Los 61 años más antiguos del mundo
Israel, con 61 años recién cumplidos, es uno de los países más jóvenes del mundo…con la historia más antigua en su haber. Es de hecho la versión moderna de soberanía nacional, de un Estado judío que existió milenios atrás y tuvo ya entonces a Jerusalén como capital.
Quienes se le oponen no como legítima discrepancia con políticas de su gobierno sino como rechazo a su existencia misma suelen presentar a Israel como un ente extraño y foráneo, llegado de afuera. Pero se trata de hecho del Estado creado por el pueblo original de su tierra, en el que numerosos nombres de sus localidades aparecen ya en las propias Sagradas Escrituras.
La gran frustración, claro está, es que no se ha logrado aún vivir en paz con el otro pueblo que también está aquí hace mucho tiempo, el pueblo árabe palestino. Ese es el mayor fracaso de Israel, que a los 61 años de edad todavía esté buscando lo que, según sostiene, es lo que más desea: vivir en calma y tranquilidad.
El problema original se remonta al 29 de noviembre de 1947, cuando la Asamblea General de la ONU votó en favor de la Partición de Palestina en un Estado árabe y uno judío. Los judíos aceptaron a pesar del pequeño territorio que le destinaba el plan y del hecho que gran parte del mismo era desierto. Los árabes rechazaron y se lanzaron a la guerra. De no ser por aquel error garrafal de sus líderes, hoy también los palestinos estarían celebrando 61 años de independencia, junto a los 61 de Israel.
Uno de los aspectos más notorios de Israel, al cumplir 61 años de antigua y joven edad, es el que su democracia se haya mantenido tan vigente y profunda a pesar del constante conflicto en el que vive. Sus diputados árabes le critican duramente, le tildan de racista y representan a su gente en el Parlamento de Israel.
Mientras las tensiones suelen ser los únicos temas de los titulares en la prensa internacional,en la vida diaria judíos y árabes, laicos y religiosos, ultraortodoxos , ateos, sabras nativos de Israel e inmigrantes llegados de todos los confines del globo, conviven con una normalidad hasta difícil a veces de captar. Los hospitales están repletos de pacientes árabes que reciben el mismo tratamiento que los judíos…dicho sea de paso, ricos y pobres accederán al mismo trato en los hospitales y podrán ser tratados con los mismos aparatos de avanzada.
El israelí despotricará como ninguno contra los altos impuestos que paga, estará dispuesto a llevar a su presidente a juicio por sospecha de violación y a tirar abajo a su primer ministro si es sospechoso de corrupción, pero está orgulloso de su país. Las últimas encuestas indican que el 84% de sus habitantes está satisfecho con la vida en Israel y un porcentaje mayor todavía quiere criar a sus hijos en él.
Israel vive muy consciente de su pasado, pero mirando hacia adelante. El recuerdo del Holocausto es un día de duelo nacional…que toca personalmente a muchos israelíes. Sobrevivientes de la Shoa y sus descendientes se destacaron en diferentes ámbitos de la vida nacional y aportaron a la creación del Estado. Y el enfoque es empujar hacia el progreso. Israel es un «Silicon Valley» de avances tecnológicos, está en la primera línea de la medicina y la ciencia y tiene una intensa vida cultural.
Junto a los conflictos y a lo que a menudo parece ser el insoluble problema con los palestinos, están los numerosos árabes, familias enteras, que compran y comen en los grandes centros comerciales israelíes, especialmente en Jerusalén. Nadie va con sus hijos a un lugar donde cree que correrán peligro, que los atacará la mayoría judía porque «se ve» que son árabes.
Cuando alguien llega del exterior suele quedarse con la impresión de que el israelí es muy gritón, de que aquí todos hablan fuerte. Hay mucho de eso. Pero esa misma gente estuvo parada durante horas hace poco, en numerosos sitios en todo el país, haciendo fila para donar sangre para una niña enferma de cáncer cuyo caso había sido publicado por radio y televisión. Este impresionante y complejo mosaico es hoy el Estado de Israel.
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