yo diría ¡un golazo!, es un programa en el que el Estado dará apoyo a más de 20 instituciones, a efectos de promover y desarrollar políticas deportivas, sanitarias, educativas, esto es: integrales, tal cual corresponde a los derechos humanos. Todo ello para promover la formación de ciudadanía consciente, educada. En definitiva: concretar que los orientales sean tan ilustrados como valientes.
Y no significa pensar en triunfos, nuevos maracanazos o similares. Si vienen, mucho mejor. Pero sin duda lo que surgirá será una notable mejoría en la calidad de la sociedad y del deporte.
Y ¡cuándo no! De inmediato surgieron los agoreros, los que todo lo quieren para hoy, ignorando que el camino es largo. Todo esto es teoría, dicen. ¿No saben lo que es una utopía, esa que está en el horizonte, a la que nos acercamos dos pasos y se nos aleja otros tantos, y que precisamente para eso sirve, para caminar?
La jornada resultó un espectáculo inolvidablemente emotivo. Estaba la mayoría del espectro deportivo del país, de todas las actividades y corrientes filosóficas y políticas. No son demasiadas las veces que el Solís vibra de la manera como lo hizo al finalizar la participación musical de los chiquilines.
Quién imaginaría que 153 años después de inaugurado el Solís (según el argentino Miguel Cané, no había ningún teatro igual en América del Sur), un montón de niños vestidos con la camiseta celeste, con enorme desenfado rompieran con reglas protocolares de larga data.
Lo he repetido hasta el cansancio. Seguiré haciéndolo. ¿Cómo no ser optimistas en el futuro de nuestro país con estos ejemplos, a los que se agregan los planes Ceibal y Cardal, y el convenio entre el MTSS-MEC-ANEP sobre Trabajo Decente como elemento central de la sociedad, etcétera? Con estos golazos, imposible no serlo.
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