Lenguaje y viviendas
El secretario de vivienda de Estados Unidos, Alphonso Jackson, en la inauguración del Foro Urbano Mundial realizado en Vancouver en 2006 decía: «La propiedad de la vivienda hará más fuertes a nuestras ciudades, más seguras y prosperas, mi trabajo es concretar la visión del presidente Bush de una sociedad de propietarios por su capacidad de crear estabilidad, independencia financiera, libertad y hasta un mejor manejo del lenguaje» (recogido de Enrique Ortiz, HIC).
Esta concepción de propietarios es lisa y llanamente de propiciar propietarios individuales, cuentas individuales, gente desprotegida, fácil de amenazar, de ejecutar y si es en manos privadas mejor, con lanzamientos desde las comisarías sin juzgados de por medio, como hace hoy Macri gobernando Buenos Aires.
Viva la propiedad privada de los privilegiados, o sea de los que tienen la exclusividad, por encima de las necesidades de los privados del derecho a la vivienda, los pobres, las mayorías excluidas.
El lenguaje es el modo como cada cual se expresa y maneja; el de Jackson y Bush es silenciador, es enmudecedor, pues así quedó su pueblo al explotar la burbuja inmobiliaria y producir 10.000 desalojos mensuales.
Los países poderosos destinaron ya 1 billón de dólares para paliar este deseo de propietarios; el FMI administrará dos tercios de esta operación, cuestión que evidencia que desde donde salió la epidemia recetan antídotos.
Ya escuchamos muchos cuentos como para comprar otro; al lobo no se le puede decir que cuide a la abuelita y no somos caperucitas para recorrer otros caminos largos con canastas vacías.
Y en esta línea de pensamiento, ¿por casa cómo andamos?
Se actúa en la concepción de «soluciones habitacionales» sin aumentar el stock, sin inversión suficiente en viviendas nuevas, cuestión que ubica el promedio de alquileres muy por encima del salario mínimo.
Pero por casa lo peor sigue siendo el mismo de siempre, insistiendo con lo mismo de siempre. Lacalle más de lo mismo; en su programa de gobierno (páginas 60 y 61) propone «la receta Bush» para la vivienda en Uruguay, sí, eliminar los complejos de viviendas, volver a construir 30 mts2 y fomentar la vivienda individual y nada dice de los IAT truchos constituidos por cientos en su gobierno.
No olvidemos las empresas constructoras disfrazadas de institutos técnicos para evadir licitaciones y asegurarse adjudicaciones directas.
Sólo va al alma lo que sale del alma y según vive el hombre, así piensa.
Los rodeados y alabados por empresarios pensarán como ellos. Quienes vivan con los trabajadores compartiendo sus alegrías y sufrimientos pensarán y actuarán como estos, con dignidad y construyendo bien grande un «no pasarán los propietaristas».
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